La otra cara del blanqueo

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05 Junio 2016
MIGUEL ÁNGEL ROUCO / AGENCIA DYN

BUENOS AIRES.- La urgencia con la cual el gobierno envió al Congreso Nacional el proyecto de ley de blanqueo y pago a jubilados, denota la asfixia de las cuentas del Tesoro y la urgente necesidad de hacerse de fondos.

Las necesidades financieras de este año representan una erogación de 36.000 millones de dólares que el gobierno deberá colectar en el mercado doméstico.

Con el monumental pago a los holdouts y la emisión de deuda correspondiente, la Casa Rosada agotó todas las posibilidades de acceder al financiamiento externo, al menos hasta 2017. La situación se ha complicado en el último mes con la pérdida de unos 4.000 millones de dólares de las reservas, a pesar del esfuerzo del BCRA, por cuidar las divisas.

Tal es la avidez de fondos que el Tesoro le colocó una letra por 400 millones de dólares al BCRA, para pagar el aumento del costo de la membresía de la Argentina en el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El blanqueo es la contracara de esta situación asfixiante que refleja la falta de ajuste fiscal.

El gobierno aspira a recaudar con el blanqueo, los fondos que demoran en llegar a estas playas por la desconfianza de los inversores.

Con un agravante. Todas las medidas que tomó el gobierno, hasta ahora, implican una expansión del gasto público o una reducción de los ingresos fiscales, lo cual despierta más dudas entre los analistas y economistas privados respecto de la proyección del déficit fiscal.

Mientras tanto, la hipótesis de inflación del 25% anual, elaborada por el ministro Alfonso Prat-Gay ha quedado totalmente superada. Ahora, las proyecciones más optimistas se sientan sobre el umbral de los 35 puntos de inflación. Y aquí hay un punto de inflexión porque esta pronóstico “moderado” del alza de precios, supera a la tasa de interés de referencia, lo cual cambia la tendencia y la vuelca al terreno negativo. Una razón más que suficiente para volcar los excedentes monetarios a la compra de divisas.

Esta semana se discutió en muchos escritorios porteños el llamado al blanqueo. Uno de los analistas consultados por esta agencia apuntó que “no hay razones objetivas para que la gente traiga su dinero del exterior por más que a fin de año comiencen a regir mayores controles en todo el mundo”.

No es que la administración Macri despierte temores, la pregunta que se hacen muchos que pasaría en 2019, ante un cambio de gobierno.

“No hay incentivos porque ni siquiera dejando el dinero en el país a través de la compra de bonos o acciones u otro tipo de inversión, el dinero está seguro”, explicó un experto tributarista.

Un eventual apetito inversor se tiene que reflejar en el precio de las acciones y la paridad de los títulos públicos. Sin embargo, el precio de los activos no muestra signos de estar sometidos a una presión de demanda.

“Nadie va a hundir capital en un país que tiene una de las presiones fiscales más altas del mundo, un déficit fiscal monstruoso, en un marco de inseguridad jurídica donde el gobierno se maneja con leyes de emergencia que vulneran las garantías constitucionales y un poder judicial fuertemente sospechado de corrupción”, expresó un importante abogado de los principales estudios de la city porteña.

El blanqueo, como medida aislada, no soluciona los problemas ni tampoco es la panacea de la Argentina. Las experiencias anteriores debieran servir como llamado de atención. En cambio, el blanqueo sumado a una reforma tributaria y un plan de ajuste fiscal, pueden cambiar el rumbo económico del país.

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