08 Mayo 2004 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Programas que empiezan más tarde o más temprano. Programas que aparecen y desaparecen de imprevisto. Programas que no se pueden programar. El caos horario que vive la televisión es inédito y a nadie parece divertirle; salvo a los programadores, claro.
La guerra entre los canales está en su punto máximo, y los espectadores quedaron en medio de las balas. El control remoto está desorientado. Y seguir un argumento es una misión imposible. ¿Quién es el culpable? El rating, ese medidor de éxitos y fracasos por el que los canales pierden la cabeza.De todos modos, donde más se puede observar esta situación es en Telefé y en Canal 13, donde el enfrentamiento por el rating está provocando estragos en la programación, y afecta hasta a los más "intocables", como a Mario Pergolini y su "CQC", que en una semana va los jueves y en otra los miércoles.
Las novelas
Nunca se sabe si los horarios redondos que promocionan las publicidades son una verdad, una ironía, o una mera solemnidad. Porque, seamos sinceros: ¿qué grado de seriedad podría tener un "Este martes: 21.37 horas"?
Las novelas de hoy día no conocen de continuidad, y lo hacen por nuestro bien. ¿Para qué van a seguir un hilo lógico, si saben que el público está haciendo zapping entre el programa que tenía que empezar a las 21 y el que está anunciado para las 23? No vale entusiasmarse con dos programas contiguos, en diferentes canales: lo más probable es que uno se quede sin el pan y sin la torta. Porque mientras el de un canal terminó 40 minutos más tarde, el otro empezó con 20 minutos de adelanto. Así las cosas, programar la videocasettera se ha hecho una tarea imposible.
Noticieros
Tal vez esa conductora que te empezaba a caer simpática o esa serie que prometía nunca más salga al aire, sin anuncio, sin despedida, sin lágrimas, sin respeto, sin moral. Es hoy o nunca. La TV hace gala de la fugacidad.
Además, los periodísticos de "las 23" y los noticieros "de la medianoche" empiezan cada vez más tarde y terminan entrada la madrugada. (Especial)
La guerra entre los canales está en su punto máximo, y los espectadores quedaron en medio de las balas. El control remoto está desorientado. Y seguir un argumento es una misión imposible. ¿Quién es el culpable? El rating, ese medidor de éxitos y fracasos por el que los canales pierden la cabeza.De todos modos, donde más se puede observar esta situación es en Telefé y en Canal 13, donde el enfrentamiento por el rating está provocando estragos en la programación, y afecta hasta a los más "intocables", como a Mario Pergolini y su "CQC", que en una semana va los jueves y en otra los miércoles.
Las novelas
Nunca se sabe si los horarios redondos que promocionan las publicidades son una verdad, una ironía, o una mera solemnidad. Porque, seamos sinceros: ¿qué grado de seriedad podría tener un "Este martes: 21.37 horas"?
Las novelas de hoy día no conocen de continuidad, y lo hacen por nuestro bien. ¿Para qué van a seguir un hilo lógico, si saben que el público está haciendo zapping entre el programa que tenía que empezar a las 21 y el que está anunciado para las 23? No vale entusiasmarse con dos programas contiguos, en diferentes canales: lo más probable es que uno se quede sin el pan y sin la torta. Porque mientras el de un canal terminó 40 minutos más tarde, el otro empezó con 20 minutos de adelanto. Así las cosas, programar la videocasettera se ha hecho una tarea imposible.
Noticieros
Tal vez esa conductora que te empezaba a caer simpática o esa serie que prometía nunca más salga al aire, sin anuncio, sin despedida, sin lágrimas, sin respeto, sin moral. Es hoy o nunca. La TV hace gala de la fugacidad.
Además, los periodísticos de "las 23" y los noticieros "de la medianoche" empiezan cada vez más tarde y terminan entrada la madrugada. (Especial)







