Resulta imposible que Gabriela Paula Flores disocie el recuerdo de su abuelo con el de San Martín. Y resulta lógico. Cuando ella tenía ocho años, él la empezó a llevar a La Ciudadela, a la popular; y le contagió la pasión que sentía por el “Santo”. “Lo más fabuloso del mundo era compartir con él un partido en nuestra cancha. Ir a ver a San Martín era una fija. Fueron los mejores momentos de mi niñez”, contó. Agregó que, al principio, su abuelo la llevaba a ella y a sus hermanos. “Pero luego ellos dejaron de venir, y seguí yo sola”, destacó. Pero eso fue hasta que su hijo, Diego, cumplió seis años. Desde entonces, Gabriela, de 40 años, comenzó a llevarlo. De esto hace ya cinco años. “A veces viene con el padre, pero normalmente lo traigo yo porque lo mismo vengo... pasa que esto es una pasión, que va de la cuna al cajón”, explicó.
Al igual que ayer, con su abuelo, hoy Gabriela va con Diego a la popular. “No tenemos lugar fijo; eso sí, siempre nos alejamos de los sitios donde pensamos que puede haber problemas, y nos ubicamos en lugares más seguros”, precisa

Uno de los recuerdos más dulces que tiene ella es la celebración del primer ascenso a Primera, en 1988. Todavía pudo vivirlo con su abuelo, porque luego él se marchó. “Yo tenía 15 años cuando murió. Lo tuve poco tiempo, pero fue muy intenso”, afirmó.
Aun con aquel recuerdo dulce del 88, sabe que con el “Santo” se sufre. Pero no le importa. “Todo sufrimiento tiene su recompensa después. Así es ser hincha del ‘Santo’”, expresó.




