Atlético, de gran primer tiempo, se quedó con las ganas ante un Vélez que lo caminó al final

09 Sep 2017
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JUSTO A TIEMPO. Romat se anticipa y despeja el balón ante Vargas, el encargado de la generación de fútbol de un Vélez que no trata bien a Atlético cada vez que lo visita en su casa. foto de matías napoli escalero (especial para la gaceta)

Andrés Burgo - Especial para LG Deportiva

A la espera de hacer historia el martes en Avellaneda, en la revancha por los octavos de final de la Copa Sudamericana ante Independiente (o, mejor dicho, de hacer todavía más historia), un Atlético de dos caras se rindió anoche al peso de la tradición: Vélez es la bestia negra, o la bestia azulada, del “Decano”.

El equipo que en los últimos años rompió todos los récords, el que ganó en el Monumental, La Bombonera y el Libertadores de América (y dos veces), el que ascendió a Primera y llegó a la Copa Libertadores, el que festejó en Quito con la camiseta de la Selección, el que gritó fuerte en Bolivia por la Sudamericana y el que tiene en jaque a Independiente, no pudo cortar la histórica racha adversa que lleva con Vélez. Con el 0-2, el “Decano” lleva seis derrotas, dos empates y ningún triunfo frente al rival que peor lo trata en el historial. El 2-0 final es categórico pero el partido no siempre fue así. El fútbol es un deporte extraño (y por eso fascinante). A veces no hace falta jugar mejor para ponerse en ventaja y Atlético lo comprobó en la noche de Liniers: después de haber jugado un buen primer tiempo, y de haber generado (muchas) más situaciones de gol que su rival, se fue perdiendo al descanso. Una revista de la década del 80, “Sólo Fútbol”, solía poner el “resultado moral”, o sea el resultado que el partido merecía: el de los primeros 45 minutos de ayer tendría que haber sido Vélez 0-Atlético 1.

A imagen y semejanza del infernal tránsito en Buenos Aires un viernes a las 19, durante casi todo el primer tiempo llegar al arco de Cristian Lucchetti fue tan difícil como llegar al estadio de Vélez. El mediocampo “decano” actuó como una sucesión de semáforos en rojo, congestión de tráfico y piquetes, en un momento en el que Atlético no controló tanto la pelota, aunque sí el partido: la iniciativa fue del local y las llegadas, del visitante.

Ese Atlético aguerrido del comienzo, bien uruguayo con las presencias de Rafael García, Gonzalo Freitas y el debutante Mauricio Affonso, fue un equipo con acto de presencia que debió ponerse en ventaja. El propio Affonso tuvo una clarísima, después de una asistencia a lo Iniesta de Luis Rodríguez. Pero en la primera llegada seria de Vélez, al final del primer tiempo, la pelota le sobró a Yonathan Cabral y Federico Andrada envió el centro perfecto para que Maximiliano Romero convierta el primero de sus goles.

Enseguida, no sólo terminó el primer tiempo. También se terminó Atlético. La imagen del segundo tiempo fue la de un equipo fantasmagórico, vencido, en especial después de la expulsión de Nahuel Zárate y del segundo gol de Romero.

Los ingresos de Gervasio Núñez y los debutantes Hernán Hechalar y Cristian Villagra no cambiaron nada, ya en un contexto totalmente desfavorable, con Vélez a punto de la goleada, como si Atlético ya no estuviese en Liniers sino en Avellaneda, el martes, en el partido que espera todo el planeta “Decano”.

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