Deplorable abandono del Palacio de los Deportes

18 Abril 2017
Es uno de los sustantivos de nuestra clase gobernante, especialmente en lo que patrimonio se refiere. La ex sede de Rentas -San Martín y Maipú-, la ex estación ferroviaria El Provincial, el ex edificio del Banco Hipotecario -San Martín y Junín-, El Buen Pastor -Mendoza al 800-, son algunos ejemplos de inmuebles públicos de San Miguel de Tucumán que se mantienen cerrados o en estado de abandono, esperando tal vez que el tiempo les dé un empujón para convertirse finalmente en escombros. “El olvido es el hermano ausente de la memoria”, afirma el escritor holandés Cees Nooteboom. En una situación similar se halla el Palacio de los Deportes, que fue inaugurado el 24 de septiembre de 1976.

En nuestra edición del domingo le dedicamos un amplio espacio a este gigante enclavado en el Parque 9 de Julio, que se debate entre la suciedad y la lenta destrucción de sus instalaciones, incluyendo el techo. La crónica señala que casi todas las butacas de hormigón fueron blanco del desmantelamiento y las que quedaron están destruidas. El agua se acumula entre las filas de cemento que servían para que se sentara el público y la humedad hizo propagar a los helechos que trepan las paredes como enredaderas sin control. Ya no hay ni personal a cargo, nadie custodia al Palacio.

El subsecretario municipal de Planificación Urbana dijo que está en los planes una restauración que costaría más de $100 millones, para lo cual se solicitaría ayuda internacional. “La primera tarea será hacer directamente nuevo el sector de cubierta; la segunda, es generar las áreas que hoy no tiene o que son insuficientes y que tienen que ver con vestuarios, baños, zonas de calentamiento, y el cerramiento”, dijo.

Ya desde la cuna, acarrea problemas el estadio con capacidad para 5.000 personas. Su construcción se inició en 1962 pero se paralizó. En agosto de 1976, el entonces gobernador Antonio Bussi ordenó que en 30 días la obra fuera concluida por personal civil y militar. La estructura del techado de 4.000 m2 se efectuó en apenas cuatro días. A partir de su inauguración, el Palacio funcionó en forma intermitente y tuvo largos períodos de abandono. En abril de 1989, el autor del proyecto del Anfiteatro Parque 9 de Julio -llamado luego Palacio de los Deportes-, el arquitecto Enrique Gallardo Vázquez, se quejó porque su iniciativa no había sido respetada con fidelidad.

En octubre de 1994 se anunció que un concesionario privado invertiría U$S 1,3 millón para remodelar y reactivar el complejo, pero nada sucedió. En 1999, en la gestión del intendente Oscar Paz, una firma propuso recuperarlo en ocho meses. El proyecto contemplaba también la erección de un centro de convenciones para 1.500 personas; todo quedó en la nada. En junio de 2011, el actual funcionario municipal anunció entonces que la refacción demandaría una inversión de $10 millones y que esperaban reinaugurarlo en el año del Bicentenario de la Independencia.

Es lamentable que en los últimos lustros nada se haya hecho en concreto para poner en condiciones este coloso que seguramente otras ciudades estarían orgullosas de tenerlo. Ello refleja una actitud de desidia de nuestra clase dirigente que a menudo abandona parte del valioso patrimonio y lo deja librado a la vandalización y a la destrucción, de manera que cuando este sea irrecuperable, no haya otra solución que demolerlo. Sería saludable que alguna vez los proyectos se convirtieran en hechos y no en olvido.

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