Un tributo al artista de la risa y de la emoción

Un libro recorre la carrera de Carlos Vogt, creador de Pepe Sánchez y “Mi novia y yo”.

EL JAMES BOND CRIOLLO. Un antihéroe con todas las letras, fanático de Chacarita y de eterna pose canchera. EL JAMES BOND CRIOLLO. Un antihéroe con todas las letras, fanático de Chacarita y de eterna pose canchera.
12 Abril 2017

El libro que recopila la carrera de Carlos Vogt se presentará hoy a las 20 en el Centro Cultural Rougés (Laprida 31). Junto al editor, Daniel Ferullo, participarán en la mesa de debate el artista plástico Pablo Iván Ríos y el dibujante y humorista gráfico Sejo. Vogt no pudo venir, pero envió un audio con un saludo que  se escuchará durante el acto.


Daniel Ferullo define a Carlos Vogt como el “maestro de la comedia” de la historieta argentina. Es inevitable imaginar a Pepe Sánchez y a Tino Espinoza asintiendo con una gran sonrisa dibujada a golpe de pincel. Esos emblemáticos personajes hicieron de Vogt un referente, cuya obra nutrió la imaginación de generaciones de argentinos gracias a revistas tan añoradas como El Tony, Intervalo y D’artagnan.

Claro que la obra de Vogt es mucho más amplia y a ella está dedicado el segundo tomo de la Colección Historietistas, de ediciones Ferullo Burke. Si la primera entrega había rescatado a Gianni Dalfiume, con su incombustible Jackaroe, en esta campea a sus anchas el universo de Vogt, un espacio alimentado mayormente por figuras urbanas y en el que brilla la interacción con el genial guionista Robin Wood.

Vogt hizo los palotes de la profesión en la más maravillosa de las escuelas del cómic: Misterix, Rayo Rojo, Frontera y Hora Cero, núcleo de revistas por las que pasaron los mejores dibujantes y escritores argentinos. De allí dio el salto a editorial Columba, donde nacieron “Mi novia y yo” (1968), “Pepe Sánchez” (1975) y “Mojado” (1984), todos con esa marca registrada que garantizaba el deleite antes de sumergirse en la lectura: guión de Wood, dibujos de Vogt.

“Dibujante argentino, autodidacta”. Así se presenta Vogt, que vive en Buenos Aires, ya retirado de la historieta pero fiel a su pasión por la pintura y siempre atento cuando se habla de golf o de cine clásico.

Vogt cuenta de su amistad con los gigantes del género -Héctor Oesterheld, Hugo Pratt y Ray Collins- en la entrevista que abre el volumen. También de la génesis de sus personajes y del efecto que ellos generaban entre los lectores. Por ejemplo, revela que a partir de “Cuentos de Almejas” había insistentes llamados a la editorial preguntando dónde quedaba ese pueblo. En realidad, lo habían inventado junto a Pedro Mazzino. Y en el cierre describió el final de su etapa en Columba, empresa que cerró poco después de su partida.

El estilo de Vogt -limpio, preciso, detallista, magnífico en la tarea de conseguir el máximo de gestualidad con economía de trazos- genera admiración, más allá de las inclinaciones artísticas de quienes lo siguieron. Carlos Nine narra cómo fue su primer encuentro con Vogt. “Yo creía, viendo sus dibujos, que era un artista viejo, muy experimentado -reveló-. Pero no, este era casi un pibe y dibujaba de taquito, casi sin despeinarse y con una seguridad pasmosa”.

Si bien la comedia fue el patio de juegos elegido por Vogt, también incursionó en otras zonas del cómic. Disfrutaba con el western (“Joe Gatillo”, “El implacable”, “Cachas de oro”, “Lucky Yank”, “Doc Carson”, “Brusco”, “El Quebrado”), pero hizo además historietas para chicos, dramas -como el del boxeador Mojado y los “Cuentos de Almejas”- y hasta policiales (“Larry Trenton”).

“Decidimos crear un James Bond criollo y elegimos como imagen a un mozo de café al que había que traer con un tractor para que nos atendiera”, cuenta Robin Wood. De “Pepe Sánchez”, genio y figura, el libro regala un episodio completo, en un insert que incluye un capítulo de “Joe Gatillo”. Y también hay mucho “Mi novia y yo”. Es el legado de Vogt, precioso e inestimable.

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