Bruno Salica: “todo lo que aprendí lo quiero contagiar a otros en Tucumán”

Es autor de murales en homenaje a Manuel Belgrano. También crea esculturas con dinosaurios. Una historia muy particular.

06 Dic 2017

Cuando cursaba la escuela primaria se pasaba casi todo el día dibujando. Pero también generaba problemas, junto a un grupo de amigos con los que había formado una bandita. En aquel tiempo, 1995, Bruno Salica tenía 10 años y su lenguaje era el de la violencia. Pero una maestra observó que el chico lograba concentrarse cada vez que empuñaba el lápiz, porque se abstraía de lo que pasaba a su alrededor. Un día, esa misma maestra le pidió que pintara un mural en la escuela. Así puso manos a la obra, durante una semana, y los ayudantes fueron los mismos integrantes de la banda. La maestra ganó en tranquilidad al tener a los chicos ocupados. Pasó el tiempo, Bruno siguió dibujando y el mural tuvo tanto éxito en la escuela que duró 11 años sin que nadie lo manchara. Era un paisaje con dinosaurios.

Bruno terminó la primaria y la maestra fue a visitar a los padres para darles un consejo: “si a su hijo no lo inscriben en la Escuela de Bellas Artes lo van a perder”, les dijo Graciela Campos. Ella enseñaba Plástica en la escuela 259 General Manuel Belgrano. Hoy en día, Bruno, con 32 años y dedicado de lleno a la pintura de arte en murales y a la escultura, agradece a aquella docente que no volvió a ver nunca más.

Al principio, en la Escuela de Bellas Artes a Bruno le costó entrar en tono con los compañeros de la clase. “Tenía 12 años y era todo muy distinto a lo que había vivido antes, en la primaria -recuerda-. Ya no había peleas y los docentes hablaban de otra manera, no había insultos, ni discriminación. Yo había estado acostumbrado a que algunos compañeros del grado entraban al aula con armas y apenas llegábamos a la escuela íbamos a buscar pelea porque era la manera de conseguir respeto”.

En Bellas Artes empezó a moldear su talento para la pintura. A pesar de su juventud, Salica tiene una vasta experiencia en murales. Ideó y pintó uno en homenaje a Manuel Belgrano; también hizo otro en tributo a The Beatles; y tantos más que se reparten entre algunos sitios emblemáticos de la ciudad y en barrios de la periferia.

Pronto Salica saltó las fronteras de Tucumán. Algunas de sus obras se exhiben en lugares como La Rioja, Jujuy y Río Gallegos, la lejana capital de Santa Cruz. A pesar de que no volvió a ver a aquella maestra de Plástica, guarda un eterno agradecimiento para ella. “Me enseñó lo básico, y lo más importante es que debe haber visto algo en mí para el dibujo y por eso me apoyó desde el primer día”, sostiene.

Un monumento

A su madre, María Antonia Córdoba, le gustaba la pintura, pero no se dedicó de manera profesional. Uno de los trabajos más relevantes que Bruno comenzó a esbozar es el “Monumento a la Batalla de Tucumán”, un bajo relieve de 40 metros de largo por cuatro metros de alto. Se trata de una escena de combate, con una enorme figura que representa la gesta histórica y en la que aparece Manuel Belgrano en medio de la lucha, en medio de cañones y soldados, rodeados por la imagen de la Virgen del Valle y coronado por una representación de la Libertad. “La idea es instalar ese monumento en una pared de la Escuela 259 Manuel Belgrano”, anticipó.

Sus primeros referentes del dibujo fueron Héctor Palacios, Arturo Soria e Ignacio Bazán Lazcano, entre otros. A pesar de las ofertas laborales que le llegaron del exterior su decisión es quedarse en su ciudad. “Todo lo que aprendí lo quiero contagiar a otros en Tucumán”, resalta.

Sobre su método de trabajo explica que trabaja sin proyector, ni cuadrículas. “Hago el boceto en una hoja; después voy marcando con una varilla larga que tiene un pincel en la punta: empiezo a trazar las referencias del dibujo. La siguiente etapa es armar los andamios para pintar los detalles; aprendí a laburar manualmente”, precisa.

En la esquina de Jujuy y Bolívar hay otro mural con Belgrano. “Me gusta sacarlo de la imagen clásica, lo hice como saliendo de la batalla. Tiene la ropa cortada, con notorias manchas de suciedad, de sangre -resalta-. Es más humano”.

“Sos boleta”

En 2014, Bruno entró a la cárcel de Villa Urquiza para pintar un mural. Era una tarea social de ayuda a los reclusos. Acompañado por dos guardiacárceles recorría los pasillos rumbo a uno de los pabellones. Iba a inspeccionar cuál era el muro más indicado para pintar. Pero en la mitad del trayecto se detuvo un instante sin decir nada. Se acercó sigiloso, por la espalda, a un joven que hablaba por un teléfono fijo, pegado a la pared. Bruno aprovechó para jugarle una broma. Lo tomó por sorpresa del brazo y le dijo: “ahora sos boleta”. El recluso se quedó paralizado con el tubo del teléfono en una oreja, mientras intentaba mirar de reojo quién era el atacante que tenía sobre la espalda. En un instante cambió la cara de susto por una sonrisa de alivio y se cruzaron un abrazo largo: “era uno de mis compañeros de la primaria; uno de los que me ayudaron a pintar el mural en la escuela Belgrano”.

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