Edificios en estado peligroso

Un riesgo que exige control municipal.

28 Marzo 2002
Informamos en nuestra edición de ayer, con una ilustrativa fotografía, acerca del derrumbe de una casa de dos plantas ubicada en la primera cuadra de Marco Avellaneda, frente a la ex estación del Central Córdoba. Felizmente, la caída de vigas y mampostería ocurrió en momentos en que la vereda estaba desierta, lo que evitó una tragedia. Pensamos, de todos modos, que el episodio permite algunas reflexiones vinculadas al nudo de la cuestión.
Tal nudo consiste en que, dentro del radio municipal, existen numerosos inmuebles cuya vetustez -unida a un estado de completo abandono- los pone en riesgo cierto de derrumbes. Estos pueden ocurrir a causa de las lluvias, de un movimiento telúrico o de un fuerte viento. En muchas ocasiones, cartas de lectores han formulado denuncias acerca de la existencia de propiedades en ese estado.
Un ejemplo revelador -uno entre muchos- puede advertirse en la intersección de avenida Sáenz Peña con José Ingenieros, que es la continuación de General Paz hacia el naciente. En ese punto (y rodeada por un impresionante yuyal que invade la vereda y que nunca ha recibido los honores de un corte) se halla una casa antigua y de grandes dimensiones, ya que se extiende por las dos arterias. Desde hace varios años, la vivienda está cerrada y en completo estado de abandono. A simple vista, puede conjeturarse con bastante certeza que en cualquier momento podría venirse abajo. No es la primera vez que mencionamos su existencia en este comentario.
En la ciudad abundan, asimismo, las casas viejas cuyos propietarios han demolido todo el interior (que generalmente está cubierto por matorrales) y han quedado en pie solamente las paredes de la fachada. Sin el sustento que les daba el resto del edificio, es evidente que encierran el peligro de un derrumbe. Lo propio cabe decir de muchos antiguos balcones de planta alta, a los que basta echar una mirada para percibir el deterioro de las ménsulas que los sustentan.
A este cuadro de riesgos callejeros habría que agregar, por si no fuera suficiente, las tapias derruidas, que son tan abundantes, o las obras en construcción que han quedado detenidas desde varios años atrás. En estas últimas existen elementos sueltos, como chapas o maderas, que en un vendaval pueden perfectamente precipitarse a la calle, sobre los transeúntes o sobre los automotores, con las dramáticas consecuencias que son de imaginar.
Y aún debieran añadirse a la rápida enumeración que antecede, los muy frecuentes casos de fachadas en las que se advierten grandes grietas. Estas están indicando, como resulta obvio, una falla en la estructura que puede traducirse en cualquier momento en un derrumbe.
Nos parece que todas estas situaciones debieran caer bajo un control estricto de la Municipalidad. En efecto, dentro de los deberes básicos de este organismo, está verificar que las construcciones no encierren peligros para quienes las habitan, ni para los usuarios de la vía pública. Es necesaria, entonces, una urgente tarea de relevamiento de las edificaciones que se encuentran en mal estado, así como la toma de medidas para conjurar los riesgos que de ellas se deriven. Hablamos de constreñir a los propietarios a realizar las obras del caso, o a proceder a la demolición del inmueble, según lo establezcan los técnicos.
De otro modo, seguiremos todos sometidos a la posibilidad de sorpresas de este tipo, cuya probabilidad es bastante mayor que la que nos imaginamos. El vecindario debiera colaborar con las autoridades, haciendo llegar sus denuncias acerca de las situaciones que consideren amenazadoras. Debe preservarse a los habitantes de la ciudad, repetimos, de los riesgos creados por las construcciones en mal estado, que son muchas.

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