LA DEFINICIÓN. “El significado de un cuento debe estar corporizado en la historia, debe hacerse concreto en ella”, decía O’Connor en sus conferencias.

Por Pablo Nardi
Pese a su enfermedad, la escritora norteamericana solía dar conferencias sobre literatura en distintas universidades. En una de ellas, “El arte del cuento”, expone: “El significado de un cuento debe estar corporizado en la historia, debe hacerse concreto en ella”. Además, asegura que el escritor no debe decir sino mostrar.
Lo que nunca dijo, y probablemente tampoco creía, es que ese significado puede ser exactamente lo contrario a lo que el autor quiere mostrar y aun así ser formidable. El caso de ella es un buen ejemplo: se escribió hasta el hartazgo que el catolicismo ferviente que profesaba O’Connor tiene un rol crucial en su obra, sin embargo varios de sus mejores cuentos operan contra la religión. En El escalofrío interminable, Asbury es un joven pueblerino, criado en una familia muy religiosa, que se muda a la gran urbe para estudiar en la universidad. Entra en contacto con libros e ideas, y en cierto modo se convierte en un intelectual frustrado que quiere escribir una obra maestra y no puede. Acaba por darse cuenta de que, a pesar de que está seguro de haber abandonado la religión, nunca podrá escapar de la estructura mental que le inculcaron en su niñez. ¿Alguien se imagina que una historia en la que un joven se da cuenta de que la obsesión religiosa de su madre le arruinó la vida fue escrita por una católica ferviente? En La buena gente del campo, el esquema es similar: O’Connor quiere mostrarnos a una protagonista atea y terca, pero termina por mostrar que esa personalidad es producto de la crianza en el seno de una familia contradictoria y religiosa hasta la obsesión.
Esto no perjudica la obra de O’Connor, sino más bien al contrario. Las intenciones del autor en un buen texto son, apenas, uno de los tantos significados que se le pueden encontrar. En la misma conferencia, O’Connor dice: “Un cuento es bueno cuando se puede seguir viendo más y más cosas en él, y cuando, pese a todo, sigue escapándose de uno”. Incluso de su propio autor, le faltó decir.
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