Mascherano fue sangre, sudor y lágrimas

El mediocampista jugó parte del segundo tiempo con el rostro lastimado; sufrió por el penal que cometió y al final lloró emocionado.

28 Jun 2018
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HERIDAS DE GUERRA. Antes del Mundial, Mascherano se había definido como “un soldado que va directo a morir en su última batalla”. El martes, en la cancha, ratificó esos dichos: “estamos para pelear”. imagen captura de video

No hay mejor símbolo de lo que está siendo el Mundial para la selección argentina que el rostro ensangrentado de Javier Mascherano. A los 34 años, y en plena retirada, Mascherano sigue siendo un ícono de la “Albiceleste”, pese a las dudas que sembró en muchos su actuación en el agónico triunfo ante Nigeria, que dio a Argentina el pase a los octavos de final.

Mascherano ratificó lo que había anticipado un mes atrás, cuando dijo: “soy un soldado que va directo a morir en su última batalla”. Y pese a que muchos critican su rendimiento, a veces fallido, es el líder moral del equipo, y del que Jorge Sampaoli no puede prescindir en esta pelea por sobrevivir.

El propio Mascherano reconoció que si Argentina quedaba eliminada a causa del penal habría sido su peor final en la selección. Victor Moses convirtió penal y puso el 1-1 con el que Argentina quedaba eliminada en primera ronda. Pero llegó el gol de Marcos Rojo que selló el pasaje a los octavos, y salvó el pellejo de Mascherano. “Hubiera sido el peor final; y no por mí, sino por dejar a estos chicos fuera de su sueño”, dijo Mascherano, que ostenta el récord de 146 partidos jugados con la Selección.

Hasta entonces, el volante había cortado cuanta pelota se le había cruzado -muchas veces al borde de la falta-; pero fue perdiendo precisión, y su presencia quedó desdibujada hacia el final. No obstante, en momentos en que Argentina necesita sostener la recuperación anímica y moral que logró en las últimas horas -tras dos semanas de zozobra-, Mascherano no estaría en duda para Sampaoli.

Así como Lionel Messi es el referente futbolístico del equipo, Mascherano es el guía emocional, el que da la cara ante los medios cuando la situación resulta insostenible: hace autocrítica, y dispara verdades y condicionamientos.

Y el ejemplo más claro ocurrió días atrás, ante el riesgo de que Argentina volviera tempranamente a casa. El ex jugador de Barcelona admitió que los jugadores plantearon sus diferencias a Sampaoli, para no jugar incómodos ni ser hipócritas. Pidió volver a la mística del equipo subcampeón en Brasil 2014. Al día siguiente, y a la vista de todos, se sentó con el técnico antes de la práctica. Claro que no le gustó que la foto haya dado vuelta al mundo.

“Cuando hablamos lo hacemos para imponer; y si no lo hablamos se debe a que estamos peleados y no nos importa nada. Sólo me gustaría decir que cuando el objetivo y la camiseta que representamos es más grande que cualquier tipo de interpretación que se pueda hacer vamos todos juntos unidos por ese fin”, escribió, luego, en Instagram.

El técnico dejó de lado su intento por renovar el sistema y los nombres, y acató la apelación a los históricos, a los de experiencia, como afirmó Mascherano. Y los veteranos salieron a pelear la batalla con las botas puestas, sabiendo que deberían asumir tanto el costo de la derrota como el de un triunfo. “Queríamos nosotros mismos ver y demostrar de qué estábamos hechos. Y se vio hombres luchando en las dificultades”, remarcó Mascherano, con la clasificación en mano y luego de derramar lágrimas en medio del festejo.

El sábado, Argentina tiene un desafío mayor, ante Francia. Lo más probable es que Sampaoli no dude en volver a contar con Mascherano. “Estamos listos para pelear”, avisó el jugador.

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