Las líneas de crédito del FMI a las que podría acceder la Argentina

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El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y la titular del FMI, Christine Lagarde. FOTO TOMADA DE LANACION.COM.AR

Uno de los programas apunta a brindar "un respiro" mientras implementan políticas de ajuste.

08 May 2018

La Argentina se apresta a iniciar una nueva etapa en la relación controvertida que mantiene con el Fondo Monetario Internacional (FMI), en la búsqueda de un paraguas que le permita superar sin traumas la escalada internacional del dólar, y la suba de la cotización de la divisa estadounidense en el plano interno.

El FMI y la Argentina: idas y vueltas de una relación con vaivenes

Según destaca La Nación, el FMI tiene dos líneas de crédito que se ajustan a situaciones como la que atraviesa la Argentina:

- Una es la "línea de precaución" de los programas stand-by (SBA, según sus siglas en inglés), un programa destinado a brindar apoyo a países para dar "un respiro mientras implementan políticas de ajuste para restaurar la estabilidad económica y el crecimiento".

- Otra es la Línea de Crédito Flexible (FCL), que ya han utilizado dos países en la región, como Colombia y México. Es un programa para naciones que tienen fuertes pilares económicos, y un historial sólido, un requisito complicado de cumplir para la Argentina, que recién salió del default el año anterior.

Ni la Argentina ni el Fondo Monetario son los mismos que a los de fines de los 90. La Argentina cuenta ya con un programa de ajuste "gradualista" implementado por el presidente Mauricio Macri, el precio del dólar flota y la economía crece, no está hundida en una profunda recesión.

Elogios

Los técnicos del Fondo que trabajan con la Argentina elogiaron las reformas de Macri, aunque habían advertido ya sobre la vulnerabilidad del país ante un deterioro de la situación financiera internacional, algo que ya ocurrió. Nunca pidieron o exigieron algo distinto a lo que ya hacía el Gobierno. Respaldaron el gradualismo y el sendero de "consolidación fiscal", sin llegar a decir que era insuficiente. Eso, ya antes de que el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, "recalibrara" la meta del déficit fiscal para este año, del 3,2 al 2,7% del producto bruto interno (PBI).

A ese respaldo a Macri se suma un cambio que excede a la Argentina. Criticado por sus programas de ajuste que suelen acompañar a sus préstamos y por fallar en prevenir la crisis financiera global, el Fondo ha buscado flexibilizar un poco su visión dura en los últimos años, sin dejar de promover políticas en línea con lo que tradicionalmente se ha conocido como el "Consenso de Washington". Christine Lagarde, directora del FMI, suele poner el acento en los peligros, por ejemplo, de una creciente concentración de la riqueza.

En Washington y en Wall Street nunca vieron con malos ojos que la Argentina retornara al Fondo en busca de un "colchón" que le diera un respaldo adicional al gradualismo económico de Macri. Pero, a su vez, reconocían que ese retorno conllevaba, para el oficialismo, un riesgo político interno. Un riesgo que el Gobierno, apremiado ante una corrida que no logró controlar, decidió ahora asumir.

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