Alberto Bravo - DPA
Mente brillante, jugador único y entrenador revolucionario, Johan Cruyff fue un ícono que transformó el fútbol gracias a una vida dedicada a la pelota, concebida como un instrumento al servicio de la estética.
El cáncer acabó con la vida del “Flaco”, un hombre que nunca dejó indiferente a nadie por su talento y su espíritu libre. A los 68 años se fue una leyenda mucho más grande que la de un simple deportista que consagró su vida al fútbol y a su parte más artística e innovadora. La influencia del holandés en el deporte más popular del mundo sigue vigente con Barcelona, cuyo estilo de juego es el fruto de las bases que sentó el holandés en la década de los ‘90.
Con sólo 10 años entró en el club holandés Ajax y con 17 debutó en un partido oficial. A partir de ahí su ascenso a la elite fue imparable durante los 10 años que estuvo en Ajax. Él fue el abanderado de la llamada “Escuela holandesa”, encargada de revolucionar el fútbol contemporáneo con su dinamismo, su despliegue físico, su capacidad para generar sorpresas en el enemigo y su preciosista calidad técnica. Y también ejerció un incuestionable liderazgo por su extraordinario carácter. En 1974, participó en el Mundial de Alemania: la única Copa del mundo en la que se recuerda más al equipo que perdió la final que al campeón, Alemania. Aquel fue el torneo de la llamada “Naranja Mecánica”, un equipo de enorme belleza y sensación de modernidad.
En 1979 inició el tramo final de su carrera que terminó en 1984. Lo que nadie pensaba es que un año después comenzaría una carrera como entrenador a la altura de la desarrollada como futbolista. Comenzó en el Ajax y en 1988 firmó como técnico del Barcelona. Allí inició una auténtica revolución.
“Si nosotros tenemos la pelota, ellos no pueden marcar”, fue su filosofía. El holandés llevaría a Barcelona hacia la conquista de su primera Copa de Europa, en 1992. “Salid y disfrutad”, fue nlo que le dijo a sus jugadores antes de vencer a Sampdoria. Cuatro años después saldría del club tras un amargo enfrentamiento con el presidente, un adiós indeseado. Atrás dejaba una vida llena de nervio y adicción al tabaco, un nocivo vicio que propició la aparición de un tumor en los pulmones que se llevó su vida. Falleció un revolucionario que sentó las bases de lo que hoy es el fútbol.








