El arte contemporáneo apuesta a la experimentación y al riesgo

En el salón del MUNT esta noche se inaugurará una nueva edición del certamen. Entre más de 200 propuestas presentadas, el jurado seleccionó cuatro instalaciones y un video que competirán por el Gran Premio de $ 50.000.

05 Jul 2017 Por Jorge Figueroa

Una estructura de madera de pino con decenas de esculturas de arcilla recibe al público en la sala central del Museo de la Universidad Nacional de Tucumán (San Martín 1.545). Es la instalación realizada por el Colectivo Zonda, titulada “Teatro Mundi. Un mundo hecho de lugares”, una de las cinco que integran la actual edición del reconfigurado Salón de Arte Contemporáneo de la UNT. Se inaugurará esta noche, a las 20.30.

“Fue hermoso ver cómo se iba armando; nos íbamos sorprendiendo de cómo se parecía a la idea que teníamos en la cabeza, aunque esas formas y estructuras nos devolvían incluso más. Nos pasó algo parecido al enamoramiento”, le dice la tucumana Ángeles Rodríguez a LA GACETA. Ella y Giona Bierens de Haan integra el Colectivo Zonda.

Por primera vez el Salón se plantea como un espacio de experimentación, puesto que el jurado eligió principalmente proyectos y obras. Junto a Zonda estarán el porteño Nicolás Pontón con “El desplazamiento de la voluntad”; Valentina Díaz, con “Efecto marea. La urgencia del vínculo” (también de Tucumán); Esteban Martínez, con “La esperanza y el peligro son amigos”; y Mónica Heller, con “Del campo bailable al velatorio de guitarras”.

La única obra que ya estaba concluida y que fue seleccionada es el video de Heller; las otras cuatro instalaciones fueron montadas y erigidas desde hace alrededor de 10 días.

Un cubículo

“El museo se ha posicionado como un lugar de referencia para los hacedores de las artes, y existe hoy una permanente demanda del MUNT como un espacio de experimentación, donde proyectar algo que exceda sus límites, que expanda la mirada y el pensamiento; donde el riesgo sea un estímulo”, señalan Elina Valladares y Claudia Epstein, directora del museo y coordinadora de cultura de la UNT, respectivamente.

En otra de las salas, ciertamente pequeña, Díaz construyó un cubículo creando un espacio entre un tejido extendido con aberturas y un cielorraso en blanco y negro. Allí, los espectadores podrán posicionarse para que sus cabezas o brazos aparezcan entre los 50 agujeros distribuidos aleatoriamente. “Tiene connotaciones de abrigo pero es profundamente incómoda y provoca también una separación entre el cuerpo y la cabeza. Cuando se trasciende el aspecto lúdico de la pieza, la gente se va a dar una estrategia para seguir allí, generando una gran tensión”, puntualiza la artista tucumana que estudia en México.

Una pileta

Se camina unos metros más y está la última sala, divida en dos: en un primer espacio se montó una particular pileta vertical, de lona, en la cual entra una sola persona. “Esta pieza ensaya sobre temas como el rol de la ficción en la construcción de la realidad; la necesidad humana de controlarlo todo; el miedo; la supervivencia y la presencia del peligro en cosas que aparentemente son hechas para ser seguras”, contó el cordobés Martínez.

En esta obra, titulada “La esperanza y el peligro son amigos”, se pondrá a prueba cuánto de riesgo y de experimentación tiene el salón, porque nada garantiza que la lona plástica no se rompa y se derrame el agua.

A su lado se proyecta un conjunto de imágenes del video de Mónica Heller. “La nostalgia es un sentimiento retro”, “Es más fácil imaginar que las fiestas del siglo XXII se van a hacer de día que imaginar el fin del capitalismo” y “Los hijos de Steve Jobs creen que Steve Jobs es su padre”, son frases que funcionan como separadores de escenas. Con un fuerte tono pop se suceden las imágenes animadas. “En cada una de estas escenas se presentan diferentes personajes en grupos o en solitario dentro de paisajes que les son propios”, cuenta Heller. “Entre atmósferas melancólicas, alegría robótica y acciones maquínicas, ‘Del campo bailable al velatorio de guitarras ‘ se desenvuelve con un espíritu pop”, puntualiza la artista de Buenos Aires.

La representación

Pontón exhibe su instalación en otra sala, la primera desde el ingreso. En “El desplazamiento de la voluntad”, poco o nada se puede observar, excepto una inmensa lámina de plástico y una difusa mancha; la curiosidad despierta de esa aparente nada, junto con la profunda sospecha de que algo no estamos mirando. “Este trabajo reflexiona sobre las estrategias de representación, en sus limitaciones y en la distancia en la que permanecen los objetos del mundo. Al mismo tiempo la obra propone una especie de ficción materializada de la que el espectador participa, proyectando y completando la realidad de la obra”, añadió el porteño.

Distinciones

A cada uno de estos cinco artistas se le otorgó la suma de $15.000 para la realización del proyecto. Y el jurado integrado por Andrés Labaké, Aldo Ternavasio y Griselda Barale otorgará el Gran Premio de $50.000 el 26 en otra ceremonia, y una mención honorífica sin distinción ni orden de mérito.

Por primera vez en sus ediciones, este salón de arte contemporáneo admite proyectos y cualquier tipo de obra, incluso las efímeras de todas las disciplinas artísticas, las intervenciones y las de site specific, se precisó. El premio no es adquisición.

La única limitación estaba referida a las dimensiones del proyecto y a la cantidad de ideas que podía presentar cada artista.

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