14 Febrero 2016
Por Ezequiel Mario Martínez - Para LA GACETA - BUENOS AIRES

¿Qué significa ser religioso? Esta es la pregunta que funciona como eje ordenador de este estimulante libro del filósofo estadounidense Ronald Dworkin, uno de los teóricos del derecho más importante del siglo XX. “La religión, diremos, no implica necesariamente la creencia en Dios; por lo tanto, suponiendo que alguien pudiera ser religioso sin creer en un dios, ¿Cuál es la diferencia entre una actitud religiosa frente al mundo y una que no lo es?”. Dworkin explora esta idea en este breve ensayo filosófico sobre la experiencia y el sentido de la religiosidad; la religión, afirma, es un concepto “interpretativo”. A partir de las conferencias que Dworkin brindó en la Universidad de Berna en 2011, el autor abre una categoría conceptual en donde sostiene que individuos que no creen en Dios (poniendo a Albert Einstein como ejemplo principal), pueden tener una actitud religiosa frente a un mundo que resulta inabarcable, profundamente conmovedor y lleno de sentido; el esplendor y la belleza intrínseca de la naturaleza como dimensiones fundantesde un “ateísmo religioso”: es decir, paradigmas de una actitud religiosa frente a la vida que no es patrimonio exclusivo de las religiones. Esta actitud religiosa, sostiene Dworkin, también descansa sobre la fe. Es más, la ciencia y las matemáticas también son, en igual medida, cuestiones de fe. Dice Dworkin: “la física, por ejemplo, aún no revela un Universo cuya belleza realmente podamos comprender. Por lo tanto, la convicción religiosa supera a la ciencia que supone. De esta manera las dos ramas de la religión -la teísta y la atea- suelen converger; ambas dependen de la fe, aunque de maneras distintas”. Lo que une a teístas y ateos es que ambos experimentan lo sublime y doloroso, tienen fe en la verdad y defienden el valor de sus convicciones, porque, afirma Dworkin, la religión es más profunda que la misma idea de dios. 

© LA GACETA

Ezequiel Mario Martínez - Periodista

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