Ante el aumento de los servicios esenciales, las familias deben administrarse como pequeñas empresas

Jessica Lucas, economista de la firma Cibsa.

28 Marzo 2016

Jessica Lucas - Economista de la firma Cibsa

El tema más recurrente en la economía doméstica de los últimos meses es el impacto de los incrementos de los servicios públicos, cuya prestación es inevitable. Por ello, en la economía de una familia, es imperiosa la necesidad de reconstruir un presupuesto en función de las prioridades.

En períodos donde hay que ajustar los recursos, la manera de ordenarlos es priorizar. Esto significa ubicar en un ranking de gastos. De esta manera, quedarán determinados los bienes y servicios de primera necesidad, cuyo consumo no se puede evitar, y aquellos de menor impacto en las necesidades básicas.

Un hogar debe administrarse como una empresa. Todos sabemos que en cualquier evaluación de proyectos, al iniciar el análisis para saber si emprendemos un negocio, los costos fijos son clave para determinar la viabilidad.

Así como los especialistas se concentran en una combinación de rentabilidad máxima, con los mínimos costos, así debemos tomar los gastos de una casa, donde la decisión de asumir los costos sea desde un enfoque de eficacia y eficiencia.

Es claro que en la Argentina, la decisión de mantener tarifas ficticias provocó un comportamiento irresponsable con los recursos energéticos y naturales. Esta postura no es algo frecuente en los países desarrollados, en donde son sumamente valorados.

Pagar servicios subsidiados fue satisfactorio, pero todos sabíamos que no era realista el valor abonado por las prestaciones. Lo racional es que la decisión de asignarle el valor real es un hecho y sólo podemos cambiar la manera de reaccionar ante esta situación.

Considerando que es inevitable el uso de los servicios básicos, debemos ajustar aquellos no esenciales y los gastos relacionados con la calidad de vida. Todos sabemos que reducir gastos no es agradable, pero es imperioso.

Ante esta situación, la estrategia es asumir que estos costos fijos deben usarse con mesura, ya que lo normal es que sean servicios costosos.

Por ello, la reacción de las familias debe apuntar a involucrar a todos los integrantes en metas de ahorro y en el uso racional. Comprometernos entre todos, permite compartir la carga y concretar los planes trazados.

Un proyecto de buena administración no pasa sólo por afrontar los costos fijos. También pasa por formar buenas personas que puedan salir adelante en épocas de escasez o de fluctuaciones de la economía. Afrontar los gastos de los servicios debe convertirse en un compromiso mensual, independientemente de la frecuencia de facturación de la empresa prestadora.

Los consejos básicos de ahorro de energía son muy válidos, pero otra opción razonable es separar por día el gasto estimado mensual. Es decir, ahorrar diariamente en moneda nacional, lo que debería abonarse en concepto del servicio erogado. Esto permitirá conformar un fondo para los servicios públicos, que no será un desembolso inmediato y prioritario, sino que será el resultado de ahorrar día a día, los fondos para cancelarlos.

La analogía entre una familia y una empresa se plantea como una situación de subsistencia. No podemos renunciar, pero si progresar con comportamientos que a largo plazo, conduzcan a la auto sustentabilidad. Empresas, familias e instituciones sanas, conforman un contexto favorable para el desarrollo.

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