11 Abril 2004 Seguir en 
Con la llegada del otoño aparecieron nuevas variables que están mostrando fuerte incidencia y hasta la posibilidad de alterar la actividad económica en los próximos meses.
Las protestas por la inseguridad y por la suba de tarifas no son temas menores. Se potenciarán en el futuro por la percepción de la ciudadanía, que vislumbra la fragilidad del orden que se está reconstruyendo.
Las ruedas de la Bolsa de Buenos Aires reciben en cada jornadas muchos datos de la realidad, pero los ingredientes políticos se muestran como decisivos.
En el tema de la seguridad, el Gobierno tendrá que disponer de lo conveniente para atender la contingencia y la necesidad de proteger a todos, a lo largo del país. Ahora se redujo -velozmente- el margen para actuar y tomar decisiones.
Mientras tanto, en el caso de las tarifas de los servicios, el Ejecutivo no supo ver con anticipación los indicios de lo que puede suceder, un apagón, lo más temido.
El reproche está a la vista y la ciudadanía le exige al presidente Néstor Kirchner que sea previsible. Este constituye un desafío mayor al de construir poder -que era necesario-, objetivo del que tanto alardeó, con nostalgia setentista, en su memoria parcial.
Un invierno diferente
En marzo hubo un momentos clave y ahora la suba en la carne, vinos, GNC y otros van anticipando un invierno distinto al anterior, aunque difícilmente se desborde.
Junto al freno del sostenido avance de la imagen presidencial, también el consumidor ya tiene menos expectativas, porque la suba de algunos precios le quita confianza. Marzo nunca fue un mes de ahorro, en él siempre se privilegió el consumo. Pero en abril, sin variaciones por el lado de los ingresos, el bolsillo sigue a la baja. El mercado lo nota en los bancos que perdieron certificados de plazo tradicional y con los ahorristas más avispados, que colocaron en los que se ajustan por el CER.
En la Bolsa, en una semana corta, las acciones líderes cedieron, mientras que los títulos que ajustan por inflación subieron. Esto muestra cómo se protegen los inversores en la búsqueda de renta, si es posible mensual y en efectivo. Pero el cortoplacismo no es lo mejor.
Las protestas por la inseguridad y por la suba de tarifas no son temas menores. Se potenciarán en el futuro por la percepción de la ciudadanía, que vislumbra la fragilidad del orden que se está reconstruyendo.
Las ruedas de la Bolsa de Buenos Aires reciben en cada jornadas muchos datos de la realidad, pero los ingredientes políticos se muestran como decisivos.
En el tema de la seguridad, el Gobierno tendrá que disponer de lo conveniente para atender la contingencia y la necesidad de proteger a todos, a lo largo del país. Ahora se redujo -velozmente- el margen para actuar y tomar decisiones.
Mientras tanto, en el caso de las tarifas de los servicios, el Ejecutivo no supo ver con anticipación los indicios de lo que puede suceder, un apagón, lo más temido.
El reproche está a la vista y la ciudadanía le exige al presidente Néstor Kirchner que sea previsible. Este constituye un desafío mayor al de construir poder -que era necesario-, objetivo del que tanto alardeó, con nostalgia setentista, en su memoria parcial.
Un invierno diferente
En marzo hubo un momentos clave y ahora la suba en la carne, vinos, GNC y otros van anticipando un invierno distinto al anterior, aunque difícilmente se desborde.
Junto al freno del sostenido avance de la imagen presidencial, también el consumidor ya tiene menos expectativas, porque la suba de algunos precios le quita confianza. Marzo nunca fue un mes de ahorro, en él siempre se privilegió el consumo. Pero en abril, sin variaciones por el lado de los ingresos, el bolsillo sigue a la baja. El mercado lo nota en los bancos que perdieron certificados de plazo tradicional y con los ahorristas más avispados, que colocaron en los que se ajustan por el CER.
En la Bolsa, en una semana corta, las acciones líderes cedieron, mientras que los títulos que ajustan por inflación subieron. Esto muestra cómo se protegen los inversores en la búsqueda de renta, si es posible mensual y en efectivo. Pero el cortoplacismo no es lo mejor.







