› PUNTO DE VISTA
MARTÍN LANG - COUNTRY MANAGES DE LA FIRMA MASTERCARD EN ARGENTINA - TÉLAM
Ya está comprobado que el uso de efectivo fomenta a la economía informal y disminuye la transparencia. Esta práctica resulta en una menor recaudación impositiva, un menor ingreso per capita, y un mayor nivel de corrupción. Se estima que, en todo el mundo, se gastan U$S 16 billones en efectivo al año en economías en negro. Este dinero no puede ser gravado. Por contrapartida, la evolución hacia la banca electrónica y el uso cotidiano de tarjetas de débito y de crédito para pagar operaciones, genera beneficios reales y visibles. Hoy, la mayoría de los países se encuentran en un largo proceso para eliminar la circulación el efectivo.
Entre las ventajas de esta decisión hay razones medioambientales, ya que son innumerables los recursos naturales que se gastan para imprimir billetes, además de la contaminación que producen los camiones de caudales. Pero también hay ventajas económicas. Imprimir billetes y acuñar monedas, aunque suene raro, es muy costoso. Por último, hay beneficios legales, ya que se fomenta la transparencia en las transacciones, básicas para una economía en blanco.
Suecia es un ejemplo a imitar: es el país que menos efectivo utiliza en todo el mundo. Apenas un 2% de su economía se maneja con dinero en papel, mientras que el uso de tarjetas de créditos ha crecido el 1026% en los últimos 15 años.
El ecosistema financiero
La erradicación del efectivo es beneficiosa tanto para la cadena de supermercados como para los consumidores y es el vehículo para lograr la formalización de la economía y la inclusión financiera. Sin embargo, no basta con fomentar los pagos electrónicos. Es igualmente importante crear todo un ecosistema financiero para llevar a cabo esta transición. Por ejemplo, se debe hacer un esfuerzo para formalizar las pequeñas y medianas empresas que son clave para impulsar la economía, ya que su formalización tendría un impacto enorme en el desarrollo de todo el sistema financiero.
Otro elemento para tener en cuenta es el apoyo al desarrollo de la infraestructura tecnológica para que entidades, comercios y personas puedan recibir tarjetas y pagos electrónicos. El reciente anuncio de la AFIP, que establece la obligatoriedad del Posnet en comercios y en monotributistas, es un paso necesario hacia la bancarización, formalización e inclusión financiera. Para formalizar la economía hay que establecer los incentivos adecuados para que todos los actores participen de esta cadena.
Por otro lado, es fundamental la educación financiera para que la población pueda utilizar toas las herramientas electrónicas. La inclusión financiera es una responsabilidad compartida por el sector público y por el sector privado, y mediante sus productos y servicios innovadores trabaja, día a día, para que todos los individuos puedan gozar de sus beneficios.









