“La violencia obstétrica es un tipo más de la violencia de género”

Dos expertas disertaron en el marco del lanzamiento de la Licenciatura en Obstetricia de la UNT. Leyes y confusiones

25 Oct 2017

“Stella me abrió la cabeza”, lanzó desde el escenario del Centro Cultural Virla Diana Galimberti, y estaba hablando de violencia. Pero no; no es sobreviviente de un hachazo celoso. Ella y Stella Garrido vinieron a Tucumán para formar personal de la salud sobre violencia obstétrica, al lanzarse oficialmente la Licenciatura en Obstetricia de la UNT (ver “La triste falta de interés...”).

Galimberti es médica obstétrica; Garrido, psicóloga. Ambas, activas militantes por los derechos de la mujer en temáticas como violencia de género y parto respetado. “Trabajamos juntas desde que en 1992 la OMS incluyó la violencia como tema de salud pública”, contó Galimberti. En ese tiempo ella trabajaba en el Hospital General de Agudos Teodoro Álvarez -que dirigió muchos años- y decidieron hacer entrevistas a las mujeres que llegaban al servicio. “Encontramos que el 70% había sufrido violencia, pero no consultaban por ello (en esa época no se hablaba violencia de género sino de violencia intra-familiar). Y nos dimos cuenta de que cuando llegaban con lesiones al servicio de salud (heridas, fracturas, etc.) las trataban, pero no les preguntaban cómo se habían producido. Y nos planeamos: ¿por qué los médicos no preguntan?”, contó.

Garrido dio la respuesta a esa pregunta: “desde hace 5.000 años el mundo occidental utiliza la violencia como modo de resolución de conflictos. Es un modelo naturalizado e invisibilizado; se transmite de generación en generación y no basta el voluntarismo individual para modificarlo”, destacó, y enfatizó que siempre se vincula con el ejercicio del poder.

“La violencia se define como acción de fuerza exclusiva o excesiva, que puede ser física, económica, psicológica o simbólica, ejercida para someter a otro”, definió, un otro que de algún modo siempre es “diferente”.

“La renovación del modelo moldea un mecanismo de legitimación en nuestro aparato psíquico, con rasgos de masculinidad como modelo superior de desarrollo humano. Y eso justifica simbólicamente la superioridad de un grupo sobre otros por razones de género, de edad, de nivel socioeconómico, de etnia...”, añadió. Y, como refuerzo final, la naturalización. “‘Somos así’, se dice. Y es totalmente falso. Lo real es que nos hacemos así. A ser violento se aprende”, insistió, una y otra vez.

Las mujeres

Galimberti fue, entre otras cosas, una de las impulsoras de la ley 25.929, sobre los derechos de padres e hijos durante el proceso de nacimiento. Pero antes, siendo la única mujer en la comisión directiva de la Federación Argentina de Sociedades de Obstetricia y Ginecología, logró que la violencia -en particular la obstétrica- fuera tomada como problema que se debía atender.

Describió la violencia obstétrica como un tipo más de violencia de género, arraigada en las prácticas institucionales del sistema de salud.

“La ley 26.485 la define como aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de la medicalización y patologización de los procesos naturales”, explicó. Contó, como ejemplo, lo que aprendieron en el hospital de las parturientas bolivianas. “Ancestralmente, estas mujeres dan a luz en cuclillas. ¿Se imaginan lo que significaba para ellas estar estaqueadas de espaldas en una cama, sujetas por un frasco de suero, solas y angustiadas?”, planteó. Lo cierto es que de a poco las mujeres fueron descubriendo -y asumiendo- que tienen derechos.

Efectos no deseados

Las leyes fueron el resultado de un intenso trabajo de mujeres en favor de sus derechos y se logró modificar muchas prácticas. “Pero tuvieron su efecto no esperado; lo que parecía que iba a ser una ayuda, terminó transformándose en una lucha”, contó, preocupada. Generaron una suerte de paranoia en los profesionales de la salud, en un extremo, y que organizaciones radicales de mujeres plantearon como única opción de parto humanizado, el domiciliario. En el medio, mujeres que bajaban de internet el ‘sueño ideal’, modelos buenos en sí mismos, pero no siempre posibles”, destacó.

Comenzaron las denuncias (ver “Cómo hacer...”), muchas de ellas con fundamentos. Y se desencadenó la resistencia de los médicos. “Muchos colegas no pudieron sentarse a pensar por qué aparecen las denuncias -resaltó-. Y eso se debe, entre otros motivos, a que no se ha construido el vínculo médico-paciente”.

Los profesionales sienten que de alguna manera quedan con las manos atadas, que las cosas se han ido al otro extremo. Fue lo que dejó entender el ginecólogo tucumano Bartolomé Llobeta durante el debate.

“Ante esa queja -atendible, señaló Galimberti- el médico siempre tiene la libertad, salvo en caso de urgencia, de decirle a la paciente que no está de acuerdo con lo que ella espera de él, y derivarla a otro obstetra”.

análisis
 
La triste falta de interés de quienes deberían estar más atentos que nadie
 
El Virla estaba repleto de gente trajeada y de delantales blancos. El festejo oficial del 68° aniversario de la Facultad de Medicina iba a ser a las 9.  Tenía tres partes: actos oficiales, con banderas, discursos y distinciones; la presentación de la Licenciatura en Obstetricia que empezará a dictarse en 2018, y conferencias de dos expertas venidas de fuera de Tucumán sobre la violencia obstétrica. Las charlas formaban parte de unas jornadas de formación que habían empezado el día anterior y que siguieron esa tarde y al día siguiente.
El acto comenzó más de media hora tarde (lo que lamentablemente no sorprende en Tucumán) y las demoras se fueron sumando. Pero eso no es excusa para lo que ocurrió. Cuando la directora de la Escuela de Enfermería, Elsa Sarsano, hizo su exposición, el público se había reducido bastante, pero al menos los delantales blancos de “los obstétricos” seguían allí. Lo más triste fue que cuando las expertas hablaron de lo que -se supone- los convocaba, los obstétricos también desaparecieron. Lástima grande (¿o falta de ética profesional?) que hayan desperdiciado una gran oportunidad de aprender cómo no atentar contra los derechos de las mujeres,  ser verdaderos agentes de salud y hasta de evitarse, algún día, una denuncia en su contra. 
 
Claudia Nicolini
la gaceta

> ANÁLISIS

La triste falta de interés de quienes deberían estar más atentos que nadie

CLAUDIA NICOLINI | LA GACETA

El Virla estaba repleto de gente trajeada y de delantales blancos. El festejo oficial del 68° aniversario de la Facultad de Medicina iba a ser a las 9.  Tenía tres partes: actos oficiales, con banderas, discursos y distinciones; la presentación de la Licenciatura en Obstetricia que empezará a dictarse en 2018, y conferencias de dos expertas venidas de fuera de Tucumán sobre la violencia obstétrica. Las charlas formaban parte de unas jornadas de formación que habían empezado el día anterior y que siguieron esa tarde y al día siguiente.

El acto comenzó más de media hora tarde (lo que lamentablemente no sorprende en Tucumán) y las demoras se fueron sumando. Pero eso no es excusa para lo que ocurrió. Cuando la directora de la Escuela de Enfermería, Elsa Sarsano, hizo su exposición, el público se había reducido bastante, pero al menos los delantales blancos de “los obstétricos” seguían allí. Lo más triste fue que cuando las expertas hablaron de lo que -se supone- los convocaba, los obstétricos también desaparecieron. Lástima grande (¿o falta de ética profesional?) que hayan desperdiciado una gran oportunidad de aprender cómo no atentar contra los derechos de las mujeres,  ser verdaderos agentes de salud y hasta de evitarse, algún día, una denuncia en su contra.  

Comentarios