Rodrigo lleva a la gente el consuelo de la palabra de Dios en medio de las bombas

Rodrigo Rojas tiene 40 años y es sacerdote del Instituto del Verbo Encarnado. Lleva a cabo su misión en Alepo, la ciudad siria arrasada por la guerra, muy cerca de la zona de la zona que ha sido tomada por la guerrilla.

-¿Hace cuánto que se fue a Siria y por qué?

- Llegué a Alepo en marzo de 2014 por orden de mi instituto religioso; allí me dedico a la asistencia pastoral de las familias que participan de las actividades de la iglesia de Al-Bishara (o Nuestra Señora de la Anunciación, en español), de la que soy encargado. La iglesia se encuentra en el tristemente famoso barrio de Al-Midan. Mi trabajo es la asistencia espiritual y la promoción de proyectos laborales para la gente.

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- ¿Se mantiene conectado con las cosas que pasan en Tucumán? ¿Qué cosas extraña?

- Sí. Por medio de mis familiares, con los que estoy en contacto permanente. Acá lamentablemente no hay empanadas ni asado...

- ¿De qué cree que debemos estar orgullosos los tucumanos y de qué no?

- Tucumán debe estar agradecido de haber nacido cristiano y debe avergonzarse de todas las veces que traiciona su identidad.

- ¿Qué le ha aportado a su formación el ser tucumano? 

- Yo soy tucumano de la Banda del Río Salí, y en estos 17 años de viajes y ayuda a la gente de Europa, África del norte y Oriente Medio las personas siempre agradecen y se quedan con una imagen positiva de los misioneros argentinos... y en mi caso argentino y tucumano. Con nuestro servicio como misioneros aportamos consuelo a la gente que asistimos y al mismo tiempo una buena imagen de los lugares de los que somos originarios.

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- ¿Cómo está viviendo la situación de Siria?

- Estábamos muy optimistas por los grandes adelantos en el ámbito político exterior y las victorias numerosas contra los terroristas en el interior, pero una vez más comprobamos claramente la falsedad de muchos países y su interés en que siga el terror en Siria con el apoyo encubierto a la terroristas y defendiéndolos con subvenciones. Acá en Siria nadie lo duda.   

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