
Lo que antes era visto con simpatía, ahora se ve con preocupación. Los que llevan guardan algunos años en su mochila recordarán aquella balada que popularizó el Dúo Juan & Juan: “toda la gente te tiene loco con que estás gordo, ¡qué gordo estás!, no comas tanto, cuidate un poco si no paras vas a reventar... la pinta es lo de menos, vos sos un gordo bueno, alegre y divertido, sos un gordito simpaticón...” Sin embargo, los tiempos cambiaron y la obesidad empezó a mirarse como una enfermedad peligrosa. Es uno de los cuatro factores de mayor riesgo de muerte y más de 3,2 millones de muertes anuales pueden atribuirse a ella. El sedentarismo comenzó a ganar espacio en la vida cotidiana con el desarrollo del confort y de la tecnología que modificaron en buena medida los hábitos de la sociedad.
En febrero pasado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló en un informe que el 80% de los menores en edad escolar no realiza actividad física a nivel mundial. El porcentaje preocupa porque el sedentarismo es la causa principal de otras dolencias. Las personas que no realizan ningún tipo de actividad física son más propensas a sufrir paros cardíacos, diabetes, hipertensión, osteoporosis, depresión y sobrepeso.

Muchos chicos tucumanos no realizan actividad física o esta es mínima; no desayunan saludablemente o directamente no lo hacen; consumen excesivamente gaseosas y productos panificados (grasa, hidratos de carbono, mucha sal); no ingieren la cantidad adecuada de frutas y verduras ni beben los dos litros necesarios de agua diarios. Comen pesado a la noche, hábito que contribuye a fijar las grasas consumidas.
En agosto de 2012, divulgamos un trabajo de la Sociedad Argentina de Pediatría, filial local, que indicaba que el 40% de los chicos tucumanos sufría sobrepeso y un sector importante padecía de obesidad. Más de la mitad de los niños consultados ni siquiera pasaba una hora por semana al aire libre con sus amigos; y destinaba menos de una hora, de lunes a viernes, a actividades físicas extra escolares. En cambio, pasaba frente al televisor unas 18 horas semanales. El Programa de Salud Escolar, a su vez, había realizado ese año un seguimiento a 7.000 alumnos de la escuela primaria, de establecimientos ubicados en barrios periféricos de San Miguel de Tucumán, y concluyó que los índices de obesidad y sobrepeso llegaban al 20%.

En algunas oportunidades, hemos sugerido en esta columna, entre otras cosas, que podría implementarse la materia educación para la salud en la primaria; incrementar las horas de educación física, impulsar la realización de competencias interescolares en atletismo, natación, básquet, o bicicleteadas educativas por lugares históricos o sitios de interés de la ciudad. Formar gabinetes itinerantes que detecten a los chicos con sobrepeso y que trabajen con los docentes y los padres. Educar a las madres desde el embarazo. El Ministerio de Educación podría firmar un convenio con el Departamento de Teatro de la UNT o la Escuela Provincial de Títeres para que sus estudiantes realizaran creaciones colectivas u obras didácticas que podrían ponerse en escena en escuelas, paseos públicos, centros vecinales o en otros ámbitos. Si se elaborara una política de Estado que surgiera de las áreas de salud, educación y deportes, y se la aplicara en forma coordinada, posiblemente los índices de obesidad disminuirían y se mejoraría la calidad de vida de miles de chicos.







