¿De dónde viene la tristeza? Un motoUber reparte preguntas existenciales por Tucumán
Dioses, poetas y pastores se cruzan en “Antología de lo inexplicable o Las buenas intenciones”, la obra de teatro de Lucía Dzienczarski e Isaías Salvatierra. Quedan dos funciones: el 7 y el 14 de noviembre en La Sodería, con entradas desde $25.000.
Resumen para apurados
- Isaías Salvatierra protagoniza la obra 'Antología de lo inexplicable' en La Sodería, Tucumán, donde interpreta a un motoUber que cuestiona el sentido existencial.
- Dirigida por Lucía Dzienczarski, la obra nació como creación colectiva y aborda mediante el monólogo y el absurdo la realidad de los repartidores urbanos tras la pandemia.
- Con funciones el 7 y 14 de noviembre, la puesta fortalece el circuito teatral independiente tucumano e interpela al público sobre la incertidumbre y la resiliencia social.
Un casco que hace de máscara, un blazer blanco y unos mocasines que no combinan para nada con la lluvia. Con esa facha se para en escena el protagonista de “Antología de lo inexplicable o Las buenas intenciones”, la obra que se estrenó el sábado 24 de octubre en La Sodería Casa de teatro. Es un MotoUber. Lleva pedidos, personas y paquetes, y en el camino le da lo mismo ser delivery, poeta o pastor. Desde allí construye un universo de preguntas sobre la existencia, la tristeza, las creencias y la necesidad de encontrar respuestas cuando la realidad se vuelve difícil de entender.
La obra es independiente y nació de una dramaturgia colectiva de Lucía Dzienczarski y de Isaías Salvatierra. Ella dirige, él actúa, solo, de principio a fin. Un único cuerpo cambia de tonos de actuación, de voz y de ropa frente a un espejo, como quien se prueba personajes para ver cuál le queda mejor, o para llenar el tiempo que tiene mientras trabaja para otros. Las preguntas no se terminan y desde el primer minuto no frenan en un monólogo frenético.
El lugar también ayuda a la inmersión. Ubicada en Juan Posse 1.141, la Sodería funciona como espacio de teatro independiente desde 1994 y su patio parece un jardín escondido: paredes de ladrillo a la vista, plantas por todos lados y luces verdes y turquesas con forma de soda colgadas entre los árboles. Allí se puede comer o tomar algo antes o después de la función. Adentro, una pared amarilla sostiene máscaras, esculturas, ilustraciones y libros apilados en estantes, como en un taller de artista donde cada objeto tiene su historia.
Un MotoUber en busca de respuestas
Los motoUber se volvieron parte del paisaje urbano desde la pandemia. Llevan comida, paquetes y pasajeros en una economía cada vez más ajustada, y la obra los toma como punto de partida para preguntarse en qué cree uno cuando la plata no alcanza, las promesas se gastan y seguir adelante se vuelve un trámite.
Entre espejos y velas, apareun animador de acento brasileño que reparte consejos para sacarse la máscara y estirarla “como si fuese un chicle Bazooka”. Ahí mismo lanza una pregunta: ¿de dónde viene la tristeza? Su respuesta son unas hormigas que uno se come, y también trae consejos para evitarlas. Después llega un tucumano que cuenta su pelea en un gomón contra una bestia con trompa gigante, y más tarde un monólogo que repite “van a por nosotros” hasta marear. Las risas llegan rápido, y los golpes de realidad también.
En medio del vértigo hay una escena más quieta. “Somos hormiguitas, chiquititas”, dice el personaje, y explica que le gustan porque “van todas juntas, hay lugar para todos”. La frase pesa más en boca de un motoquero que tiene que hacerse su lugar en la calle, a la intemperie, abriéndose paso entre los autos. La música suma otra capa a la puesta. Suenan Penumbras, de Sandro, y Preciso Me Encontrar, de Cartola, en una combinación que acompaña los distintos tonos del monólogo.
Hacia el final queda flotando la idea de que todavía se puede imaginar otro mundo. La obra invita a sacarse o reubicar las máscaras que cada uno lleva y a revisar las certezas que hereda. ¿Qué pasaría si nos permitiéramos vivir sin tener todo resuelto? El cuerpo sale con una sensación rara, lleno de imágenes y de preguntas. Pero también vacío, con lugar para imaginar todo lo que aún puede pasar, con buenas intenciones y sin miedo.
Las próximas funciones serán el 7 y el 14 de noviembre, a las 21.30, en La Sodería Casa de teatro (Juan Posse 1.141). Entrada general $25.000 y promo 2x $40.000. Reservas al 3816 16-4827.
Ficha técnica: Actuación: Isaías Salvatierra. Dirección: Lucía Dzienczarski. Dramaturgia colectiva: Dzienczarski/Salvatierra. Diseño gráfico: Leandro Nieva. Diseño espacial: Ximena Escalante Stambole. Producción: Belinda Quinteros.












