La economía debe ser vista como una ciencia moral

Que los agentes que están dentro del sistema se comporten de una manera consistente no es lo único relevante.

23 Mayo 2004
(Por Hugo Ferullo, doctor en economía).
El pensamiento económico dominante considera que el conjunto de preferencias que los individuos buscan satisfacer a través de su participación en la vida económica se genera en el interior del sujeto, fuera del ámbito del intercambio económico. El economista busca desentenderse en su quehacer científico del conjunto de valores que definen la finalidad de la acción humana, para concentrarse en el valor de la eficiencia, tema en el que aparece como un reconocido experto. El economista se ubica así en el lugar de un observador axiológicamente neutro, que sólo se encarga de buscar una solución técnica al problema de maximización de la satisfacción de las preferencias individuales, asumidas éstas como criterio último de valor y protegidas de toda discusión pública. Sin embargo, no está para nada fuera del alcance de la economía discutir las influencias que el funcionamiento mismo del sistema económico tiene sobre la formación de las preferencias de la gente, ni debatir los valores implícitos que estas preferencias presuponen.
Por el contrario, participar de este debate constituye un deber insoslayable para el economista que desea participar activamente en la vida social de las democracias modernas. Esto no significa renunciar a la objetividad que todo saber científico debe buscar. La pretensión científica del saber económico es absolutamente lícita. Pero, como autores de la talla de Adam Smith, John M. Keynes y Amartya Sen se han encargado de mostrar, la economía puede ser considerada no un saber de tipo axiomático, dominado por principios universales, sino una ciencia moral.
Que los agentes que están dentro del sistema se comporten de una manera consistente no es lo único relevante para la economía, como pretenden afirmar los modelos construidos en el límite del formalismo. Aquí los teóricos de la economía permanecen encerrados en una discusión que sólo gira alrededor de la lógica interna de funcionamiento del modelo. Sobre la base de una lógica menos formal, el conocimiento económico se torna seguramente menos "perfecto", pero mucho más rico en contenido y, sobre todo, más cercano a los problemas concretos de la gente en las circunstancias especiales que le toca vivir. Son estas circunstancias las que definen el campo de la vida económica real, y el economista tiene siempre que situar su saber en el contexto específico de la sociedad que pretende servir con su ciencia.

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