Preocupa el sedentarismo y la obesidad en los menores

14 Abril 2017

Lo que antes era visto con simpatía, ahora se ve con preocupación. Los que llevan guardan algunos años en su mochila recordarán aquella balada que popularizó el Dúo Juan & Juan: “toda la gente te tiene loco con que estás gordo, ¡qué gordo estás!, no comas tanto, cuidate un poco si no paras vas a reventar... la pinta es lo de menos, vos sos un gordo bueno, alegre y divertido, sos un gordito simpaticón...” Sin embargo, los tiempos cambiaron y la obesidad empezó a mirarse como una enfermedad peligrosa. Es uno de los cuatro factores de mayor riesgo de muerte y más de 3,2 millones de muertes anuales pueden atribuirse a ella. El sedentarismo comenzó a ganar espacio en la vida cotidiana con el desarrollo del confort y de la tecnología que modificaron en buena medida los hábitos de la sociedad.

En febrero pasado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló en un informe que el 80% de los menores en edad escolar no realiza actividad física a nivel mundial. El porcentaje preocupa porque el sedentarismo es la causa principal de otras dolencias. Las personas que no realizan ningún tipo de actividad física son más propensas a sufrir paros cardíacos, diabetes, hipertensión, osteoporosis, depresión y sobrepeso.

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Muchos chicos tucumanos no realizan actividad física o esta es mínima; no desayunan saludablemente o directamente no lo hacen; consumen excesivamente gaseosas y productos panificados (grasa, hidratos de carbono, mucha sal); no ingieren la cantidad adecuada de frutas y verduras ni beben los dos litros necesarios de agua diarios. Comen pesado a la noche, hábito que contribuye a fijar las grasas consumidas.

En agosto de 2012, divulgamos un trabajo de la Sociedad Argentina de Pediatría, filial local, que indicaba que el 40% de los chicos tucumanos sufría sobrepeso y un sector importante padecía de obesidad. Más de la mitad de los niños consultados ni siquiera pasaba una hora por semana al aire libre con sus amigos; y destinaba menos de una hora, de lunes a viernes, a actividades físicas extra escolares. En cambio, pasaba frente al televisor unas 18 horas semanales. El Programa de Salud Escolar, a su vez, había realizado ese año un seguimiento a 7.000 alumnos de la escuela primaria, de establecimientos ubicados en barrios periféricos de San Miguel de Tucumán, y concluyó que los índices de obesidad y sobrepeso llegaban al 20%.

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En algunas oportunidades, hemos sugerido en esta columna, entre otras cosas, que podría implementarse la materia educación para la salud en la primaria; incrementar las horas de educación física, impulsar la realización de competencias interescolares en atletismo, natación, básquet, o bicicleteadas educativas por lugares históricos o sitios de interés de la ciudad. Formar gabinetes itinerantes que detecten a los chicos con sobrepeso y que trabajen con los docentes y los padres. Educar a las madres desde el embarazo. El Ministerio de Educación podría firmar un convenio con el Departamento de Teatro de la UNT o la Escuela Provincial de Títeres para que sus estudiantes realizaran creaciones colectivas u obras didácticas que podrían ponerse en escena en escuelas, paseos públicos, centros vecinales o en otros ámbitos. Si se elaborara una política de Estado que surgiera de las áreas de salud, educación y deportes, y se la aplicara en forma coordinada, posiblemente los índices de obesidad disminuirían y se mejoraría la calidad de vida de miles de chicos.

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