Urgen accesos seguros a las ciudades del sur

LA  GACETA
Por LA GACETA 15 Septiembre 2016
El nombre se lo tiene bien ganado. Para desgracia de los tucumanos y de cuantos transiten por ella. La ruta 38 se va haciendo cada vez más peligrosa, cada vez más mortal, y la reacción de las autoridades no responde a la necesidad de los mandantes, del pueblo que sufre desde sustos y apuros hasta tragedias indecibles.

La “Ruta de la muerte” es peligrosa a lo largo de todo su recorrido pero los riesgos de acentúan al máximo en las zonas de acceso a las principales ciudades del sur tucumano: Famaillá, Monteros, Aguilares, Alberdi, La Cocha. En esos lugares la multiciplicidad de vehículos que la transitan se hace más notable. Circulan autos, camionetas, las tristemente célebres rastras cañeras; motos, bicicletas, carros de tracción a sangre y peatones; una enorme cantidad de gente que vive de un lado de la ruta y necesita cruzarla para llevar a sus hijos a la escuela, para ir al médico, para hacer ciertos trámites o comprar algo. Para ellos la ruta es como una avenida. Sin embargo, no cuenta con la señalización debida ni con los semáforos suficientes para ordenar ese caótico tránsito. Es más, algunos de esos accesos ni siquiera tienen semáforos.

Las banquinas de la ruta son angostas y, para colmo, es el sitio que eligen (en busca de una ilusoria seguridad) los que andan en moto y en bicicleta. La consecuencia es que el peligro aumenta todavía más, ya que los riesgos se extienden hacia los costados de la ruta. No hay escapatoria. Como le dijo a LA GACETA Karina Romano, de Monteros, los vecinos allí se juegan la vida todos los días. En algunos accesos hay semáforos, pero no hay control. Hay muchos pasos a nivel ferroviarios que agravan todavía más la situación. En otras zonas hay rotondas que apenas ayudan, o lomos de burro, cuestionados por gran parte de la población por los accidentes que ocasionan, y defendidos por las autoridades. Lo concreto es que la constante en estas zonas de acceso a las ciudades sureñas es el riesgo, el miedo, la muerte al acecho.

Bastan unas pocas cifras para demostrarlo: 7.000 vehículos diarios y 300 accidentes por año con entre 40 y 50 muertes anuales.

Pedirles acciones concretas a las autoridades, tanto las municipales como las provinciales, no es pedir un imposible, sino que se puede cambiar la situación. Concepción lo hizo. ¿Por qué no seguir ese ejemplo? La “Perla del Sur” cuenta con una avenida de seis carriles de distribución a lo largo de dos kilómetros y medio, con dos colectoras laterales, cinco intersecciones con los semáforos correspondientes y dos puentes peatonales. Se puede entrar a la ciudad sin riesgos. El número de accidentes disminuyó radicalmente, según relató el jefe de emergencias del Hospital Regional Concepción, Julio Isa. Dijo que ya no atienden más peatones, motociclistas o automovilistas que se hayan accidentado al ingresar o salir de la ciudad. En Aguilares -que tiene el problema del peligroso sector cercano a la fábrica de Alpargatas- se han gestionado alternativas como iluminación y estímulos para desviar el tránsito por caminos paralelos pero aún no se avizoran resultados.

La esperanza está puesta ahora en una ley que acaba de aprobar la Legislatura y que permitirá hacer estudios y proyectos para concretar travesías urbanas en los accesos a La Cocha, Alberdi, Aguilares, Monteros y Famaillá. El legislador Roque Cativa anunció que la ley prevé la construcción de doble calzada, señalización horizontal y vertical, obras de desagüe, iluminación y semáforos. Es de esperar que se cumpla.

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