Variaciones en torno del olvido

09 Abril 2017

Poesía

Memorias del tiempo

HORACIO SALAS

(Editorial Lisboa - Buenos Aires) 

Memoria del tiempo (1962-69), del poeta, ensayista y escritor Horacio Salas, es el primer tomo de su poesía reunida, que incluye sus primeros cinco libros -El tiempo insuficiente, La soledad en pedazos, El caudillo, Memoria del tiempo y La corrupción-. Leídos así, siguiendo el orden cronológico de aparición, se notará en sus versos el sesgo borgeano. Herencia ineludible no tanto por los temas (que también merodean como ser: los patios silenciosos a la hora de la siesta, la biblioteca, los espejos y el barrio de Palermo, por ejemplo), sino por su factura estilística. Poemas claros, limpios: una poesía que tiene la elevada voluntad de narrar. La modulación de un decir preciso.

Ya desde el primer verso de su ópera prima, el entonces joven poeta ajusta el ritmo de su respiración –el acento de su voz- en favor de la exactitud de las palabras sin rebuscamientos. El tono casi elegíaco, es decir, el manejo de recursos idiomáticos sobrios en torno a una poética de fuerte inclinación por la temática amorosa. Como parte de la Generación Poética de los años 60, su compromiso con la época se concentra acaso en la atenuada coloquialidad de su sintaxis. Siempre bajo un aura sutil de melancolía (“Tu muerte me permite la intimidad del sueño”, como reza un verso). Un pathos tenue, sí, pero legítimo de su mágico misterio.

Sus líricas virtudes radican al hurgar en su mundo interior. La cadencia de sus puras y espontáneas expresiones en torno al transcurso del tiempo y sus efectos arraigados en la nostalgia. Paisajes de su infancia que el tiempo ha derrotado, y comienzan a borronearse en la memoria del poeta; los recuerdos infantiles; su madre que perdió siendo joven; pero también los seres queridos que ya no están: sus abuelos, y a su vez, lo que ellos soñaron, lo que cierta vez hicieron (o no, lo mismo da), puesto que Salas sabe que en poesía, todo es posible.

La ausencia opera como motivo esencial para la articulación de una serie de variaciones sobre la lucha contra la muerte, y su sombra: la dolorosa cruz del olvido. Pero también la soledad, la otra hermana gemela de la muerte. Se sabe, el tiempo es despiadado. Toda eternidad es provisoria. A pesar de ello, los mejores versos de Salas tienen la ilusión de una perdurabilidad que cumple ya 60 años.

© LA GACETA

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Augusto Munaro

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