“Tanto mujeres como hombres deberíamos ser egoístas generosos”

El escritor francés habla aquí sobre su policial Yeruldelgger, editado con el seudónimo Ian Manook, con el que ganó los premios Gulli, Elle y Quais du Polar. Es la historia de un comisario que debe resolver un homicidio, a partir del hallazgo del cadáver de una niña enterrada en las estepas de Mongolia. Manoukian explica también por qué publicó su primer libro recién a los 65 años y la causa por la que usó, en los que vinieron luego, diferentes seudónimos

EL DESAFÍO. Manoukian relata que durante 50 años escribió sin acabar nunca una obra. Hasta que su hija le dijo que ya no leería fragmentos, y él debió mandarle un manuscrito completo. CLARÍ.COM EL DESAFÍO. Manoukian relata que durante 50 años escribió sin acabar nunca una obra. Hasta que su hija le dijo que ya no leería fragmentos, y él debió mandarle un manuscrito completo. CLARÍ.COM
02 Abril 2017

Por Fabián Soberón - Para LA GACETA - Tucumán

- ¿Por qué elegiste Ulán Bator (Mongolia) para situar la novela Yeruldelgger?

- Escribí este thriller como consecuencia de una apuesta. Por aquel entonces no tenía ni idea de novela policíaca. Mis conocimientos en ese ámbito se quedaron en los años 80, con Forsyth, Le Carré o Ludlum, y jamás había leído novela policíaca francesa. Para este proyecto puse en práctica un método que suelo aplicar en mi oficio para escoger una foto, un título o una leyenda: para que una elección sea fuerte, tiene que ser a la vez pertinente e inesperada. Si solo es pertinente, es común, y si sólo es inesperada, el tema queda al margen. Por ejemplo, para ilustrar la India, una foto del Taj Mahal es pertinente, pero común. Una foto de un chaval indio practicando skate es inesperado, pero deja al margen el tema. En cambio, una foto de un joven indio haciendo skate delante del Taj Mahal representa una estampa interesante. Elegí pues para Yeruldelgger una trama dramática pertinente, más inspirada en las series de televisión que en las novelas, por un lado, y para el elemento inesperado busqué dónde situar la intriga. Tenía únicamente el deseo de lograr una atmósfera mineral, por eso investigué entre los últimos países dónde había viajado con mi familia, que contaban ese aire que podría ser interesante para ubicar Yeruldelgger. Estaba la Patagonia, pero Caryl Ferey, un escritor francés amigo mío, ya había ambientado allí dos novelas. O Alaska, pero ya existe una tradición larga de novelas situadas en esa región. O incluso Islandia, pero es más que evidente que muchos grandes nombres se ocupan ya de ese territorio. Y estaba Mongolia, país al que habíamos viajado en 2008 y cuya historia y belleza me habían impactado.

- Yeruldelgger puede pensarse como un investigador implacable, alguien que perdió una hija por mantener una investigación policial. Insobornable, desprecia la noche de sexo con una prostituta (cerca del final del libro), pero “se deja vencer” por el impulso místico. Su perfil es un curioso cruce de agilidad investigativa, reacciones violentas y respeto de las tradiciones. Es una especie de versión kantiana (por el imperativo ético) de algunos personajes que hizo Arnold Schwarzenegger. Esta es mi lectura de Yeruldelgger. ¿Podrías darme tu visión de Yeruldelgger?

- Yeruldelgger no se deja vencer por el impulso místico. Es místico en la medida en que es chamánico. Para mí hay una cosa muy clara: Yeruldelgger es Mongolia, y Mongolia es Yeruldelgger. Cuando hablo de una, hablo del otro. No obstante, el chamanismo se encuentra en la base de la cultura mongol, y es lo que a mi juicio encarna el punto fuerte de esta novela. En la cultura chamánica, todos los elementos fundamentales de la novela negra (la muerte, la violencia, la redención, el perdón, el destino) adoptan una aspereza ligeramente diferente que en nuestras culturas occidentales. Comprendí enseguida que esa aspereza conferiría una rugosidad característica a mi personaje. Al igual que su país, Yeruldelgger es un hombre que trata de dominar las derivas de la violencia contemporánea, sin dejar de respetar las tradiciones. Y el hecho de que no lo logre supone el eje central de la psicología del personaje. En el primer libro, Yeruldelgger demuestra con creces ser un hombre enfurecido. En el segundo, es un hombre enfurecido por estar furioso que pierde el norte. En el tercero y último, intenta recobrar la armonía perdida. Y en las tres entregas, al igual que su país, se muestra muy fuerte y frágil a la vez. Una roca que, a través de las grietas de sus heridas, puede vaciarse de toda su arena…

- Hay dos investigaciones que se entrecruzan en la novela: la de los crímenes de los chinos y la del cuerpo enterrado de una niña. China, la relación de Mongolia con China y la participación de los coreanos, aparece como un asunto que, de alguna forma, presenta la escena política contemporánea. ¿El policial, la novela negra, da cuenta de lo que sucede en la realidad social? ¿Te interesa que la ficción se «contamine» con la realidad?

- En primer lugar, me gusta escribir sobre países por los que he viajado y, por tanto, sobre países que me gustaron. Y si tanto me gustaron esos países fue porque me interesé por lo que verdaderamente son. Ésa es la razón por la que siempre construyo mis historias en tres planos. El primero es el argumento dramático. El segundo, el entorno cultural que sirve de marco y de complemento a la intriga y justifica ciertos giros. El tercero es siempre un trasfondo geopolítico. En la primera novela, el saqueo de los recursos minerales de Mongolia y la corrupción que acarrea. En la segunda, el tráfico de personas o de mercancías y la tentación de un golpe de Estado militar. En la tercera, el problema de la sobreexplotación de los recursos hídricos que, en mi opinión, desencadenarán graves conflictos a nivel regional en un futuro. Toda literatura debe ser comprometida.

- En la novela, la sombra del abuelo asesino (el poder económico político es más importante que el vínculo parental) muestra una perspectiva cruel de la condición humana. ¿Qué idea tiene Ian Manook del hombre? ¿Coincide con la perspectiva pesimista de la novela?

- Es bastante complicado de explicar pese a que, en el fondo, tiendo a ser optimista. Recientemente he hecho un cursillo de primeros auxilios con toda mi familia. Lo primero que te enseñan en estos cursos, antes que nada, es que la persona que proporciona socorro debe ponerse inmediatamente a salvo. Un socorrista herido, o muerto, no hace más que mermar las oportunidades de supervivencia de aquel al que debía dar auxilio. Para poder ayudar a otros, por tanto, primero tiene uno que pensar en sí mismo, algo que podría parecer egoísta. Por eso, para lo que me atañe, hablo de egoísmo generoso. Pienso que tanto mujeres como hombres deberíamos ser egoístas generosos.

- La historia siempre se escribe desde el presente, escribe Enzo Traverso. ¿El grupo neonazi liderado por el violento Adolf es un eco de la situación europea actual o es un producto de la imaginación?

- No sé si ese bar nazi existe todavía, pero en 2008 y en los años que siguieron sí que existía. Te podías tomar una cerveza servida por hombres en uniforme de las SS y rodeado de retratos de Hitler. Sin embargo, no podían calificarse de nazis auténticos. No eran más que una pandilla de imbéciles ultranacionalistas que habían dado con una manera de manifestar su odio hacia los chinos. Pero sin ideología, sin una cultura política bajo el barniz nazi. Jamás he dado el nombre ni la dirección de ese bar para no promover un turismo morboso. Pero remito al lector a las páginas de mi novela donde pongo en boca de dos de mis protagonistas lo que opino de ese “nazismo de opereta”.

- Imperturbable, Yeruldelgger es un “purista” moral en relación con la investigación y la búsqueda de justicia pero no se ruboriza frente a la posibilidad simultánea del amor de dos mujeres, Oyun y Solongo. ¿Podría hablar de esto?

- Siempre he querido crear personajes femeninos potentes. De hecho, cuando Yeruldelgger pierde el norte en la segunda novela, para mí es evidente que el personaje de Oyun se convierte en la protagonista. No me parece que Yeruldelgger sea un “purista” moral porque la moral chamánica no es igual que nuestra moral judeocristiana. Paralelamente a la noción de muerte nómada, allí existe una noción de “amor nómada” que desarrollo en el tercer libro y que explica muchas cosas. Por otro lado, Yeruldelgger tiene un único amor, y ese amor es Solongo, ¿no?

- ¿Por qué eligió un seudónimo para formar la novela Yeruldelgger? ¿Hay alguna razón estética o ética?

- Como ya he dicho, publico como consecuencia de una apuesta con mi hija pequeña. Durante 50 años escribí sin acabar nunca nada. Cada día escribía algo, de temas o géneros muy diferentes. Cuando Zoé tuvo edad para leer lo que escribía, le mostraba cada noche lo que había escrito durante la jornada. Luego, con 19 años, decidió irse a vivir a Buenos Aires, y yo le pregunté si quería que siguiera mandándole por e-mail lo que escribía. Pero se hartó. Estaba cansada de leer únicamente fragmentos, de no conocer el destino de los personajes, etc. Me dijo que no leería nada más hasta que no tuviera un manuscrito completo. Acepté el desafío y le dije que escribiría dos libros al año, cada uno de un género y bajo un seudónimo nuevo cada vez. Hice una lista: ensayo, novela juvenil, novela literaria, thriller, saga histórica, novela social… Y resulta que funcionó. Publiqué en 2012 un ensayo sobre mis viajes (El Tiempo del Viaje, con mi verdadero nombre, Patrick Manoukian), luego una novela juvenil (que recibió el premio a mejor novela juvenil de 2012) con el nombre de Paul Eyghar, después una novela literaria bajo el nombre de Jacques Haret (de próxima publicación), y Yeruldelgger bajo el nombre de Ian Manook. De hecho, al principio sólo quería utilizar alias que tuvieran sentido fonético en portugués de Brasil (Paul Eyghar = polegar, «pulgar»; Jacques Haret = jacaré, «caimán») pero un pseudónimo latinoamericano no funcionaba para un thriller mongol. Por eso escogí Manook, porque así es como me llama todo el mundo desde mi infancia. Luego el nombre se impuso solo: tomé el “ian” de Manoukian, y lo puse por delante…

© LA GACETA

PERFIL

Patrick Manoukian nació en Meudon, Francia, en 1949. Obtuvo una licenciatura en ciencias políticas en la Sorbonne y una en periodismo en el Instituto francés de la Prensa. Escribió en Figaro y fue redactor jefe de Telé Guide. Publicó policiales, libros de viajes y novelas. La versión en castellano de Yeruldelgger es de Salamandra.

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