“Abraham estuvo conmigo esa madrugada, pero no pongo las manos en el fuego por nadie”

El hombre que recibió la camioneta del sospechoso dijo que habían pactado su venta antes de que lo acusaran del homicidio de los policías.

17 Feb 2018
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EL NEGOCIO. Darío Correa maneja su negocio en su humilde casa del barrio Roca de la ciudad de Aguilares. la gaceta / foto de osvaldo ripoll

Son casi ocho horas en las que nadie sabe que hizo Máximo Alejandro Abraham, el sospechoso del crimen de los policías Sergio Páez González y Cristian Peralta ocurrido el martes a las 4.30. El joven estuvo en Aguilares hasta las 2.45 de ese día. Luego se trasladó a la capital tucumana en su camioneta Toyota Hilux y regresó al sur a las 10.30 de ese mismo día. Nadie, ni siquiera su defensor, informó qué hizo durante todo ese tiempo.

Durante su permanencia en la “Ciudad de las Avenidas” estuvo con Darío Rubén Correa (40 años), de la calle Alsina sin número del barrio Roca, dedicado a la compra y venta de automóviles y de motocicletas. En la vivienda de este hombre, que pesa alrededor de 200 kilos, se secuestró la camioneta en la que se habría movilizado el sospechoso el día que ocurrió el doble homicidio.

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“’Maxi’, al que lo conozco desde niño, llegó cerca de la medianoche del lunes porque me tenía que entregar un dinero de la camioneta que le vendí. Andaba paseando por esta ciudad porque quería divertirse. Después de un par de horas volvió a la capital. Y regresó al otro día a dejar la Toyota Hilux porque ya había decidido que yo se la vendiera lo más rápido posible. Quería comprarse otra nueva. Eso ya estaba pactado desde hace días”, comentó el vendedor.

Dudas

Correa ensaya una defensa a favor de Abraham, pero lo hizo de una manera muy prudente. “La verdad es que cuando llegó a dejarme la camioneta esa mañana no lo vi nervioso o inquieto. Estuvo como siempre, dicharachero y sonriente. Es por ese motivo que dudo que él haya sido quien mató a los dos policías en la capital. Tendría que haberse exhibido diferente a como se mostró ante todos nosotros”, apuntó.

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Sin embargo, el hombre advirtió: “aunque yo creo que él no fue, no pongo las manos en el fuego”. Es que Correa sabe que hay ocho horas sobre las cuales no puede responder acerca de lo que hizo Abraham.

“Sé que tiene problemas de adicciones, pero viene de una familia bien. Conocí a su abuela. De ella heredó los dos hoteles alojamientos. La verdad es que me sorprende sobre su posible participación en las muertes”, insistió en la charla que mantuvo con LA GACETA.

Irregularidades

El amigo del sospechoso señaló que Abraham, después de dejar su camioneta en Aguilares, regresó a la capital en un taxi rural luego de almorzar en su casa. Sin embargo, los investigadores creen que el joven se quedó escondido en esa ciudad hasta el miércoles a la noche o el jueves por la mañana. Al parecer, alguien le habría informado que la Policía lo había buscado en su casa del barrio La Ciudadela.

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El domicilio de Correa fue allanado el jueves por pedido de la fiscal Adriana Reinoso Cuello. Ahí le encontraron la camioneta de Abraham, un auto Audi con pedido de secuestro de la justicia de Capital Federal, y una motocicleta denunciada por robo.

“A la Toyota se la iba a lustrar y cambiar algunas partes porque, reitero, estaba a punto de ser vendida. Le íbamos a renovar el paragolpes, muy machucado, y por esa razón le sacamos la patente. Pero la tenemos a disposición de la justicia”, explicó el comerciante.

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Correa aseguró que el Audi tenía el motor roto y había sido dejado por un gitano conocido que andaba por la zona y le pidió que le cuidara unos días hasta que lo pudiera trasladar a un taller. “La moto me la dejó un albañil como garantía de pago de una deuda de $ 1.500 pesos que tenía conmigo. Todo lo que digo se puede comprobar”, aseguró el hombre.

Correa, quien vive en pareja y tiene un hijo, acusa un problema de obesidad mórbida, del cual está siendo tratado. El jefe de la Regional Sur, comisario general Félix Concha, dijo que hay un pedido de aprehensión que pesa sobre Correa que está a consideración de la justicia de Concepción. “Pensamos que hay un vínculo de ilícitos entre el vendedor y Abraham”, apuntó el alto oficial.

“La policía siempre me tiene en la mira. Pero nunca me van a encontrar en nada raro porque soy una persona que vivo de mi trabajo. Siempre estoy en mi casa, aquí permanezco siempre. Y siempre que puedo ayudar a la gente lo hago” se defendió Correa.

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