DRAMA Y DOLOR. Omran y una niña son trasladados hacia el hospital donde lo atendieron y curaron sus heridas. Su casa fue destruida por un bombardeo REUTERS
21 Agosto 2016 Seguir en 
BEIRUT.- En las imágenes, él está sentado solo. Es un niño pequeño, cubierto de tierra y sangre seca. Sus pequeños pies apenas pasan la silla. Se queda mirando, desconcertado, sorprendido y, sobre todo, fatigado, como si canalizara el estado de ánimo de Siria.
El niño, identificado por los médicos como Omran Daqneesh, de cinco años, fue rescatado de un edificio dañado por un ataque aéreo ruso o del gobierno de Siria, en el norte de la ciudad de Aleppo. Él fue uno de los 12 menores de 15 años que fueron atendidos el miércoles. Según los médicos, es una imagen para nada extraña, en uno de los hospitales de la ciudad controlada por los rebeldes.
Pero algunas imágenes tocan algún nervio, incluso en un público anestesiado contra el desastre. La imagen de Omran es una de ellas. Una fotografía y un video de Omran viajaron velozmente por los medios, a los minutos de ser posteados por un testigo y un fotógrafo. Involuntariamente, Omran -como Alan Kurdi, el niño sirio que murió ahogado en septiembre del año pasado y cuyo cuerpo fue encontrado en una playa turca- está llamando la atención sobre los miles de niños que mueren o son heridos durante la guerra que ya lleva cinco años; y sobre la falta de voluntad o incapacidad de los poderes mundiales para parar con la carnicería. Quizás fue su corte de pelo, o su remera arrugada con Catdog, el personaje de Nickelodeon, o sus movimientos confusos en el video. O la pregunta instantánea: ¿habrán sobrevivido o no sus padres?
El jueves, la imagen de Omran fue trasmitida y publicada alrededor del mundo. Los sirios compartían memes de su fotografía, tanto para clamar ayuda como para burlarse por lo inútil de esa suplica. Uno de los memes mostraba a Omran en la silla en la que se encontraba sentado, junto a una mesa, como representando a su país en el mundo. Otro representó al niño como una acusación silenciosa entre los presidentes Barack Obama y Vladimir Putin.
Usar una imagen fuerte como emblema de la desesperación no es nuevo; imágenes de niños muertos o heridos en Siria son compartidas diariamente en los medios, muchas de ellas indescriptiblemente más horrorosas. Pedazos de cuerpos de niños sacados de los escombros son fotografiados con cierta regularidad en esta guerra de ataques indiscriminados, que provienen sobre todo de ataques aéreos y bombardeos del gobierno, pero también de morteros rebeldes.
Pero mientras que la mente se rehusa a mirar demasiado tiempo esas fotos, y muchos medios las evitan por ser demasiado espantosas, puede ser el aspecto relativamente familiar de la angustia de Omran lo que permite que un público más amplio se relacione con ellas.
En el caso de Alan -el niñito sirio que apareció en la playa el año pasado después de que su familia tratara de llegar a Europa en un barco de contrabando-, el pequeño murió, pero su cuerpo estaba intacto. La imagen lo mostraba acostado en la arena, como si durmiera, vestido pulcramente, mostrando un claro amor paterno en su cuidado.
Omran, mientras es sacado del edificio dañado en medio de la oscuridad podría ser cualquier niño. El mira alrededor confundido, su bracito regordete abraza con confianza la espalda de su rescatista, antes de ser ubicado en una silla en el fondo de una ambulancia.
Se sienta con la mirada totalmente perdida, al parecer demasiado aturdido para llorar. Luego se pone la mano en la frente ensangrentada, se ve la palma con sorpresa, y trata de limpiarse la sangre con la silla. Luego mira a su alrededor, como si tratara de entender dónde está.
La foto y el video de Omran fueron distribuidos por Aleppo Media Center, un antiguo grupo de activistas y de periodistas cuidadanos antigobierno, que documentan el conflicto. También fueron compartidos por médicos del hospital donde trataron al niño, que es apoyado por La Sociedad Medica Sirio Americana.
Mohammad al-Ahmad, un enfermero de radiología, estaba en la sala de emergencia cuando llegó Omran, lleno de moretones y cortes en su cuerpo. “El niño estaba traumatizado”, recordó al Ahmad. “No hablaba cuando llegó. Unos minutos después empezó a llorar del dolor”. El enfermero le limpió su cara y le vendó su cabeza, como muestran las imágenes compartidas por el staff del hospital. Los médicos dijeron que no encontraron signos aparentes de daño cerebral.
En medio del caos, los trabajadores del hospital, que se comunican a través de mensajes online, no pudieron decir inmediatamente qué parientes del niño seguían vivos o si se encontraban con él.
Esto no es inusual, explicaron los médicos, en una ciudad donde algunos niños muertos o heridos no pueden ser identificados porque son traídos solos. Los bombardeos provocan tantos pacientes al mismo tiempo que los médicos los tienen que tratar en el piso. Además, los hospitales y sus trabajadores han sido un blanco sistemático durante la guerra.
Más tarde, los médicos dijeron que pudieron verificar que los padres de Omran sobrevivieron, aunque su casa fue destruida. Parientes del niño prefirieron no hablar, por temor a las represalias del gobierno. Los médicos explicaron que la familia puede tener parientes que vivan en territorio controlado por el ejército.
Mahmoud Raslam, que tomó algunos de los videos y fotos de Omran indicó en una entrevista que el niño vivía con su madre, padre y tres hermanos, y que todos resultaron heridos.
Casos como los de Omran están a la vista todos los días en el lado este de Aleppo, dijeron varios médicos, que agregaron que el niño tuvo suerte de llegar a un hospital que todavía esté abierto. Al-Ahmad, el enfermero, dijo que otros tres chicos fueron hospitalizados con Omran, junto a un joven de 22 años, que había quedado atrapado bajo los escombros por ocho horas. Otras tres personas murieron por el ataque. “Pero Omran se llevó toda la atención”.
El jueves a la mañana, periodistas de todo el mundo preguntaban por más información sobre Omran y su familia. Pero los doctores seguían adelante: tenían en sus manos más afluencia de heridos, tras un bombardeo por la mañana: un niño está acostado en el piso, le faltan sus piernas; una mujer vestida de negro pone su mano en la boca, angustiada.
Otro niño está acostado en una camilla, bañado de sangre, mientras un médico se ocupa de él. Unos minutos después llegó un mensaje de texto. El niño había muerto. Su nombre era Ibrahim Hadiri, y había una nueva foto de su cara, con los ojos cerrados. Posiblemente no se vuelva viral.
El niño, identificado por los médicos como Omran Daqneesh, de cinco años, fue rescatado de un edificio dañado por un ataque aéreo ruso o del gobierno de Siria, en el norte de la ciudad de Aleppo. Él fue uno de los 12 menores de 15 años que fueron atendidos el miércoles. Según los médicos, es una imagen para nada extraña, en uno de los hospitales de la ciudad controlada por los rebeldes.
Pero algunas imágenes tocan algún nervio, incluso en un público anestesiado contra el desastre. La imagen de Omran es una de ellas. Una fotografía y un video de Omran viajaron velozmente por los medios, a los minutos de ser posteados por un testigo y un fotógrafo. Involuntariamente, Omran -como Alan Kurdi, el niño sirio que murió ahogado en septiembre del año pasado y cuyo cuerpo fue encontrado en una playa turca- está llamando la atención sobre los miles de niños que mueren o son heridos durante la guerra que ya lleva cinco años; y sobre la falta de voluntad o incapacidad de los poderes mundiales para parar con la carnicería. Quizás fue su corte de pelo, o su remera arrugada con Catdog, el personaje de Nickelodeon, o sus movimientos confusos en el video. O la pregunta instantánea: ¿habrán sobrevivido o no sus padres?
El jueves, la imagen de Omran fue trasmitida y publicada alrededor del mundo. Los sirios compartían memes de su fotografía, tanto para clamar ayuda como para burlarse por lo inútil de esa suplica. Uno de los memes mostraba a Omran en la silla en la que se encontraba sentado, junto a una mesa, como representando a su país en el mundo. Otro representó al niño como una acusación silenciosa entre los presidentes Barack Obama y Vladimir Putin.
Usar una imagen fuerte como emblema de la desesperación no es nuevo; imágenes de niños muertos o heridos en Siria son compartidas diariamente en los medios, muchas de ellas indescriptiblemente más horrorosas. Pedazos de cuerpos de niños sacados de los escombros son fotografiados con cierta regularidad en esta guerra de ataques indiscriminados, que provienen sobre todo de ataques aéreos y bombardeos del gobierno, pero también de morteros rebeldes.
Pero mientras que la mente se rehusa a mirar demasiado tiempo esas fotos, y muchos medios las evitan por ser demasiado espantosas, puede ser el aspecto relativamente familiar de la angustia de Omran lo que permite que un público más amplio se relacione con ellas.
En el caso de Alan -el niñito sirio que apareció en la playa el año pasado después de que su familia tratara de llegar a Europa en un barco de contrabando-, el pequeño murió, pero su cuerpo estaba intacto. La imagen lo mostraba acostado en la arena, como si durmiera, vestido pulcramente, mostrando un claro amor paterno en su cuidado.
Omran, mientras es sacado del edificio dañado en medio de la oscuridad podría ser cualquier niño. El mira alrededor confundido, su bracito regordete abraza con confianza la espalda de su rescatista, antes de ser ubicado en una silla en el fondo de una ambulancia.
Se sienta con la mirada totalmente perdida, al parecer demasiado aturdido para llorar. Luego se pone la mano en la frente ensangrentada, se ve la palma con sorpresa, y trata de limpiarse la sangre con la silla. Luego mira a su alrededor, como si tratara de entender dónde está.
La foto y el video de Omran fueron distribuidos por Aleppo Media Center, un antiguo grupo de activistas y de periodistas cuidadanos antigobierno, que documentan el conflicto. También fueron compartidos por médicos del hospital donde trataron al niño, que es apoyado por La Sociedad Medica Sirio Americana.
Mohammad al-Ahmad, un enfermero de radiología, estaba en la sala de emergencia cuando llegó Omran, lleno de moretones y cortes en su cuerpo. “El niño estaba traumatizado”, recordó al Ahmad. “No hablaba cuando llegó. Unos minutos después empezó a llorar del dolor”. El enfermero le limpió su cara y le vendó su cabeza, como muestran las imágenes compartidas por el staff del hospital. Los médicos dijeron que no encontraron signos aparentes de daño cerebral.
En medio del caos, los trabajadores del hospital, que se comunican a través de mensajes online, no pudieron decir inmediatamente qué parientes del niño seguían vivos o si se encontraban con él.
Esto no es inusual, explicaron los médicos, en una ciudad donde algunos niños muertos o heridos no pueden ser identificados porque son traídos solos. Los bombardeos provocan tantos pacientes al mismo tiempo que los médicos los tienen que tratar en el piso. Además, los hospitales y sus trabajadores han sido un blanco sistemático durante la guerra.
Más tarde, los médicos dijeron que pudieron verificar que los padres de Omran sobrevivieron, aunque su casa fue destruida. Parientes del niño prefirieron no hablar, por temor a las represalias del gobierno. Los médicos explicaron que la familia puede tener parientes que vivan en territorio controlado por el ejército.
Mahmoud Raslam, que tomó algunos de los videos y fotos de Omran indicó en una entrevista que el niño vivía con su madre, padre y tres hermanos, y que todos resultaron heridos.
Casos como los de Omran están a la vista todos los días en el lado este de Aleppo, dijeron varios médicos, que agregaron que el niño tuvo suerte de llegar a un hospital que todavía esté abierto. Al-Ahmad, el enfermero, dijo que otros tres chicos fueron hospitalizados con Omran, junto a un joven de 22 años, que había quedado atrapado bajo los escombros por ocho horas. Otras tres personas murieron por el ataque. “Pero Omran se llevó toda la atención”.
El jueves a la mañana, periodistas de todo el mundo preguntaban por más información sobre Omran y su familia. Pero los doctores seguían adelante: tenían en sus manos más afluencia de heridos, tras un bombardeo por la mañana: un niño está acostado en el piso, le faltan sus piernas; una mujer vestida de negro pone su mano en la boca, angustiada.
Otro niño está acostado en una camilla, bañado de sangre, mientras un médico se ocupa de él. Unos minutos después llegó un mensaje de texto. El niño había muerto. Su nombre era Ibrahim Hadiri, y había una nueva foto de su cara, con los ojos cerrados. Posiblemente no se vuelva viral.







