El ritual se repite cada vez que San Martín juega de local: Leonardo Dumit; su esposa, María Emilia Pérez Graciano; el hijo de ambos, Bautista, y la madrina de este, Victoria Pérez Graciano, se visten con sus respectivos uniformes -distintas versiones de la camiseta del “Santo”- y parten hacia la Ciudadela. La ida a la cancha resulta para ellos una salida familiar más. Claro, a veces condicionada por el clima tucumano. “El bebé viene si no hace mucho calor o mucho frío”, precisa el papá a LG Deportiva, mientras carga sobre los hombros a su hijo, de dos años y medio. Hacia el mediodía del sábado, cuando el “Santo” jugó contra Chacarita, el calor era importante: “este es el límite”, precisaba Leonardo.
Mucho se habla acerca de “la vuelta de la familia a la cancha”. Se dice que la violencia en los estadios atentó contra esta presencia. A criterio de Leonardo, esto es relativo. “Siempre que tengás la posibilidad de ir al lugar adecuado se puede venir en familia. El que viene a la cancha sabe por dónde moverse para esquivar posibles incidentes. Hoy, por ejemplo, la popular de San Martín es muy apretada y peligrosa para un chiquito”, argumenta.
La historia de María Emilia ratifica que la presencia de la familia en la cancha no es un imposible. “Cuando mi mamá estaba embarazada de mí ya me traía a la cancha. Yo vine hasta cuando cumplí los siete meses de embarazo. Luego, cuando Bautista cumplió un añito ya lo empecé a traer”, recuerda esta mamá, de 27 años.
El entorno de la cancha, el ambiente, el clima, le rememoran la época de su infancia. “Me da nostalgia, me recuerda cuando era chica, porque hasta los 21 años yo vivía en el barrio, a cinco cuadras de la cancha”, cuenta. Y remata que ir a La Ciudadela es tradición en su familia: “es como comer un asadito un domingo”. Y con sus 16 años, Victoria confirma la historia que cuenta su hermana. “Ella me traía cuando yo era chiquita. Veníamos con mis tíos, todos. Ahora vengo con ellos”, resalta.
El sábado les tocó presenciar la primera derrota de San Martín en su regreso a la B Nacional. Pero a pesar de esto, y del hecho de que el “Santo” sólo colectó dos puntos de los nueve que jugó, esta familia confía en que la campaña, finalmente, será buena. “Le tengo fe al equipo de (Diego) Cagna”, lanza Victoria. Leonardo, a su turno, parece recordarle al hincha cuál es el norte. “En particular, considero que el objetivo principal de este campeonato es alcanzar la permanencia. Luego, si se da algo más, se irá viendo; pero lo primero es afianzarse, porque venimos de ascender”, explica. Lo dice tranquilo. Y ese estado es fruto de la confianza que genera el DT en los hinchas “cirujas”. “Le tengo mucha, mucha, mucha fe al técnico”, enfatiza el joven, de 35 años, mientras los otros integrantes de la familia Dumit-Pérez Graciano asienten.
Mucho se habla acerca de “la vuelta de la familia a la cancha”. Se dice que la violencia en los estadios atentó contra esta presencia. A criterio de Leonardo, esto es relativo. “Siempre que tengás la posibilidad de ir al lugar adecuado se puede venir en familia. El que viene a la cancha sabe por dónde moverse para esquivar posibles incidentes. Hoy, por ejemplo, la popular de San Martín es muy apretada y peligrosa para un chiquito”, argumenta.
La historia de María Emilia ratifica que la presencia de la familia en la cancha no es un imposible. “Cuando mi mamá estaba embarazada de mí ya me traía a la cancha. Yo vine hasta cuando cumplí los siete meses de embarazo. Luego, cuando Bautista cumplió un añito ya lo empecé a traer”, recuerda esta mamá, de 27 años.
El entorno de la cancha, el ambiente, el clima, le rememoran la época de su infancia. “Me da nostalgia, me recuerda cuando era chica, porque hasta los 21 años yo vivía en el barrio, a cinco cuadras de la cancha”, cuenta. Y remata que ir a La Ciudadela es tradición en su familia: “es como comer un asadito un domingo”. Y con sus 16 años, Victoria confirma la historia que cuenta su hermana. “Ella me traía cuando yo era chiquita. Veníamos con mis tíos, todos. Ahora vengo con ellos”, resalta.
El sábado les tocó presenciar la primera derrota de San Martín en su regreso a la B Nacional. Pero a pesar de esto, y del hecho de que el “Santo” sólo colectó dos puntos de los nueve que jugó, esta familia confía en que la campaña, finalmente, será buena. “Le tengo fe al equipo de (Diego) Cagna”, lanza Victoria. Leonardo, a su turno, parece recordarle al hincha cuál es el norte. “En particular, considero que el objetivo principal de este campeonato es alcanzar la permanencia. Luego, si se da algo más, se irá viendo; pero lo primero es afianzarse, porque venimos de ascender”, explica. Lo dice tranquilo. Y ese estado es fruto de la confianza que genera el DT en los hinchas “cirujas”. “Le tengo mucha, mucha, mucha fe al técnico”, enfatiza el joven, de 35 años, mientras los otros integrantes de la familia Dumit-Pérez Graciano asienten.







