Casi tres décadas calmando la sed

Antonio, veterano “gaseosero” de la platea.

DEFINICIÓN. Antonio se reivindica “ciruja hasta la médula”, y aclara que él no tiene “ojitos verdes”.
DEFINICIÓN. Antonio se reivindica “ciruja hasta la médula”, y aclara que él no tiene “ojitos verdes”.
Por Redacción Deportes 15 Septiembre 2016
Durante casi todo el partido permanece de espaldas al campo de juego, a la espera del “chistido” de algún plateísta sediento. Esta escena se repite, desde hace casi tres décadas, todas las oportunidades en que San Martín juega en la Ciudadela. “Gracias a Dios llevo 27 años en esto. Nunca veo el partido; en realidad, prefiero no verlo. Sobre todo desde que casi me infarté con el gol de (Iván) Agudiak”, cuenta Antonio Ramírez, histórico “gaseosero” del sector de la plateas altas de San Martín.

Se refería al tanto convertido el domingo 22 de mayo, cuando se moría el partido contra Guaraní Antonio Franco. Ese gol permitió que el “Santo” pase a la otra ronda de los playoffs del pasado torneo Federal A, que luego coronó con el deseado ascenso. Por si a alguien le quedaran dudas acerca de la pasión que corre por sus venas, Antonio añade: “soy hincha de San Martín hasta la médula; soy negro, soy ‘ciruja’, y no tengo ‘ojitos verdes’; mi madre me dio la vida y el ‘Santo’, el corazón”.

Termina el primer tiempo y los equipos se marchan a los vestuarios. Los hinchas también se refrescan y calman la sed en gran medida con las gaseosas que Antonio vende. Pero según él no existe ningún “entretiempo”. Tiene que ofrecer el producto hasta que se marchen los hinchas. “Esto es simplemente un rebusque. Sólo lo hago en San Martín porque uno lo quiere al club. Pero si pretendés vivir de esto es imposible. Y menos ahora, que la economía está más dura que nunca”, afirma, aunque siempre con una sonrisa. De todos modos, precisa que en ninguna época dejó de vender. “Siempre viene la gente a ver a San Martín. Juegue en la categoría que juegue y siempre compra. Soy la tercera generación de Ramírez que vende en la cancha. Me siento muy orgulloso de eso”, señala.

Cuenta que tiene 50 años y que hace 49 que concurre a la cancha del “Santo”. “Mi abuelo me trajo por primera vez cuando yo tenía un año. Ellos vivían aquí, a la vuelta, en la esquina de Rondeau y Pellegrini”, recuerda. Aquellos tiempos pasaron y ahora disfruta mucho de su laburo. Eso se nota. Todos lo saludan. Los que intentan hacerle una broma terminan riendo con él, víctimas de algún “gol” que Antonio les hace de contra, con una pícara respuesta. “La paso bien aquí, con amigos, como son ellos. Buenos amigos. Todos clientes fijos. La mayoría paga la platea para todo el año y siempre me compran”, afirma. Y aclara que sólo vende gaseosas. “Nada de alcohol; aunque pidan no hay, no insistan”.

El partido se reanuda y Antonio sigue sirviendo gaseosas. El calor que hizo el sábado y el horario en que se jugó el partido contra Chacarita ayudaron a que la venta sea buena. Sobre el cierre de la nota, Antonio les deja algo en claro a sus clientes: “Ahora que voy a salir en LA GACETA la gaseosa es más cara”.

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