María Carolina Gallo - Docente e investigadora de la UNT en Comunicación Institucional - Asesora de Prensa institucional
En la actualidad todo lo que existe como beneficio es complementado con acciones comunicativas. Desde la venta de un producto de venta, un mensaje de asociaciones civiles, actividades institucionales, de fundaciones y de otros organismos como clubes, parroquias, cooperativas. También el surgimiento de empresas, negocios; apertura de sucursales, locales nuevos; actividades culturales, deportivas y solidarias. Las acciones comunicativas complementan todo, porque ya no se piensa únicamente en “un producto para un destinatario”, sino que, además, se piensa en un mensaje adecuado por un medio pertinente para ese destinatario. Ya que algunos sólo miran su celular y no se informan a través de la televisión; otros sólo leen diarios digitales y se pierden en los laberintos de navegación que se presentan como puertas al mundo paralelo, curioso, interesante y velozmente transitable en caminos de links. Y en cada home, los ojos se desvían a publicidades explícitas, a notas sobre las novedades cibernéticas, y videos atrayentes sobre lugares de ensueño para visitar. En ese universo anárquico de información, mensajes complejos y datos aislados pujan las ventas y los mensajes con claras intenciones de llegarles a ciertos destinatarios; con objetivos estratégicos de captar las miradas y la atención inmediata. La interacción y el inter-juego de la humanidad con el entorno (naturaleza, ambiente y lo que percibe de eso) y viceversa, actualmente podría dibujarse como un nido de pájaros constituido de ramas flexibles de diferentes orígenes, ondeando enredadas entre ellas, pero constituyendo de igual manera un algo que ocupa un espacio. En ese nido nadie protagoniza pero tiene que servir para algo; es la red.
Aquellos que navegan seguido saben que el impacto visual no es suficiente, tampoco la música o los efectos; saben que lo que llega hoy de mejor manera y, en paradoja, a la fría tecnología son las experiencias y las sensaciones; el mejor mensaje propone ‘vivir’. Nos intercomunicamos presencialmente y virtualmente constantemente; con empresas, negocios, servidores y simultáneamente con amigos, vecinos, compañeros del pasado. La intercomunicación con distintos dispositivos en un mismo momento nos presenta un mundo con invitación a actividades para realizar en tres vidas. Necesitamos de esa memoria externa: la agenda; sin embargo la inmediatez de las comunicaciones virtuales nos motivan a realizar actividades que surgen espontáneas y que no estaban dentro de ningún plan. Nuestro cerebro trabaja de manera diferente a 10, a cinco años atrás y se acelera. Cada uno representa un ser vivo que aún elige y debe recibir alguna información para tomar una decisión sobre el futuro presidente o para escuchar música, salir a cenar, comprar un parlante, un teléfono o descubrir un nuevo bar cerca de casa. La Comunicación se solidifica como esa herramienta necesaria capaz de organizar mensajes complejos, llegar a los diferentes destinatarios que se informan de diferentes maneras; y sobretodo, ayudar a cumplir los objetivos que se proponen cada uno de los que deciden presentarse en el mundo con algo para dar, vender, brindar.Sin inversión en comunicación, no se proyecta ni venta, ni beneficio, ni impacto de ningún producto. Pero lo mejor de esta situación es que un terreno de tantos canales, productos y acciones comunicativas sólo desencadena que los comunicadores se pongan creativos. Y el estímulo para los destinatarios puede ser casi artístico, loco o sorprendente.
Algunos dicen que esta es la era de la información, pero va más allá: es la era de la comunicación. La comunicación organizada, direccionada, en interacción y en articulación con todas las ciencias y rubros laborales. Todos. Todo comunica.








