“Con un abrazo tucumano”

De esta manera finalizaba un mail de Tomás Eloy Martínez el 22 de junio de 2009, cuando estaba viviendo su último año de vida. Pero el texto estaba referido a sucesos ocurridos muchos años antes

28 Mayo 2017

Por Tulio Santiago Ottonello - Para LA GACETA - Tucumán

En julio de 1988, la Sociedad y Biblioteca Bartolomé Mitre de Monteros organizó una Feria del Libro, que se desarrolló desde el 1 hasta el 8 de ese mes. Entre otros actos, se contó en aquella oportunidad con la visita de tres escritores, enviados por la Secretaría de Cultura de la Nación. Se trataba de Tomás Eloy Martínez, Bernardo Ezquiel Koremblit y Abel Posse. Me tocó a mí atender a los dos primeros.

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Cumpliendo con la tarea, a primera hora recogí en un hotel céntrico a nuestro comprovinciano. Tras los saludos de rigor, me pidió que lo tuteara. Igualmente me pidió que lo llevara hasta la calle José Colombres, donde -me dijo- vivía su madre. Emprendimos luego el viaje a Monteros y la conversación fue sobre el cambio que advertía en la provincia donde, lo remarcó, hacía mucho tiempo no regresaba.

Almorzamos en Monteros en el Club Social, anexo a la Biblioteca. Por la tarde fue su conferencia, muy concurrida, porque todos querían conocer al autor de La Novela de Perón. En el viaje de regreso me preguntó dónde podía contratar una agencia de Turismo, que lo llevara a dar una vuelta por los alrededores de San Miguel, a él junto con su joven esposa y su pequeña hija. Me ofrecí a hacerlo y me agradeció invitádome a comer. Así lo llevamos a cabo el día siguiente y anduvimos por Raco, San Javier, El Siambón, y volvimos por el Potrero de las Tablas, lugar en el que dijo no haber estado nunca antes. Almorzamos en la hostería de San Javier, y tras los postres conversamos no menos de tres o cuatro horas. El tema obviamente era Perón, su novela, y las razones de su exilio anterior. López Rega, por medio de la Tripe A, había amenazado de muerte a su hijo mayor.

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Me preguntó si había leído sus libros, y le confirmé que varios de ellos, comenzando por Sagrado. Muy suelto de cuerpo le dije que no me había gustado. Se produjo un embarazoso silencio que duró muy poco. Estamos de acuerdo, me dijo, como al pasar. El resto sería muy largo de detallar. Le pregunté el porqué de la forma de novela que había adoptado en lugar de hacerlo como una biografía. Lo que pasa Tulio, dijo serio, es que los argentinos todavía no somos tolerantes. Y la forma novelada nos permite decir cosas que dichas de otra manera provocarían reacciones imprevisibles.

Me acordé que en la libreria de Kostzer, en ocasión en que se presentaba la biografia de Perón del norteamericano Page: todo había terminado con escenas de pugilato.

Cuando nos despedimos, ya en San Miguel de Tucumán, generosamente me dijo: Cuando publiques tu próximo libro, me regalas un ejemplar. Me dio su tarjeta y su dirección. Pasaron los años y publiqué Doña Gimena la Avara y sus veinte Doncellas, una novela, y Nueva Historia de Monteros, sobre mi ciudad natal. Era junio del 2009. Habían pasado ya tantos años, que difícilmente podía acordarse de aquella lejana entrevista. Por otra parte, ya estaba enfermo del mal que terminó con su vida. Pero lo hice igual. La encomienda vino de vuelta. Había cambiado de domicilio en Buenos Aires. Por medio de un amigo común logré saber el que por entonces era su domicilio, en la avenida Pueyrredón. Pocos días más tarde recibí el siguiente e-mail fechado el 24 del mismo mes.

“Estimado Tulio: Muchas gracias por los libros y sobre todo por tu maravillosa memoria. Voy a leer Doña Gimena apenas despeje un poco las malezas de mi tiempo. Tengo mucha curiosidad por cómo encarás ese curioso momento histórico. Me sorprendiste con un recuerdo tan pormenorizado de mi viaje a Tucumán. Me acuerdo muy claramente de la presencia de Koremblit y, por supuesto, me acuerdo de la travesía en la que tan generosamente nos llevaste a mi mujer y a mi hija por los más lindos lugares de Tucumán. Mi mujer, por desgracia, murió unos pocos años después en un accidente de tránsito en los Estados Unidos. Agradezco tu opinión sobre Sagrado. Tanto la comparto que me he negado a que la reediten. Inclusive ahora, cuando mi editor está relanzando todos los libros que he escrito en lo que Alfaguara llama la Biblioteca TEM, no he querido que se resucitaran ni siquiera fragmentos de ese libro. La persona que lo escribió ya no soy yo. Tal vez el exilio me haya convertido en otro y, sin duda, mi comprensión de la literatura es diferente. En cuanto a Doña Gimena y a tu Nueva Historia de Monteros, permíteme decirte que toda historia es a la vez en serio y en broma, como bien lo sabe Falucho Luna. El conocimiento del pasado nos enriquece, nos completa, a la vez que nos entretiene. Espero volver a Tucumán en 2009, y guardo tu dirección y tu teléfono para llamarte en ese momento. Con un abrazo tucumano, Tomás”.

No sé si el autor ha explicitado en otra parte su voluntad acerca de Sagrado. Por eso he creído conveniente hacer pública esta carta privada. Y al mismo tiempo mostrar su generosidad para con quien, aunque sea una sola vez en su vida, tuvo trato con él.

© LA GACETA

Tulio Santiago Ottonello - Escritor. Falleció en marzo de 2016.

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