Ventana indiscreta

La gestión de Kirchner, entre dos fuegos. Se encara una misión para colocar soja en el norte de Africa. (Miguel Angel Rouco).

23 Mayo 2004
BUENOS AIRES.- Quien se asome por la ventana y observe qué es lo que ocurre en la Argentina, podrá ver una porción de lo que sucede en la aldea global. El sube y baja de los precios de los commodities del país permite evaluar hacia donde corre el mundo y cuál será el escenario en el que se tendrá que desenvolver el país, que se está en la bifurcación de un camino que la puede llevar, junto con el Mercosur, al ALCA o a la UE.
Este reacomodamiento de piezas planetario toma al país en el peor momento de su historia económica y por cierto, al PJ reinante, inmerso en un proceso de autodepuración. Nunca como antes, el partido regente muestra una marcada fragmentación que va más allá de lo ideológico y se instala en la proyección económica del país donde el peronismo debate también si toma el ALCA o la UE como referencia. Los viajes de Kirchner a EEUU apuntan al esquema de Washington. Un eventual acuerdo, UE-Mercosur encuentra a Eduardo Duhalde como piloto de operaciones. Con intereses divergentes los actores económicos cruzan entre los dos sectores sin tomar aún posiciones definidas. Cabe preguntarse cuáles son los sectores capaces de competir dentro del esquema del ALCA. La respuesta permitirá entender como se van a alinear cada uno de esos actores domésticos.
La crisis energética, la suba del petróleo y el replanteo del modelo sojero son el reflejo de estos movimientos. La configuración de estos factores en un mismo momento impacta de lleno sobre la salud económica de la Argentina.La crisis energética deja al descubierto que el perjuicio lo sufre el sector industrial y más allá de las apelaciones de las centrales empresarias, son los sectores beneficiados con la devaluación los que apuntan las responsabilidades de la crisis sobre la gestión "K". De allí que no sorprenda que ese sector haya armado un seminario en El Calafate para debatir la crisis y al que fueron invitados el ministro de Infraestructura, Julio De Vido, y su par de Economía, Roberto Lavagna. Este se excusó de ir y dejó a De Vido frente a frente con los sectores más críticos. Desde lo político, esta misma línea de pensamiento es esgrimida por Duhalde, José Manuel de la Sota y Carlos Reutemann para lanzar cargas punzantes contra el gobierno.El tema energético se entrelaza con el debate por la suba de los combustibles. La suba del gas-oil por parte de Shell y Esso rompiendo el acuerdo de precios, disparó la crisis, aunque enviaban otra señal. La multa a la norteamericana por un supuesto caso de contrabando encendió la luz de alerta. Desde los círculos diplomáticos se teje una estrategia discreta para no acorralar al gobierno. Al mismo tiempo, Shell y Esso lucharon por mantener el crudo en U$S 28,50 a nivel doméstico. Kirchner entendió el mensaje y contragolpeó. Hubo gestiones al más alto nivel de Estado. Repsol-YPF y Petrobras que tienen su producción integrada, pugnaban por transparentar el mercado. En esta puja también están divididos los políticos. Alguien crispó los nervios de Kirchner cuando le recordó que fue Duhalde quien aprobó la venta de Pecom a Petrobras.
El eje sojero es otro dolor de cabeza para Kirchner. La caída de los precios amenaza con restar ingresos fiscales, vía retenciones. Además la soja genéticamente modificada que se produce en el país no encuentra entrada en Europa. Para colmo, la UE sólo avaló el ingreso de una variedad de maíz modificado, un cultivo que aquí cedió espacio a la soja. De allí que el gobierno encare ahora una misión comercial para colocar la soja en los ricos mercados del norte de Africa.
El riesgo de una contracción económica es otra señal que causó malestar en la Casa Rosada. La caída del consumo está menguando la actividad económica y la crisis energética la acelerará. La persistencia del default conspira contra todo proceso de inversión y sin eso, la economía se paraliza. Las negociaciones que se avecinan con el FMI son otra fuente de preocupación para el gobierno. Desde Washington llegó un mensaje indeleble: no habrá waiver por la negociación con los acreedores ni por la coparticipación. Con estas asignaturas pendientes, un nuevo acuerdo con el FMI sería una quimera. Kirchner se dio cuenta de que este escenario era ideal para sus opositores y se vio encerrado entre dos fuegos. Lanzó zarpazos contra los gobernadores reclamándoles una nueva coparticipación y gastó el 70% del aumento de los recursos en gastos de consumo, dejando un fuerte compromiso presupuestario para el ejercicio venidero. El mensaje fue más que claro: no hay más dinero ni para los acreedores ni para los gobernadores, ni para las inversiones. (DyN)

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