El sitio a la capital

10 Nov 2017
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El oficialismo provincial ha decidido abrir una brecha en el Concejo Deliberante de San Miguel de Tucumán. Las principales acciones bélicas de noviembre, en el contexto de la guerra del peronismo desatada después de los comicios del 22 de octubre, se libran en esa institución. El justicialismo ha decidido que desde allí percutirá las murallas de la intendencia de Cambiemos. Y desde dos flancos.

El frente político está centrado en la renovación de las autoridades del órgano deliberativo. En la Casa de Gobierno dan por hecho de Armando Cortalezzi será, a partir del mediodía, el presidente del Concejo. El hecho encarna numerosas significaciones.

En primer lugar, es la pública marcación de Germán Alfaro como el antagonista jurado del Gobierno tucumano. Ratificando su alperovichismo cultural, Juan Manzur confirma que Armando Cortalezzi es el “stopper” oficial del pejotismo local. Cuando José Alperovich era gobernador y declaró como su enemiga a la Asociación Bancaria, puso a Cortalezzi al frente de la Caja Popular de Ahorros. El actual mandatario hoy lo lleva al Concejo para que haga la “marca personal” del jefe municipal.

No estaba blindado

En segundo término, redimensiona el impacto que tuvo específicamente para Manzur el resultado en las urnas. Hasta aquí, todas las lecturas se habían centrado en Osvaldo Jaldo, por razones anteriores y posteriores obvias. El vicegobernador encabezó la lista que en las PASO del 13 de agosto sacó 200.000 votos de diferencia respecto de Cambiemos, lo que le daba tres bancas de diputados al PJ y sólo una al macrismo; distancia que se redujo a 140.000 votos el mes pasado y en el consabido “2 a 2” en el reparto de escaños. La reacción de Jaldo fue inmediata: descabezó la mesa de conducción de la Legislatura, básicamente, para “desalperovichizarla”. Léase, culpó en los gestos al ex mandatario de haber mandado a votar (presuntamente, claro está) a Fuerza Repúblicana, que pasó de 90.000 a 155.000 sufragios en dos meses. Por apenas 4.000 votos, Ricardo Bussi no resultó consagrado diputado.

Manzur, en cambio, jamás había perdido la sonrisa. Hasta esta semana. También al gobernador le afectó (y mucho) no poder mostrar nacionalmente el mayor porcentaje de ventaja con respecto a los candidatos de la Casa Rosada. Lo hubiera hecho de mantener los guarismos de agosto. Sin embargo, a la medalla se la llevó el sanjuanino Sergio Uñac. Ni hablar, luego, de que en el reparto de bancas, el tucumano no exhibió un triunfo sino un empate.

Pero Manzur, en todo caso, no actúa tanto por revanchismo como por experiencia. La “peronización” de la campaña de Cambiemos en Tucumán (desde el diagnóstico virtuoso de enfocar el proselitismo no en proclamas nacionales, sino en el mundano drama del agua y las cloacas; hasta el denunciado reparto delictivo de bolsones de mercadería, esta vez mediante el formato de tickets de supermercado) le torció la muñeca electoral. No quiere que cosa semejante vuelva a ocurrirle. Léase, Alfaro es el único dirigente que hoy demuestra capacidad real para entorpecer cualquier fantasía de poder. En el norte feudal, para un peronista con poder no hay nada peor, en términos electorales, que otro peronista con poder.

El factor “elecciones”

En tercera instancia, precisamente, estos son los costos políticos que Alfaro comenzará a pagar por su éxito electoral. Si el Gobierno provincial quería ponerle una mesa de conducción adversa en 2015, cuando llegó a la intendencia en la lista que encabezaban José Cano y Domingo Amaya, las intenciones de hacerlo ahora, después de los resultados de octubre, es difícil imaginar cualquier otro antojo en la Casa de Gobierno.

Durante su entrevista de antenoche en “Panorama Tucumano”, Alfaro manifestó que su gestión fue plebiscitada exitosamente en las urnas, de modo que él debiera ser quien designe como titular del Concejo a un edil de su confianza, porque en los hechos actuará como un vice-intendente. Citó, por caso, el ejemplo de Raúl Topa, quien llegó a la intendencia con sólo tres ediles, y aún así uno de ellos presidió el cuerpo deliberativo durante su gestión interrumpida por su dimisión. Pero una semana antes, en el mismo programa, Manzur había reivindicado que ganó los comicios en 2014 con 100.000 votos de diferencia sobre Cambiemos, y que ahora había obtenido, inclusive, 40.000 voluntades más.

Pero no todo será soplar y hacer botellas para el manzurismo. Durante la semana, sus operadores trataron de consagrar una mesa que se completara con José María Franco como vicepresidente primero (para garantizar que no haya retorno al alfarismo) y con Eduardo Verón Guerra (FR) como vice segundo.

Pero a FR, revitalizada en las urnas, no le cerró esa ecuación ni, finalmente, ninguna otra. Ayer, el propio Cortalezzi llamó por teléfono a Ricardo Bussi durante la mañana para darle explicaciones acerca de por qué no podían consagrarlo a él como una de las autoridades del Concejo. El republicano respondió que Verón Guerra ha descartado integrar esa mesa y que él sólo aceptaría sumarse en un cargo más expectable. Pero por la tarde, según el propio Bussi, se resolvió que tampoco él se sumaría a ningún esquema. A pesar de que, según él mismo consignó, el manzurismo le habría ofrecido la vicepresidencia primera; y, el alfarismo, la conducción del Concejo. Según el ex senador, se optó por “la independencia política”.

Como fuere que se hayan dado las cosas, una sola cuestión pasa en limpio: sin Bussi consagrado como autoridad por uno y otro espacio, no hay mayoría automática garantizada para ningún sector.

Sin fronteras

En cuarto orden, y a pesar de todas las promesas de “nueva política”, las internas se seguirán dirimiendo en el terreno de la cosa pública.

En general, porque es baladí tratar de que los gobernantes del subtrópico entiendan que los votos dan poder, pero no la razón.

En particular, porque el PJ tucumano no reconoce línea divisoria entre el Partido y el Estado. La guerra del peronismo, por tanto, se libra en las instituciones.

Cuestión de números

El segundo frente es económico. Los ediles, también durante esta semana, aprobaron la ordenanza que consagra el Presupuesto 2017 (sí, el que se vence en 50 días) con un incremento del 54% para los gastos (de este mismo año) del Concejo Deliberante.

El veto contra esa disposición se huele en el aire. Alfaro ha dicho que aún tiene que revisar la ordenanza en cuestión, que fue comunicada durante la tarde del martes a la Intendencia, cerrada durante el miércoles por el Día del Empleado Municipal. Una manera elegante de pautar que esperaría hasta la renovación de la mesa del Concejo para adoptar una medida. Una manera intrigante de plantear que el jefe municipal no ha cerrado las negociaciones ni da ningún resultado por sentado.

“Nos queda una bala de plata, pero es muy difícil”, afirmaba, con más esperanza que convicción, un operador alfarista. Claro que después de que en 2015 el edil Javier Aybar pasará de alperovichismo a titular alfarista del Concejo, es ley aquello de que no hay que contar los cabritos antes de la parición.

El que avisa...

“Estos son momentos de baja del gasto público” y “soy el administrador de la Municipalidad y mientras lo sea destinaré la mayor parte de los recursos a obras y servicios para los vecinos”, fueron dos significativas definiciones del intendente en “Panorama Tucumano”.

Por un lado, ahí están sintetizadas las razones políticas de un eventual veto al Presupuesto sancionado por el Concejo.

Por otro, esas mismas razones son de neta factura macrista. El intendente, entonces, comienza a delinear un planteo al que se aferrará: ¿Cómo gestionar recursos ante la Nación para inversiones públicas si el Concejo Deliberante avala un incremento anual de $ 112 millones en sus erogaciones?

Pero, por sobre todo, Alfaro está telegrafiando a la Casa Rosada. Está, verdaderamente, arrinconado. Él, que administra municipalidad bajo el signo de Cambiemos, y que tiene más habitantes y electores que varias de las provincias chicas de la Argentina. El macrismo fue derrotado de manera incontrastable en Tucumán, pero haber podido pintar de amarillo la capital de la provincia equivale, en términos de electores, lo mismo que haberse agenciado una provincia chica. Tomando en cuenta los datos del censo 2010, “El jardín de la república” tiene tantos habitantes (poco más de 600.000) como San Juan, Jujuy y Río Negro; y más que Neuquén, Formosa, Chubut, San Luis, Catamarca, La Rioja, La Pampa, Santa Cruz y Tierra del Fuego.

Y está acorralado por órdenes del mismo gobernador que sólo acumula fastidios del Presidente de la Nación. Mauricio Macri (el que le reclamó públicamente a Manzur en 2016 por la reforma política; el que no vino al último 9 de Julio; el que aterrizó después, en campaña, y ni siquiera se dignó en saludar al mandatario local) ahora está enojado con el tucumano –según consignó Carlos Pagni en su columna publicada ayer por LA GACETA- porque se anda ofreciendo de abogado de la agenda sindical antirreformista de la CGT.

Propios y extraños

Mientras la reacción de la Nación se verá en el tiempo, la de Alfaro se verá en días. Si veta el Presupuesto 2017 estará anunciando la inauguración de una modalidad de gestión para conjurar embestidas del Concejo.

Claro que el veto al aumento de partidas del Concejo tampoco será gratuito: Los propios alfaristas quedarán desautorizados con ello. Es que, para decirlo urbanamente, los ediles afines a la intendencia no se han caracterizado (salvo alguna excepción) por ser feroces defensores de la gestión. Algunos, incluso, muestran una corrección política frente a las embestidas manzuristas que contrasta con la bravura de la que hacen gala por teléfono; o en los bares, de madrugada...

Más aún, si el alfarismo veta la Ordenanza Presupuestaria esgrimirá que el aumento de la partida del Concejo es una maniobra manzurista para condicionar las finanzas municipales. El día de la sesión, en cambio, los justicialistas aseguraron que era Aybar quien había gastado recursos de manera desmedida. Y desde el alfarismo nadie se pronunció con indignadas desmentidas...

Una administración municipal signada por un cuerpo de ediles adverso a un intendente que se defenderá a los vetos estará signada por la tensión y el desgaste. Pero, como enseñaba Juan Domingo Perón, los que son acorralados y no les dejan una salida posible, sólo tienen la embestida de frente como alternativa.

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