"Todos los astros están alineados para que la economía se reactive"

EL RIESGO PARA LA GESTIÓN. Arriazu sugirió mirar, con más detenimiento, la cuestión fiscal del país. la gaceta / foto de archivo
EL RIESGO PARA LA GESTIÓN. Arriazu sugirió mirar, con más detenimiento, la cuestión fiscal del país. la gaceta / foto de archivo
30 Octubre 2016
El Gobierno y la oposición jugarán un partido fundamental en las elecciones de medio turno, el año que viene. Y, gran parte del resultado electoral estará imbuido de la evolución de la economía argentina. La puja está en ciernes. La gestión del presidente Mauricio Macri debe lidiar no sólo con las demandas sindicales por el bono de fin de año, sino también con los planteos formulados por los gobernadores -de distintos signos políticos- para gozar de una inyección de fondos mayor, previo a 2017. Macri, además, no debe descuidar el tablero de control de la economía. De una u otra forma, como dice el economista Ricardo Arriazu, “la gente vota con el bolsillo”. Y eso está dado con base empírica. De sólo observar la evolución de los indicadores socioecónomicos, se observan los ciclos de un país pendular, que aún no ha podido sintonizar con el crecimiento sostenido. De todas maneras, Arriazu plantea que “todos los astros están alineados para que la economía argentina se reactive”. Lo expresó en una entrevista con DINERO, previa a la disertación que dará en Tucumán, en el ciclo de conferencias organizado por la Fundación del Tucumán.

-¿Debemos considerar cómo ha sido el arranque de la actual gestión, con ese dilema de shock o gradualismo?

-Está claro que cuando el nuevo gobierno tomó el poder, había una serie de distorsiones que tenían que corregirse. Y esas correcciones para nada iban a ser populares. Por ejemplo, la Argentina no era competitiva; lo que la gente llama el atraso cambiario no es otra cosa que costos laborales unitarios muy altos; los precios de los servicios públicos estaban distorsionados. Para tener una idea, el componente “fluido” en el precio del gas en 2000 era equivalente al precio de importación desde Bolivia. En 2015 era sólo equivalente al 4% del precio de importación. Estas medidas impopulares había que tomarlas en un gobierno que no tenía mayoría ni entre los gobernadores ni en el Congreso Nacional y con la población que no tenía idea (porque no se había presentado como una gran crisis) de la magnitud del problema. Hay un artículo de principios de la década de 1990, de los economistas Alberto Alesina y Allan Drazen, sobre “¿por qué se demoran los programas de estabilización?”; ese artículo decía que cuando hay que hacer ajustes que afectan la distribución del ingreso, todo el mundo intenta evitar ser el que lo paga e intenta ganar en el proceso. Y eso, necesariamente, genera inflación, baja de actividad económica y conflictividad. Lo que acabo de describir es lo que exactamente pasó en la primera mitad del año. Pero, además, hay que agregar que había que hacer esto en un contexto internacional favorable, debido a la situación de Brasil, como pudo haber sido también Chile, Colombia o Perú. Pero Brasil era el caso extremo; es decir, países de la región que estaban ajustando y devaluando su moneda, con precios internacionales más bajos que el año anterior. Entonces, viéndolo de otra manera, con una torta más chica había que hacer un proceso que innecesariamente era impopular.

¿Y qué es lo que queda por resolver?

-En ese contexto, el Gobierno eligió lo que en su momento llamé ajuste gradual, con algunos shocks sectoriales, es decir, dándoles algunos incentivos a algunas actividades que podían reaccionar más rápidamente. Esos sectores fueron agricultura, energía, minería y comunicaciones. Y, luego de eso, entusiasmaron con infraestructura. Si uno mira lo que está pasando, estos sectores que se vieron favorecidos en el proceso, porque venían en desventaja antes, son los que están reaccionando más rápidamente. A eso le llamo los brotes verdes. Al mismo tiempo, la industria tradicional y el consumo masivo, son los que están sufriendo en este período. Ahora, si yo tengo que subir tarifas y bajar el costo laboral unitario, por definición, el consumidor es el que pierde. Y eso es con total independencia de quien sea el gobierno y si quiere o no quiere hacer el proceso. Por eso hablaba de que necesariamente era una cuestión impopular. La única elección era que si se hacía ordenada o desordenadamente. Pero al elegir un esquema gradual, eso se nota en la parte fiscal, pero también en un ajuste muy pequeño en el costo laboral unitario o una mejora muy pequeña en el tipo de cambio real; por eso se queja la industria. Pero si la industria estuviera mejor, estarían peor los consumidores, porque el ajuste hubiera sido más grande.

-Con esa perspectiva, ¿por dónde pasa la política económica oficial?

-Entonces, el Gobierno ahora está completamente preocupado por las elecciones del año que viene. La gente vota con el bolsillo y el Gobierno está preocupado para que haya una reactivación rápida para que la población los vote. Y el mejor mecanismo para observar cómo piensa la gente son los indicadores de confianza, entre ellos, el que elabora la Universidad Torcuato Di Tella. Allí se nota que la confianza de corto plazo cayó desde fines del año pasado, pero se nota que la de largo plazo está muy sostenida y hacia arriba.

-¿Es el crédito que le da la sociedad a la gestión?

-Exactamente. Este es el mayor activo que tiene el gobierno. A la larga, en un proceso ideal, ambos indicadores se tienen que unir. Si se une porque mejora la confianza de corto plazo, se fortalece el Gobierno. Si se une porque la que cae es la de largo plazo, se debilita la gestión. En estos días publicaron el índice de confianza de octubre, y mejoró seis puntos. Es un indicio. Si bien está la cuestión ideológica de por medio, la gente básicamente vota con el bolsillo.

-¿Cree que la economía se va a reactivar sostenidamente?

-Si tengo que contestar la pregunta como economista, debo decir que todos los astros están alineados para que eso suceda. ¿Cuál es mi preocupación? La parte fiscal. No hace falta seguir empujándola, porque todos los factores normales están yendo en la dirección correcta. A mi me preocupa un 2017 y 2018 bueno, y es posible que se hipoteque el futuro por la cuestión fiscal. No es cierto que se corrige sola. Cuando vamos a las cosas, siempre se creía que Macri iba a ser muy débil políticamente y que tenía gente en la economía que iba a hacer los cambios. Cuando miramos hacia atrás vemos que no hubo un paro general y, en general, le aprobaron las leyes que necesitaba.

-¿Qué es lo que se viene?

-La actividad económica comenzará a subir. La inflación está bajando; el empleo mejorará. Claramente habrá conflictos políticos, pero el más grande que observaremos es que los sectores como la industria tradicional y el consumidor o el que vende consumo masivo seguirán protestando. La industria quiere que le muevan el tipo de cambio para estar más protegida. Eso implica bajar el salario real y, a la vez, golpear en el consumo. Y allí está la puja.

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