Yerba Buena: instalaron 40 carteles en la Aconquija y dos días después ya habían dañado 10

En total son 680 los que colocará el municipio, pero antes se modificará el tránsito.

24 Oct 2017

Durante la mañana del jueves pasado, los colocaron. En la mañana del sábado, ya no estaban enteros. Los vecinos de Yerba Buena apenas tuvieron tiempo de darse cuenta de que en la avenida Aconquija, la madre de sus calles, se había añadido un nuevo elemento al paisaje urbano: carteles nomencladores. Pero de los 40 indicadores que se habían instalado la semana pasada, casi una decena se encuentran -a la fecha- dañados.

En total, el municipio planea colocar unos 680 carteles en las calles de la ciudad. La Aconquija fue la elegida para el debut; la seguirá la avenida Perón. No obstante, por ahora sólo fueron plantados en las arterias cuyo sentido de circulación se mantendrá. Las otras -las que cambiarán sus manos- quedaron para una segunda etapa. Sucede que la instalación de nomencladores se encuadra en un plan de reordenamiento del tráfico.

Ese proyecto se basa en el que había elaborado el Centro de Investigaciones Viales de la Universidad Tecnológica de La Plata, en 2008 y bajo el encargo del otrora intendente Daniel Toledo. Además de la cartelería y de fijar sentidos únicos, han pensado en avanzar con la semaforización y en construir dársenas de giro en las avenidas, en pos de prohibir las vueltas al libre albedrío, entre otras cuestiones.

Pero el vandalismo les ha plantado bandera a los gobernantes. Los carteles puestos en las calles Acacias, Maciel, Rosas, Oeste, Bascary y García Hamilton, entre otros, han sido doblados como si de papel se tratase. Dice Nicolás Juárez Dappe -subdirector de Tránsito- que los ataques se efectuaron el sábado a la madrugada, y que le han solicitado al Centro de Monitoreo de la Policía que les proporcione las filmaciones de las cámaras de seguridad que cuelgan en algunas de esas esquinas. También afirma que lo ocurrido no le causa demasiado asombro, pues a diario batalla con situaciones similares: “todos los días estamos levantando carteles. Los más arrancados son los que dicen ‘contramano’ o ‘lomo de burro’”.

Luego indica que los artefactos eran de buena calidad y que por eso -razona- no han podido sacarlos del suelo. Algunos fueron forjados en los talleres de herrería del municipio, con los trabajadores de un plan Argentina Trabaja, prosigue. Otros fueron donados por el shopping Nuevo Solar del Cerro.

Más allá de esas propiedades, para la próxima tanda de carteles van a tomar recaudos. Cuenta Dino Alfieri -el secretario de Relaciones Institucionales del municipio- que los siguientes serán unos 50 centímetros más altos. Se inmiscuye en este tema porque él ha sido quien tejió el vínculo con el centro comercial que proporcionó algunos de los indicadores. También sostiene que van a elevar los que ya han puesto. “Les añadiremos un pie”, expresa.

Tras haber revisado el material fílmico, las autoridades han podido advertir la presencia de un grupo de jóvenes, alrededor de las 4 del sábado, en las esquinas donde hubo ataques. Aunque la intendencia no tiene cuantificado el coste de los daños ocasionados al mobiliario y a los servicios urbanos, el jefe de Gabinete, Manuel Courel, relata que los carteles de obras recorren el siguiente camino: son comprados, puestos y robados. “Si tenemos que dejarlos de noche, se los llevan. Y cuestan entre $ 3.000 y $ 5.000 cada uno”, revela.

Los gobernantes no están solos en su inquietud. Algunos vecinos, como el comerciante Pedro Juárez, dicen que no entienden a la gente. Para él, hay quienes perciben que la vía pública es espacio de nadie, y en el que cada uno, en consecuencia, puede hacer lo que quiera. Y ejemplifica: “hace unos días, mientras tomaba un café, pude observar a una señora que esperaba el colectivo en una parada. Durante su estadía, comió tres caramelos. A los tres papeles los tiró en el piso”. Otro vecino, Roque Segura, opina que se trata de una cuestión cultural. Y que sólo con educación podrá revertirse.

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