25 Abril 2004 Seguir en 
LA PAZ.- Dos ex mineros bolivianos y la viuda de un tercero, quienes reclaman para ellos una pensión jubilatoria, amenazan desde ayer con inmolarse en una céntrica sede sindical de La Paz si no se cumple con su pedido. Ante la posibilidad de que se produzca el trágico desenlace, la policía ha desplegado un dispositivo de seguridad en una zona circundante a la sede de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, ubicada sobre una de las principales avenidas que cruzan el centro de la ciudad, sede gubernamental de Bolivia.
Los dos mineros y la mujer estaban dispuestos a inmolarse detonando los múltiples cartuchos de dinamita que cada uno de ellos tiene amarrados al cuerpo. "Estamos resueltos a morir", gritó uno de ellos desde la terraza de la sede sindical a los reporteros gráficos apostados en un edificio contiguo.
Eustaquio Picachuri, quien también era un ex minero desocupado, se inmoló el 30 de marzo al detonar una carga de dinamita en la sede del Congreso boliviano. Picachuri, de 47 años, había sido despedido en 1992 de una mina estatal para la que había trabajado unos 15 años, y exigía la devolución de sus aportes al sistema de pensiones debido a la dilación en sus trámites jubilatorios. En este hecho también murieron el jefe de seguridad del Parlamento y un bombero.
Unica oferta
Los nuevos potenciales suicidas pidieron que el gobierno les otorgue una pensión vitalicia equivalente a U$S 107 mensuales, pero el ministro de la Presidencia, José Galindo, declaró que la penuria fiscal del país no permitía ofrecerles más allá de U$S 58. Dijo que la propuesta oficial debería beneficiar a cas 3.000 ex trabajadores que se hallaban en la misma situación de los dos ex mineros y de la viuda que amenazan inmolarse. La oferta fue enviada a los ex mineros con un sacerdote, ante el riesgo de que un funcionario asuma la negociación y quede como rehén en el edificio. La propuesta del gobierno pasó a ser analizada por una suerte de asamblea de ex trabajadores mineros que se instaló en la sede sindical rigurosamente custodiada. Anoche se debatía si rechazar de plano la oferta o elevar la cifra a U$S 82. (Reuter)
Los dos mineros y la mujer estaban dispuestos a inmolarse detonando los múltiples cartuchos de dinamita que cada uno de ellos tiene amarrados al cuerpo. "Estamos resueltos a morir", gritó uno de ellos desde la terraza de la sede sindical a los reporteros gráficos apostados en un edificio contiguo.
Eustaquio Picachuri, quien también era un ex minero desocupado, se inmoló el 30 de marzo al detonar una carga de dinamita en la sede del Congreso boliviano. Picachuri, de 47 años, había sido despedido en 1992 de una mina estatal para la que había trabajado unos 15 años, y exigía la devolución de sus aportes al sistema de pensiones debido a la dilación en sus trámites jubilatorios. En este hecho también murieron el jefe de seguridad del Parlamento y un bombero.
Unica oferta
Los nuevos potenciales suicidas pidieron que el gobierno les otorgue una pensión vitalicia equivalente a U$S 107 mensuales, pero el ministro de la Presidencia, José Galindo, declaró que la penuria fiscal del país no permitía ofrecerles más allá de U$S 58. Dijo que la propuesta oficial debería beneficiar a cas 3.000 ex trabajadores que se hallaban en la misma situación de los dos ex mineros y de la viuda que amenazan inmolarse. La oferta fue enviada a los ex mineros con un sacerdote, ante el riesgo de que un funcionario asuma la negociación y quede como rehén en el edificio. La propuesta del gobierno pasó a ser analizada por una suerte de asamblea de ex trabajadores mineros que se instaló en la sede sindical rigurosamente custodiada. Anoche se debatía si rechazar de plano la oferta o elevar la cifra a U$S 82. (Reuter)







