Un western filosófico y anticipatorio

Proyección inventiva de una visión pesimista del presente

LO SIMBÓLICO. El Delta del Tigre es el “territorio líquido” donde Aboaf configura una zona distópica y cercana. interra.ro LO SIMBÓLICO. El Delta del Tigre es el “territorio líquido” donde Aboaf configura una zona distópica y cercana. interra.ro
12 Marzo 2017

NOVELA

EL REY DEL AGUA

CLAUDIA ABOAF

(Alfaguara - Buenos Aires) 

Claudia Aboaf interviene la realidad. Su decidida e inusual intervención es literaria: Aboaf irrumpe con la ficción anticipatoria, hecha de tiempo y artificio. Es decir, avanza, como la dueña del agua, con la fuerza de la lengua y del símbolo. El territorio conocido es el Delta del Tigre. Con ese “territorio líquido” configura una zona. Una zona distópica y cercana, imaginaria y palpable.

La zona hidráulica de Aboaf resulta de la capacidad para perfilar una situación, un cúmulo de escena y un tiempo a través del escalpelo de la lengua estirada y abierta por la poesía. Las metáforas conforman un continuum (”mordedura en la memoria”) una especie de mapa sigiloso y rupturista que ensancha los senderos húmedos de su prosa. Se trata de una lengua híbrida, anfibia, hecha de descripciones y dislocaciones. Los saltos surgen a partir de la irrupción calculada y medida de un adjetivo exótico, una palabra fuera de zona o una metáfora que amplía el campo de batalla. Es decir, Aboaf, como ya dije, escribe con el metro en una mano y con el corazón en la otra.

Aboaf usa la forma poética de la ficción anticipatoria. La ficción esculpe los tiempos. Aboaf encuentra ahí su mirada de la realidad. Como Kant, Aboaf cree en el poder de la imaginación. Así, imaginada, la realidad es más real. O dicho de otro modo, la única posibilidad que tenemos de mirar la realidad es a través de la imaginación. La imaginación habla de lo real con la lupa anticipatoria de la lengua. El futuro cercano no es otra cosa que una sombra inversa del presente.

No es ciencia ficción. Es ficción tecnológica y alucinatoria. Sin embrago, como en las mejores novelas de ficción científica, una tensión o un fantasma recorre la lengua: la paranoia. Los objetos y las personas conspiran: pantallas, agua, botas, relojes, ojo. Dice el texto: “Andrea aprendió que hay que tener cuidado con lo que se dice en el río, porque el agua aligera el sonido, que llega a la costa nítido”. Es decir, el agua aligera, difunde y controla el sentido.

Los restos del padre

El rey del agua es una ficción anticipatoria y un western filosófico. Hay en la novela una épica semántica, una lucha por el sentido. Andrea busca el sentido: nada en el sinsentido. Juana, la hermana, se pierde en la nada virtual, paralela. La astróloga anticipa el sentido. El rey del agua, Tempe, es el dueño del sentido. Los caballos de Andrea y de todos son las lanchas. La lucha es desigual. El poder siempre tiene los medios para coaccionar y distorsionar el sentido. Y un detalle. Los cowboys del agua usan botas tornasoladas. El rey del agua se distingue por su perfidia, su amor por el lujo y por sus botas.

Hay una pregunta que estructura la novela. ¿Dónde están los restos del padre de Andrea? Para responder a la pregunta Aboaf construye una trama escueta, con mínimas escenas y con una lengua ancha, personal, que atesora hallazgos verbales y neologismos.

Dalezio, el científico, experimenta con la extrasomática, un saber que explora la identidad por fuera del cuerpo. El rey del agua es una novela sobre el agua, los cuerpos y la disolución de los cuerpos.

Aboaf usa teorías científicas y las mezcla en una especie de saber inventado, sui generis, ad hoc. En el cofre de la ciudad hidráulica está encerrado el enigma de la identidad. En ese cofre se conectan el pasado utópico y delirante de Sarmiento y Sastre y el futuro desencantado y autoritario del rey del agua, Tempe. En ese arco, lo que brilla es el agua de la prosa conceptual y metafórica.

La novela trabaja cierto código secreto, hermético. Hay ojo, reloj, agua, oro: todo puede tener un sentido estrafalario. En la lucha por el sentido, son símbolos o arcanos. Solo una elite líquida puede deletrear el sentido. La lucha está abierta hasta el final.

Hay un grado de abstracción en la ficción anticipatoria que beneficia a la puesta en escena en el Delta. El Delta es el otro, el mismo. Aboaf arma una zona diferente, material y simbólica.

Novela política

El rey del agua es una novela política en el mejor sentido de la palabra. No hay panfletos ni oratoria falsa. La utopía distópica no nada en la nadería de lo falso sino que es una proyección inventiva y locuaz de una visión pesimista del presente. No digo que la autora sea pesimista. La novela supone un futuro clasista y comandado por un orden irrefutable, autoritario.

Madeja de metáforas, enredadera de ideas y pensamientos, El rey del agua crea una zona con intermitencias de pasado y con la luz cegadora del futuro próximo, como si el tiempo del Tigre fuera un futuro pegado al presente (con posibilidades de jardines paralelos) y como si su sombra inversa estuviera hundida en el agua del presente.

© LA GACETA

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Fabián Soberón

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