09 Abril 2017 Seguir en 
“La mejor manera de no tener graduados en la universidad es el ingreso irrestricto”. La frase de Alieto Guadagni (especialista en Educación) descoloca. Argentina aprobó en octubre de 2015 una modificación a la Ley de Educación Superior (N° 24521) para asegurar el acceso “libre e irrestricto” en todas las universidades públicas del país. Muchas tuvieron que modificar sus planes de estudio; incorporar un ciclo común básico de ingreso e invertir varias horas de reuniones. Por ejemplo, la Universidad Nacional de Tucumán.
“¿Cuál es la preocupación de un estudiante secundario?”, la pregunta no espera una respuesta. “El viaje de egresados. En cambio un chico de Brasil o Colombia a esta hora está preparando su examen de ingreso a la universidad”, resume Guadagni y agrega que la Argentina es uno de los países con menos graduación universitaria.
“Estamos mandando los pibes al matadero. El futuro va a ser muy jorobado porque es un futuro científico y tecnológico. No va a haber inversión en los países en los que no hay capital humano por mas minería y recursos naturales que tenga”, asegura Guadagni, de profesión contador. Entre los 80 y los 90 fue funcionario: ministro de Obras Públicas (Buenos Aires), de Industria y Minería entre los 80 y los 90. Además, fue profesor universitario y también embajador en Brasil. Hoy es miembro de la Academia Nacional de Educación y director del Centro de Estudios de la Educación Argentina (CEA) de la Universidad de Belgrano.
La charla con LA GACETA tenía como eje los resultados de un estudio del CEA, que señala que nuestro país tiene 359 horas anuales de clase menos que los chilenos y 120 menos que los brasileños.
Se dictan apenas 680 horas anuales “reales”, dice el estudio publicado por la Universidad de Belgrano, si se tiene en cuenta que a las 720 horas correspondientes a 180 días de clase, hay que restarle aún los 10 días de paros (40 horas menos) que promedia la educación pública en nuestro país para cada uno de los últimos 10 años.
Esta realidad es la que nos pone en desventaja respecto de otros países de la región, según el experto. Los resultados de las pruebas Aprender parecieran una confirmación.
- ¿Es todo cuestión de cantidad de horas de clase?
- No, pero menos horas de clase aseguran el atraso.
- El ideal es Finlandia y allí solo tienen 632 horas de clase...
- En Finlandia no hay villas miserias, no hay barrios marginales ni excluidos socialmente. Un chico finlandés queda conectado en su casa con la maestra porque tiene un sistema informático. Allí no se puede ser maestro en Finlandia si no estás entre el 10% de los mejores estudiantes secundarios. Además, tienen algo que en Argentina se prohibió: examen de ingreso.
- ¿Le parece mal el acceso libre?
- Esa ley es un disparate porque asegura el atraso. Todos los países que tienen ingreso a la universidad tienen más graduación secundaria que nosotros. Especialmente donde gobierna la izquierda, como Cuba o Nicaragua.
- ¿Cómo se levanta la calidad educativa?
- A corto plazo, tomándose en serio el calendario escolar. Cumplir con la ley (N° 25.864) que dice 180 días de clases y que si no se puede cumplir con esta cantidad se lo compensará, como señala el artículo dos.
- ¿Y para seguir?
- Lo más difícil, que es la carrera del docente. Hay que asegurar que los mejores estudiantes secundarios sean los maestros del mañana. Debería ser muy difícil de ingresar, muy selectiva. Esto también implica que los maestros deben ser los mejores sueldos de la administración pública. Tendría que ser más difícil recibirse de maestro que de abogado, pero deben ganar más que los abogados de la administración.
- Usted propone una revolución...
- No hay progresos en la educación si no hay cambios radicales. La Ley 1.420 fue una revolución y la hicieron un sanjuanino y un tucumano (Sarmiento y Roca). ¿Sabés lo que fue poner como obligatoria la escuela primaria? No la tenían muchos países en América Latina. Fue una verdadera revolución.
- ¿Qué es hoy ser analfabeto?
- La exigencia mínima hoy es terminar la escuela secundaria. Somo un país que hoy que tiene menos graduación que Bolivia, Paraguay, Chile, Perú, México, Costa Rica, Brasil. Estamos undécimos en el ranking.
Inquieto
“¿Me esperás? Te voy a dar los datos de Tucumán”, se lo nota inquieto. Las cifras que maneja es que en 2004 ingresaron a un primer grado estatal 29.324 chicos y se recibieron en 2015 del secundario, solo 9.256. “De 100 solo terminaron el secundario 31”, reitera.
En cambio, ingresaron a un primer grado privado en 2004: 5.683 chicos y egresaron en 2015: 4.797. “Quiere decir que de 100 egresaron 84”. Estas cifras son lo que Guadagni define como un monumento a la desigualdad. También disminuyó la cantidad de niños tucumanos que se matricularon en las escuelas estatales en estos últimos años. En 2003 había 29.993 chicos en primer grado, mientras que en 2015 había 23.065 (un 23% menos). ¿Y la cantidad de docentes? Guadagni explica que somos el país con mayor proporción docente-alumno (un cargo cada 12 alumnos, mientras que Colombia o Chile tiene uno cada 20 y jornada extendida).
- ¿Qué opina del rumbo educativo de esta gestión?
- En política educativa la veo que ha hecho cosas mejores. Los resultados de Aprender son patéticos por la desigualdad, en especial por zonas. Hay que lograr concentrar los recursos en la formación de docentes. También en el cumplimiento de la jornada extendida porque hoy solo el 13% de las escuelas la tiene. Tucumán está muy mal en jornada extendida.
- ¿Qué hay que hacer con los resultados de Aprender?
- Primero, derogar el artículo 97 de la Ley de Educación que prohíbe que se difundan los resultados por escuelas porque, supuestamente, se estigmatiza. Ningún país prohíbe esto. Pero además no hay demanda social ni de los medios por saber los resultados.
Según Guadagni para levantar el “bochazo” al menos hay que demostrar que las cosas empiezan a cambiar. “Me gustaría que la escuelas estén abiertas enero y febrero. No para impartir lengua y matemática, pero sí para hacer ejercicios y cosas útiles”. Recuerda que cuando cursó su primaria durante el primer gobierno de Perón en esos meses se seguía yendo a la escuela para practicar deportes y porque era un centro social.
“No estamos preparando a nuestros niños para afrontar el difícil desafío de este siglo globalizado”, insiste. El calendario escolar es uno de los más cortos del mundo. “Está cercenado por feriados, huelgas y gran ausentismo de los alumnos. Un niño cubano, colombiano o chileno que termina cuarto grado ya tuvo más horas de clase que la inmensa mayoría de los niños argentinos que concluye el ciclo escolar primario”.
“¿Cuál es la preocupación de un estudiante secundario?”, la pregunta no espera una respuesta. “El viaje de egresados. En cambio un chico de Brasil o Colombia a esta hora está preparando su examen de ingreso a la universidad”, resume Guadagni y agrega que la Argentina es uno de los países con menos graduación universitaria.
“Estamos mandando los pibes al matadero. El futuro va a ser muy jorobado porque es un futuro científico y tecnológico. No va a haber inversión en los países en los que no hay capital humano por mas minería y recursos naturales que tenga”, asegura Guadagni, de profesión contador. Entre los 80 y los 90 fue funcionario: ministro de Obras Públicas (Buenos Aires), de Industria y Minería entre los 80 y los 90. Además, fue profesor universitario y también embajador en Brasil. Hoy es miembro de la Academia Nacional de Educación y director del Centro de Estudios de la Educación Argentina (CEA) de la Universidad de Belgrano.
La charla con LA GACETA tenía como eje los resultados de un estudio del CEA, que señala que nuestro país tiene 359 horas anuales de clase menos que los chilenos y 120 menos que los brasileños.
Se dictan apenas 680 horas anuales “reales”, dice el estudio publicado por la Universidad de Belgrano, si se tiene en cuenta que a las 720 horas correspondientes a 180 días de clase, hay que restarle aún los 10 días de paros (40 horas menos) que promedia la educación pública en nuestro país para cada uno de los últimos 10 años.
Esta realidad es la que nos pone en desventaja respecto de otros países de la región, según el experto. Los resultados de las pruebas Aprender parecieran una confirmación.
- ¿Es todo cuestión de cantidad de horas de clase?
- No, pero menos horas de clase aseguran el atraso.
- El ideal es Finlandia y allí solo tienen 632 horas de clase...
- En Finlandia no hay villas miserias, no hay barrios marginales ni excluidos socialmente. Un chico finlandés queda conectado en su casa con la maestra porque tiene un sistema informático. Allí no se puede ser maestro en Finlandia si no estás entre el 10% de los mejores estudiantes secundarios. Además, tienen algo que en Argentina se prohibió: examen de ingreso.
- ¿Le parece mal el acceso libre?
- Esa ley es un disparate porque asegura el atraso. Todos los países que tienen ingreso a la universidad tienen más graduación secundaria que nosotros. Especialmente donde gobierna la izquierda, como Cuba o Nicaragua.
- ¿Cómo se levanta la calidad educativa?
- A corto plazo, tomándose en serio el calendario escolar. Cumplir con la ley (N° 25.864) que dice 180 días de clases y que si no se puede cumplir con esta cantidad se lo compensará, como señala el artículo dos.
- ¿Y para seguir?
- Lo más difícil, que es la carrera del docente. Hay que asegurar que los mejores estudiantes secundarios sean los maestros del mañana. Debería ser muy difícil de ingresar, muy selectiva. Esto también implica que los maestros deben ser los mejores sueldos de la administración pública. Tendría que ser más difícil recibirse de maestro que de abogado, pero deben ganar más que los abogados de la administración.
- Usted propone una revolución...
- No hay progresos en la educación si no hay cambios radicales. La Ley 1.420 fue una revolución y la hicieron un sanjuanino y un tucumano (Sarmiento y Roca). ¿Sabés lo que fue poner como obligatoria la escuela primaria? No la tenían muchos países en América Latina. Fue una verdadera revolución.
- ¿Qué es hoy ser analfabeto?
- La exigencia mínima hoy es terminar la escuela secundaria. Somo un país que hoy que tiene menos graduación que Bolivia, Paraguay, Chile, Perú, México, Costa Rica, Brasil. Estamos undécimos en el ranking.
Inquieto
“¿Me esperás? Te voy a dar los datos de Tucumán”, se lo nota inquieto. Las cifras que maneja es que en 2004 ingresaron a un primer grado estatal 29.324 chicos y se recibieron en 2015 del secundario, solo 9.256. “De 100 solo terminaron el secundario 31”, reitera.
En cambio, ingresaron a un primer grado privado en 2004: 5.683 chicos y egresaron en 2015: 4.797. “Quiere decir que de 100 egresaron 84”. Estas cifras son lo que Guadagni define como un monumento a la desigualdad. También disminuyó la cantidad de niños tucumanos que se matricularon en las escuelas estatales en estos últimos años. En 2003 había 29.993 chicos en primer grado, mientras que en 2015 había 23.065 (un 23% menos). ¿Y la cantidad de docentes? Guadagni explica que somos el país con mayor proporción docente-alumno (un cargo cada 12 alumnos, mientras que Colombia o Chile tiene uno cada 20 y jornada extendida).
- ¿Qué opina del rumbo educativo de esta gestión?
- En política educativa la veo que ha hecho cosas mejores. Los resultados de Aprender son patéticos por la desigualdad, en especial por zonas. Hay que lograr concentrar los recursos en la formación de docentes. También en el cumplimiento de la jornada extendida porque hoy solo el 13% de las escuelas la tiene. Tucumán está muy mal en jornada extendida.
- ¿Qué hay que hacer con los resultados de Aprender?
- Primero, derogar el artículo 97 de la Ley de Educación que prohíbe que se difundan los resultados por escuelas porque, supuestamente, se estigmatiza. Ningún país prohíbe esto. Pero además no hay demanda social ni de los medios por saber los resultados.
Según Guadagni para levantar el “bochazo” al menos hay que demostrar que las cosas empiezan a cambiar. “Me gustaría que la escuelas estén abiertas enero y febrero. No para impartir lengua y matemática, pero sí para hacer ejercicios y cosas útiles”. Recuerda que cuando cursó su primaria durante el primer gobierno de Perón en esos meses se seguía yendo a la escuela para practicar deportes y porque era un centro social.
“No estamos preparando a nuestros niños para afrontar el difícil desafío de este siglo globalizado”, insiste. El calendario escolar es uno de los más cortos del mundo. “Está cercenado por feriados, huelgas y gran ausentismo de los alumnos. Un niño cubano, colombiano o chileno que termina cuarto grado ya tuvo más horas de clase que la inmensa mayoría de los niños argentinos que concluye el ciclo escolar primario”.







