“Dicen que viajando se fortalece el corazón/ pues andar nuevos caminos/ te hace olvidar el anterior/ Ojalá que esto pronto suceda,/ así podrá descansar mi pena/ hasta la próxima vez”.
En 56 horas de viaje los empresarios tucumanos descubrieron que otro paradigma reinaba. Ellos suelen tener una mirada escrutadora y crítica hacia el poder y hacia ellos mismos. Comprobaron que pueden convivir en un avión o en un hotel y se sorprendieron porque en Tucumán a veces ni siquiera se saludan. En esos casi tres días no cerraron negocios, pero abrieron puertas. Se pararon al borde del mar y apuntaron el catalejo a las tierras orientales. También miraron alrededor y se encontraron ellos mismos y al gobierno. Por su parte, el mandatario provincial cosechó lo que había sembrado.
Los ejecutivos se habían subido al avión que los llevó a Chile con más incertidumbre que esperanza y se bajaron sorprendidos de que podían dialogar entre ellos y de que también el Poder Ejecutivo los escuchaba. Más de uno se sorprendió al ver a Juan Manzur no abusando de sus privilegios de primer magistrado. Un ejemplo: llamó la atención verlo en el mismo charter y no en el avión de la Gobernación. Fueron gestos y un puñado de voluntad que alcanzó para que el Poder Ejecutivo recibiera un aprobado por parte de un importante sector de la sociedad que suele reprobarlo.
A nadie pasó inadvertido que en el avión viajaba un fantasma. No hablaba y ni un café tomaron con él, pero estuvo en más de una conversación. La figura del ex gobernador José Alperovich se corporeizó en muchos momentos. La comparación fue inmediata, inevitable. Las anécdotas revivieron desencuentros y diálogos que durante 12 años no fueron escuchados. En este primer año de gestión una de las principales fortalezas de Manzur fue Alperovich, no por la herencia ni por la delegación de poder sino por los cráteres que abrieron la omnipotencia y el autismo del ex gobernador.
El piloto Juan Luis Fernández y su comandante de a bordo Jorge Neme tuvieron su vuelo de bautismo. La relación de empresarios y del Estado suele tener más complicaciones y sensiblería que la convivencia matrimonial. Un gesto puede terminar en un divorcio. Y, en este caso, esas rupturas tienen un solo perdedor: Tucumán. El crecimiento de la provincia viene atado de la construcción conjunta de los sectores público y privado que la mayoría de las veces se erigió con los endebles cimientos de la desconfianza y así desmoronaron la esperanza.
Los chilenos sirvieron de ejemplo porque mostraron que haber fijado reglas básicas con transparencia e igualdad y haberlas sostenido a lo largo de décadas (cualesquiera hayan sido los gobiernos) les ha permitido crecer. Después de este vuelo a las sedientas tierras trasandinas el ministro de la Producción y su coequiper de Relaciones Internacionales cargan la mochila de hacer germinar la semilla.
¿De nuevo, el clásico?
Las turbulencias están de este lado de la cordillera. Las elecciones del año que viene dan vueltas en la cabeza de los políticos. Es un virus que podrán erradicar después de que la población dé su veredicto final. Manzur sorprendió al declarar que la lista de candidatos terminará siendo una decisión de él y de su vicegobernador Osvaldo Jaldo. Se diferenció de su hacedor político. Hasta el año pasado era Alperovich quien en soledad definía la lista de candidatos y, obviamente, no podía evitar la presión K al momento de definir los nombres. Pero ni Manzur ni Jaldo tienen la menor idea de cómo armar el rompecabezas. No obstante, tienen algunas certezas: 1) el oficialismo no cuenta como otras veces con candidatos fuertes para llenar el casillero con los cuatro nombres. 2) Están seguros de que a la lista oficialista en las primarias abiertas le va a aparecer más de un competidor peronista. 3) Aunque el kirchnerismo se encuentra en retirada, hay cuervos revoloteando para rapiñar un lugar K. El diputado Andrés Larroque habría hecho saber que Cristina tiene por lo menos un 10% de adhesión en Tucumán y por lo tanto intentará que al menos un lugar de los cuatro que llevará la boleta tengo el sello K. 4) Saben que la elección será muy reñida y, hasta auguran, un resultado muy parejo. 5) Manzur y Jaldo de algo están seguros: deben ganar en 2017. Eso les dará tranquilidad y la posibilidad de discutir qué hacer en 2019 cuando se vuelva a elegir gobernador. Si ganan el año que viene quedarán parados hacia afuera y sólo les quedará discutir internamente los liderazgos. De lo contrario, todo será un descalabro. 7) Si la premisa es ganar a como dé lugar y si el problema es la falta de figuras, no van a poder descartar a nadie, incluso al senador Alperovich que tiene una imagen en baja, pero que sigue siendo un referente del peronismo que no ha dejado un segundo de hacer campaña desde que bajó las escalinatas de la Casa de Gobierno hace 366 días. 8) Los tucumanos podrían revivir -una vez más- el duelo Alperovich-Cano, un clásico de este siglo. 9) Manzur se siente como pez en el agua tocando los timbres de gobernador, pero es un elefante en un bazar manejando las riendas dirigenciales del PJ, un déficit que puede costarle caro al gestionar votos.
Pro poco
Los problemas de la oposición son tal vez mayores que los del peronismo. Tampoco puede admitir como variable la derrota. Tienen en juego la necesidad de llegar al gobierno en 2019, pero también está la obligación de sostener el poder a nivel nacional. Cambiemos puso toda la carne en el asador con el relanzamiento de la coalición en Tucumán a la que asistieron el poco claro ministro del Interior Rogelio Frigerio y el jefe de Gabinete Marcos Peña. Pro sigue sin tener un referente fuerte, inobjetable. Las fichas ganadoras de Cambiemos son otra vez José Cano y Domingo Amaya, un radical y un peronista. Las otras figuras centrales son tres intendentes que tampoco se pintan la cara de amarillo. Uno de ellos es el justicialista Germán Alfaro que teje con mano cada vez más firme su proyecto personal. Otro reside en Concepción y a un año de la largada Roberto Sánchez no logra poner a punto el auto para conseguir la pole position. El tercero de la discordia vive en Yerba Buena. Llegó a la intendencia por su envalentonamiento y por la confianza en sus fuerzas. Pareciera que para asumir se cortó el pelo y allí dejó toda su potencia. Nombramientos, contrataciones, y obras paradas han desinflado su figura.
Cambiemos tiene una deuda con Tucumán que le advirtió que sin fiscalización y sin el cuidado de los votos no podrían llegar al poder. Mauricio Macri premió con cargos esa fundamental enseñanza, pero hasta ahora no augura que eso se convierta en votos.
Rebelión de coroneles
Los intendentes del interior están preocupados. “La coparticipación no nos alcanza”. “Vivimos pasilleando”. “El ministro (del Interior) no nos atiende”. “No podemos gobernar tranquilos”. “Buscan debilitarnos”. Ese tipo de frase sale de la boca de los caudillos que el miércoles pasado se encontraron en la planta baja del hotel Catalinas. En tiempo de crisis la primera reacción no es la solidaridad precisamente. Por eso algunos desenvainan sus espadas y hacen fintas a sus antecesores. En Lules, Carlos Gallia contra César Dip; en Monteros, Francisco Serra contra Alberto Olea; en Alderetes, Sergio Venegas vs. Aldo Salomón. No se quejan tanto del adversario como de quienes alimentan las internas. Por eso convocaron al ministro del Interior, Miguel Acevedo, a una reunión este viernes que pasó. Allí se quejaron de que se esté hablando de la candidatura a diputado de un miembro del gabinete y que nada se haya consultado a los intendentes que aportaron mucho para el triunfo peronista. También pidieron más equidad y en ese planteo le apuntaron a Aguilares: “nosotros juntamos monedas para comprar un camioncito, mientras otros municipios tienen una flota”, criticaron sin nombrar al ex senador Sergio Mansilla. Los intendentes expresaron lo que muchos dicen por lo bajo: está faltando una conducción política. Manzur sabe de esa incapacidad suya y deberá actuar en consecuencia porque la cuenta regresiva electoral está en marcha.
Ejemplos
El embajador argentino en Chile acompañó muchos de los pasos que dieron la comitiva de unos 80 empresarios y unos 20 representantes del Ejecutivo. Cada vez que Octavio Bordón se cruzó con un chileno se deshizo en elogios para la provincia, y puso especial énfasis cuando habló de la cultura tucumana y de la potencia que tuvieron algunos de sus habitantes. Se acordó de Julio Roca, de Nicolás Avellaneda, de Tomás Eloy Martínez, de César Pelli, de Mercedes Sosa y de Juan Bautista Alberdi. De esa manera el embajador buscó sacarle brillo a Tucumán para mostrar a propios (empresarios y funcionarios) y a extraños la gran capacidad creativa que deja la historia tucumana y que podría ser reeditada.
“Ojalá que esto pronto suceda,/ así podrá descansar mi pena/ hasta la próxima vez/ Seguro que al rato estaré volando,/ inventando otra esperanza para volver a vivir”, añora en su canción Litto Nebbia.
En 56 horas de viaje los empresarios tucumanos descubrieron que otro paradigma reinaba. Ellos suelen tener una mirada escrutadora y crítica hacia el poder y hacia ellos mismos. Comprobaron que pueden convivir en un avión o en un hotel y se sorprendieron porque en Tucumán a veces ni siquiera se saludan. En esos casi tres días no cerraron negocios, pero abrieron puertas. Se pararon al borde del mar y apuntaron el catalejo a las tierras orientales. También miraron alrededor y se encontraron ellos mismos y al gobierno. Por su parte, el mandatario provincial cosechó lo que había sembrado.
Los ejecutivos se habían subido al avión que los llevó a Chile con más incertidumbre que esperanza y se bajaron sorprendidos de que podían dialogar entre ellos y de que también el Poder Ejecutivo los escuchaba. Más de uno se sorprendió al ver a Juan Manzur no abusando de sus privilegios de primer magistrado. Un ejemplo: llamó la atención verlo en el mismo charter y no en el avión de la Gobernación. Fueron gestos y un puñado de voluntad que alcanzó para que el Poder Ejecutivo recibiera un aprobado por parte de un importante sector de la sociedad que suele reprobarlo.
A nadie pasó inadvertido que en el avión viajaba un fantasma. No hablaba y ni un café tomaron con él, pero estuvo en más de una conversación. La figura del ex gobernador José Alperovich se corporeizó en muchos momentos. La comparación fue inmediata, inevitable. Las anécdotas revivieron desencuentros y diálogos que durante 12 años no fueron escuchados. En este primer año de gestión una de las principales fortalezas de Manzur fue Alperovich, no por la herencia ni por la delegación de poder sino por los cráteres que abrieron la omnipotencia y el autismo del ex gobernador.
El piloto Juan Luis Fernández y su comandante de a bordo Jorge Neme tuvieron su vuelo de bautismo. La relación de empresarios y del Estado suele tener más complicaciones y sensiblería que la convivencia matrimonial. Un gesto puede terminar en un divorcio. Y, en este caso, esas rupturas tienen un solo perdedor: Tucumán. El crecimiento de la provincia viene atado de la construcción conjunta de los sectores público y privado que la mayoría de las veces se erigió con los endebles cimientos de la desconfianza y así desmoronaron la esperanza.
Los chilenos sirvieron de ejemplo porque mostraron que haber fijado reglas básicas con transparencia e igualdad y haberlas sostenido a lo largo de décadas (cualesquiera hayan sido los gobiernos) les ha permitido crecer. Después de este vuelo a las sedientas tierras trasandinas el ministro de la Producción y su coequiper de Relaciones Internacionales cargan la mochila de hacer germinar la semilla.
¿De nuevo, el clásico?
Las turbulencias están de este lado de la cordillera. Las elecciones del año que viene dan vueltas en la cabeza de los políticos. Es un virus que podrán erradicar después de que la población dé su veredicto final. Manzur sorprendió al declarar que la lista de candidatos terminará siendo una decisión de él y de su vicegobernador Osvaldo Jaldo. Se diferenció de su hacedor político. Hasta el año pasado era Alperovich quien en soledad definía la lista de candidatos y, obviamente, no podía evitar la presión K al momento de definir los nombres. Pero ni Manzur ni Jaldo tienen la menor idea de cómo armar el rompecabezas. No obstante, tienen algunas certezas: 1) el oficialismo no cuenta como otras veces con candidatos fuertes para llenar el casillero con los cuatro nombres. 2) Están seguros de que a la lista oficialista en las primarias abiertas le va a aparecer más de un competidor peronista. 3) Aunque el kirchnerismo se encuentra en retirada, hay cuervos revoloteando para rapiñar un lugar K. El diputado Andrés Larroque habría hecho saber que Cristina tiene por lo menos un 10% de adhesión en Tucumán y por lo tanto intentará que al menos un lugar de los cuatro que llevará la boleta tengo el sello K. 4) Saben que la elección será muy reñida y, hasta auguran, un resultado muy parejo. 5) Manzur y Jaldo de algo están seguros: deben ganar en 2017. Eso les dará tranquilidad y la posibilidad de discutir qué hacer en 2019 cuando se vuelva a elegir gobernador. Si ganan el año que viene quedarán parados hacia afuera y sólo les quedará discutir internamente los liderazgos. De lo contrario, todo será un descalabro. 7) Si la premisa es ganar a como dé lugar y si el problema es la falta de figuras, no van a poder descartar a nadie, incluso al senador Alperovich que tiene una imagen en baja, pero que sigue siendo un referente del peronismo que no ha dejado un segundo de hacer campaña desde que bajó las escalinatas de la Casa de Gobierno hace 366 días. 8) Los tucumanos podrían revivir -una vez más- el duelo Alperovich-Cano, un clásico de este siglo. 9) Manzur se siente como pez en el agua tocando los timbres de gobernador, pero es un elefante en un bazar manejando las riendas dirigenciales del PJ, un déficit que puede costarle caro al gestionar votos.
Pro poco
Los problemas de la oposición son tal vez mayores que los del peronismo. Tampoco puede admitir como variable la derrota. Tienen en juego la necesidad de llegar al gobierno en 2019, pero también está la obligación de sostener el poder a nivel nacional. Cambiemos puso toda la carne en el asador con el relanzamiento de la coalición en Tucumán a la que asistieron el poco claro ministro del Interior Rogelio Frigerio y el jefe de Gabinete Marcos Peña. Pro sigue sin tener un referente fuerte, inobjetable. Las fichas ganadoras de Cambiemos son otra vez José Cano y Domingo Amaya, un radical y un peronista. Las otras figuras centrales son tres intendentes que tampoco se pintan la cara de amarillo. Uno de ellos es el justicialista Germán Alfaro que teje con mano cada vez más firme su proyecto personal. Otro reside en Concepción y a un año de la largada Roberto Sánchez no logra poner a punto el auto para conseguir la pole position. El tercero de la discordia vive en Yerba Buena. Llegó a la intendencia por su envalentonamiento y por la confianza en sus fuerzas. Pareciera que para asumir se cortó el pelo y allí dejó toda su potencia. Nombramientos, contrataciones, y obras paradas han desinflado su figura.
Cambiemos tiene una deuda con Tucumán que le advirtió que sin fiscalización y sin el cuidado de los votos no podrían llegar al poder. Mauricio Macri premió con cargos esa fundamental enseñanza, pero hasta ahora no augura que eso se convierta en votos.
Rebelión de coroneles
Los intendentes del interior están preocupados. “La coparticipación no nos alcanza”. “Vivimos pasilleando”. “El ministro (del Interior) no nos atiende”. “No podemos gobernar tranquilos”. “Buscan debilitarnos”. Ese tipo de frase sale de la boca de los caudillos que el miércoles pasado se encontraron en la planta baja del hotel Catalinas. En tiempo de crisis la primera reacción no es la solidaridad precisamente. Por eso algunos desenvainan sus espadas y hacen fintas a sus antecesores. En Lules, Carlos Gallia contra César Dip; en Monteros, Francisco Serra contra Alberto Olea; en Alderetes, Sergio Venegas vs. Aldo Salomón. No se quejan tanto del adversario como de quienes alimentan las internas. Por eso convocaron al ministro del Interior, Miguel Acevedo, a una reunión este viernes que pasó. Allí se quejaron de que se esté hablando de la candidatura a diputado de un miembro del gabinete y que nada se haya consultado a los intendentes que aportaron mucho para el triunfo peronista. También pidieron más equidad y en ese planteo le apuntaron a Aguilares: “nosotros juntamos monedas para comprar un camioncito, mientras otros municipios tienen una flota”, criticaron sin nombrar al ex senador Sergio Mansilla. Los intendentes expresaron lo que muchos dicen por lo bajo: está faltando una conducción política. Manzur sabe de esa incapacidad suya y deberá actuar en consecuencia porque la cuenta regresiva electoral está en marcha.
Ejemplos
El embajador argentino en Chile acompañó muchos de los pasos que dieron la comitiva de unos 80 empresarios y unos 20 representantes del Ejecutivo. Cada vez que Octavio Bordón se cruzó con un chileno se deshizo en elogios para la provincia, y puso especial énfasis cuando habló de la cultura tucumana y de la potencia que tuvieron algunos de sus habitantes. Se acordó de Julio Roca, de Nicolás Avellaneda, de Tomás Eloy Martínez, de César Pelli, de Mercedes Sosa y de Juan Bautista Alberdi. De esa manera el embajador buscó sacarle brillo a Tucumán para mostrar a propios (empresarios y funcionarios) y a extraños la gran capacidad creativa que deja la historia tucumana y que podría ser reeditada.
“Ojalá que esto pronto suceda,/ así podrá descansar mi pena/ hasta la próxima vez/ Seguro que al rato estaré volando,/ inventando otra esperanza para volver a vivir”, añora en su canción Litto Nebbia.








