11 Abril 2004 Seguir en 
Es ambicioso pensar que se puede predecir exactamente qué ocurrirá en el sector bancario de la Argentina, aunque ya se pueden observar algunas señales que permiten conjeturar sobre posibles escenarios futuros.
En la actualidad, se pueden subrayar aspectos positivos. Ellos son la disminución de las tasas de interés sobre los depósitos; el aumento de estos, principalmente de los que se encuentran a la vista; la estabilidad del activo neto del sistema (de duplicaciones en la registración contable de operaciones de pase, a término y al contado que se deben liquidar); la asistencia del gobierno mediante normas tales como las relacionadas con capitales mínimos, y la disminución de irregularidades en la cartera de financiaciones destinadas al sector privado.
Si bien se observa una mejora con respecto a 2002, también existen problemas estructurales que hacen vulnerable al sistema y que deben ser tenidos en cuenta.
Una leve caída
Entre los problemas, si bien las tasas de interés pasivas disminuyeron en 2003, lo cual generó un aumento en el resultado por diferencias entre tasas activas y pasivas de los bancos, aquella caída no fue alta. Por ejemplo, en enero de 2004 el margen entre las tasas alcanzó apenas un 0,4% del activo neto del sistema.
También se debe tomar en cuenta el problema de la tenencia de los activos financieros del sector público. Aproximadamente el 60% del activo del sistema bancario se encuentra compuesto por deuda pública y, en el caso de algunos bancos en particular, este porcentaje supera el 70%.
Estos activos tienen una baja tasa de retorno, lo cual lleva a una disminución de los márgenes de rentabilidad de los bancos y también les generan problemas para restablecer sus activos. Al poseer deuda del gobierno nacional valuada por su valor nominal -por arriba de los valores de mercado-, la liquidación de estos activos puede resultar en una pérdida de capital. En consecuencia, esta parte permanece inmovilizada, restringiendo el flujo de caja.
Al problema anterior, se debe agregar que los activos pesificados mantenidos por los bancos pueden empeorar cuando se alcance un acuerdo con los acreedores externos. Es posible que los bancos sean presionados para reinvertir los flujos de caja de sus carteras de deuda pública en nuevos bonos estatales. Hace una semana, el vicepresidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Pedro Lacoste, mencionó que se necesita terminar en este año el proceso de reestructuración de la deuda porque en 2005 el vencimiento de los BODEN alcanzará los U$S 4.000 millones. Esto, sin duda, generaría una fuerte erogación de recursos fiscales.
Además, algunos bancos mantienen una cantidad más o menos importante de deuda externa en default, que está valuada en sus términos originales; por ello, el valor dependerá del proceso de reestructuración del pasivo.
Luces de alarma
En conclusión, se puede ver que los bancos están sufriendo un importante problema en cuanto a la posibilidad de incrementar su capital en el presente; por el contrario, existe la probabilidad de que, en vez de una suba, se produzca una disminución en el futuro.
Mientras los bancos no tengan la capacidad de incrementar su flujo de caja, les resultará muy complicado mejorar sus utilidades mediante la inversión en activos de mayor rentabilidad. Esto hará que el sector permanecerá vulnerable a cualquier shock en los mercados. Otro problema es el bajo nivel de los préstamos al sector privado. Si bien los préstamos hipotecarios se incrementaron, esto se produjo principalmente en los bancos del sector público.
En la actualidad, se pueden subrayar aspectos positivos. Ellos son la disminución de las tasas de interés sobre los depósitos; el aumento de estos, principalmente de los que se encuentran a la vista; la estabilidad del activo neto del sistema (de duplicaciones en la registración contable de operaciones de pase, a término y al contado que se deben liquidar); la asistencia del gobierno mediante normas tales como las relacionadas con capitales mínimos, y la disminución de irregularidades en la cartera de financiaciones destinadas al sector privado.
Si bien se observa una mejora con respecto a 2002, también existen problemas estructurales que hacen vulnerable al sistema y que deben ser tenidos en cuenta.
Una leve caída
Entre los problemas, si bien las tasas de interés pasivas disminuyeron en 2003, lo cual generó un aumento en el resultado por diferencias entre tasas activas y pasivas de los bancos, aquella caída no fue alta. Por ejemplo, en enero de 2004 el margen entre las tasas alcanzó apenas un 0,4% del activo neto del sistema.
También se debe tomar en cuenta el problema de la tenencia de los activos financieros del sector público. Aproximadamente el 60% del activo del sistema bancario se encuentra compuesto por deuda pública y, en el caso de algunos bancos en particular, este porcentaje supera el 70%.
Estos activos tienen una baja tasa de retorno, lo cual lleva a una disminución de los márgenes de rentabilidad de los bancos y también les generan problemas para restablecer sus activos. Al poseer deuda del gobierno nacional valuada por su valor nominal -por arriba de los valores de mercado-, la liquidación de estos activos puede resultar en una pérdida de capital. En consecuencia, esta parte permanece inmovilizada, restringiendo el flujo de caja.
Al problema anterior, se debe agregar que los activos pesificados mantenidos por los bancos pueden empeorar cuando se alcance un acuerdo con los acreedores externos. Es posible que los bancos sean presionados para reinvertir los flujos de caja de sus carteras de deuda pública en nuevos bonos estatales. Hace una semana, el vicepresidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Pedro Lacoste, mencionó que se necesita terminar en este año el proceso de reestructuración de la deuda porque en 2005 el vencimiento de los BODEN alcanzará los U$S 4.000 millones. Esto, sin duda, generaría una fuerte erogación de recursos fiscales.
Además, algunos bancos mantienen una cantidad más o menos importante de deuda externa en default, que está valuada en sus términos originales; por ello, el valor dependerá del proceso de reestructuración del pasivo.
Luces de alarma
En conclusión, se puede ver que los bancos están sufriendo un importante problema en cuanto a la posibilidad de incrementar su capital en el presente; por el contrario, existe la probabilidad de que, en vez de una suba, se produzca una disminución en el futuro.
Mientras los bancos no tengan la capacidad de incrementar su flujo de caja, les resultará muy complicado mejorar sus utilidades mediante la inversión en activos de mayor rentabilidad. Esto hará que el sector permanecerá vulnerable a cualquier shock en los mercados. Otro problema es el bajo nivel de los préstamos al sector privado. Si bien los préstamos hipotecarios se incrementaron, esto se produjo principalmente en los bancos del sector público.







