Todas las voces se unen para alabar a Dios en un concierto multitudinario

El grupo mexicano Emanuel actúa mañana en Tucumán. Organiza la Pastoral Juvenil.

01 Dic 2017

Cuenta el Evangelio de San Lucas que cuando Jesús fue bautizado, mientras oraba, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre Él. De este dato del evangelista surge el nombre de Cielo Abierto, una organización mexicana de laicos católicos que buscan alabar a Dios a través de la música. Su centro es la Eucaristía. Y, alrededor, músicos y cantantes de todo el mundo unen sus voces en un megaconcierto, potenciado por una parafernalia de luces y equipos de sonido de última generación. Los conciertos se hacen en distintos países y congregan a miles de personas. Son absolutamente gratuitos.

Este megaconcierto se presentó por primera vez en Tucumán el año pasado, con la participación de más de 3.000 espectadores. Mañana volverá a reeditarse a partir de las 17, en el Club Defensores de Villa Luján. El grupo fue organizado por la Pastoral de Juventud de la Arquidiócesis de Tucumán. Las entradas se entregan en las parroquias Santo Cristo (avenida Santo Cristo 460, de Banda del Río Salí), Inmaculada Concepción (Alem 738, Tafí Viejo), San Pablo Apóstol (San Martín 238, San Pablo), San José (Camino del Perú 1351, Yerba Buena) y La Merced (24 de Septiembre 253). En esta última hoy habrá una adoración eucarística después de la misa de las 20.

Mañana se escucharán las voces del grupo Emanuel, de México, fundador de Cielo Abierto, de Athenas (finalista del concurso de Cantaniños), de Joan Carlo, dominicano que vive en Estados Unidos y de Carlos Castilla, de Venezuela.

Una larga historia

¿Cómo comenzó esto de alabar al Santísimo en conciertos masivos? El mexicano Juan González sonríe. Es una larga historia. “Éramos nueve hermanos y dos fallecieron. Desde niños participamos en un coro de la iglesia Sagrado Corazón de la Ciudad de México. Allí se formó el grupo Emanuel, que integrábamos mis hermanos Pedro y Gil y yo, en 1993. Nuestra misión era cantar a Dios a través de la música”, relata Juan, que vino a LA GACETA en compañía de su hermana Lula y de Osvaldo González. Su música abarca todos los géneros: rock, country, baladas, baladas pop y hasta vallenato.

La respuesta del público era increíble. “Nos llamaban de todos lados para cantar. Hasta que un día ocurrió una desgracia: mi hermano Gil, que tenía 22 años, sufrió un asalto. Lo golpearon en la cabeza y en todo el cuerpo. Después de ese hecho comenzó a sufrir convulsiones y luego le descubrieron un tumor terminal. Él ofreció todo ese dolor a Cristo Jesús y le pidió al Señor tres cosas. La primera era cantarle a Jesús hasta el último segundo de su vida. Fue allí cuando comenzó la misión del grupo apoyada por el sacerdote Daniel Gagnon.

“Señor, te ofrezco todo mi dolor por mis músicos, para que sean músicos de fuego”, fue el segundo pedido que le hizo Gil al Señor. “En ese momento no entendimos qué quiso decir. El tercer pedido fue acompañar a Jesús en su Pasión. Entonces mi hermano comenzó a sufrir terriblemente, y él decía que era lo mejor que le había pasado en su vida. El tumor se le había crecido en forma de corona alrededor de la cabeza. Los médicos no podían extraérselo porque estaba enraizado en el cerebro. Nunca quiso reconocer a los asaltantes, e internamente los perdonó”. A partir de su muerte, el 21 de diciembre de 2001, a los 30 años, con el grupo Emanuel comenzamos a viajar llevando los conciertos”, narra con voz suave. “Seguimos evangelizando a través de la música, pero esta vez ya no le hablábamos de Dios, sino que le cantábamos a Dios para que Él le hable a la gente”, cuenta.

“En 2009 hubo una gran epidemia de gripe A en México. Nadie iba a los conciertos. Sobrevivimos vendiendo nuestros discos. A nuestro sacerdote lo mandaron a Francia. Entonces dijimos: Dios ya no quiere que sigamos haciéndolo de esta forma. Él no quiere que le cantemos sin adorarlo de verdad. Ahí fue cuando decidimos exponer el Santísimo Sacramento. Le pedimos permiso al obispo y él aceptó, pero decidió ir en persona a ver cómo era. Fue algo impactante; la gente se postraba ante Jesús Eucaristía. El obispo quedó tan entusiasmado con lo que vio que habló a un gran empresario y le dijo: por favor, ayuda a estos chicos, porque lo que hacen es para gloria de Dios. Este empresario se unió a otro y entre los dos financiaron las presentaciones hasta el día de hoy. Contratan los mejores equipos y se cuida de que todo sea gratuito. En un momento los cantantes nos bajamos del escenario y queda el Santísimo solo, para su adoración”.

Desde el 30 de enero de 2010, cuando tuvo lugar la primera actuación, los cielos se abren para que baje el Señor. Recorrieron más de 70 ciudades de 12 países de América. Así comprendieron lo que significaba ser “músicos de fuego”. “Tratar de morir al pecado y encender ese fuego en otras personas a través de la música”, define emocionado.

El primer deseo de Gil también se cumplió. “Era viernes. Mi hermano ya no podía levantarse, estaba agonizando. El padre Daniel lo miró con todo su amor y trajo la guitarra. Se sentó a su lado y comenzó a cantar. Cantaron los dos despacito, hasta que en un momento, Gil ya no estaba...”

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