Un Atlético muy errático zafó de la derrota gracias al "Pulguita"

Al "Decano" le costó alcanzar el 1-1 ante Chacarita. Los goles.

18 Sep 2017

El de ayer fue uno de esos partidos para recordar, para marcarlo en el calendario personal de Atlético en la Superliga como una cuenta pendiente. De hecho, habría que desmenuzarlo en partes. Llegar hasta el hueso del análisis. Porque si fuera por el diario de hoy, el del lunes, Atlético dejó escapar una gran posibilidad de sumar tres puntos de oro ante Chacarita. Fue una usina de chances de gol y al mismo tiempo un millonario tan generoso que dilapidó su fortuna frente a un “Funebrero” que se llevó demasiado premio: el 1-1.

Atlético sigue siendo un Atlético peligroso en la divisional, porque cuenta con el interminable Luis Rodríguez. Su gol, el del 1-1 parcial (y final) en el segundo tiempo graficó lo que es el simoqueño en cancha: coraje, ganas, fuerza. Todo. Es el Cristian Lucchetti de campo. Hizo la soñada “Pulguita”, la increíble. Buscó una chilena con la diestra y falló. Sin resignarse y como quien tiene resortes en la espalda, se levantó, miró el arco de Pedro Fernández, todo en un segundo, y remató al palo izquierdo con la zurda. Rodríguez madrugó al tiempo, a los centrales visitantes y hasta a la misma suerte.

Rodríguez no brilló en todo el partido, no, pero hizo lo que sabe, goles. Y con ello le dio aire a un “Decano” a veces amateur. Tiene demasiadas caras en 90 minutos: le falta un gestor de fútbol natural, una zaga que coordine como si se conociera de toda la vida. Le falta gol. Mucho gol. Y eso que situaciones, aun siendo un equipo eléctrico por sus propios cortocircuitos de habilidad, tuvo y de sobra. La pólvora, en especial la de Ismael Blanco está inundada de agua. Sí.

El artillero tuvo en su cabeza el 1-0. Recibió el mejor centro que un delantero puede pedir: justito a la cabeza y con la velocidad necesaria como para que la pelota vaya adonde uno quiera colocarla, a menos de dos metros de distancia de un arco, en ese punto, tan grande como China misma.

Pero Blanco fue Negro, y Negro cabeceó afuera. Despejó a la línea de salida. Insólito. No fue la única que tuvo, porque al toque le llegó otra más. Aunque este vez buscó colocar por abajo, una pierna contraria le desvió lo que parecía ser el 1-0. Córner. Y nada...

Lo increíble del fútbol es que no siempre gana el mejor, sino el más ordenado; el certero. En su segunda oportunidad antes de los 10 minutos de juego, Chacarita se puso en ganador. Javier Mendoza, uno de los que poca acción vio la temporada pasada en 25 de Mayo y Chile, se vistió de verdugo en una jugada que tendrá que rever todo el plantel “decano”. Arrancó por izquierda Chacarita. Un Atlético en zona no presionó. Acompañó a quienes llevaron la pelota. Y cuando el cuero entró a tomar color de fuego, Yonathan Cabral salió a cortar el aire. Gracias a ese hueco, Mendoza recibió en soledad, le amagó a Gonzalo Freitas y reventó el palo derecho de Lucchetti.

Tiene mucho camino por recorrer este plantel. Mucho por mejorar. Hoy está a tiempo, a tiempo de volver a ser el que fue cuando gozó de esa seguidilla de cinco partidos sin caídas, contando Copa Sudamericana y Superliga. Viene de dos tropiezos, y de esta parda.

Y claro que resulta mala la cosecha. La idea está y puede verse, como cuando Atlético se transforma en un depredador y presiona tan arriba que hace rifar la pelota a su rival. Lo malo es que ese mismo depredador luego muta a un ser desorientado. Lo bueno es que siempre están Rodríguez y Lucchetti que, comenzado, entrado y casi finalizado el partido, tapó otras conquistas de “Chaca”. Lo bueno, de hecho es que falta una eternidad de Superliga y Atlético puede encontrarse a sí mismo. Eso es lo bueno.

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