
Ensayo
LAS NEURONAS DE DIOS
DIEGO GOLOMBEK
(Siglo XXI - Buenos Aires)
Desde la primera hasta la última página se revela inequívoco que Diego Golombek (doctor en Biología, profesor en la Universidad Nacional de Quilmes, investigador principal del Conicet) descree de que seamos gobernados por la existencia de fuerzas extrañas, invisibles, sagradas, celestiales, sigan firmas. Pero en lo que no descree es en el descomunal valor simbólico que atañe a Dios como regulador, intercesor, iluminador, del devenir humano, desde hace siglos y hasta quién sabe cuándo.
De momento parece impensable que los hombres (todos y todas) podamos, o queramos poder distanciarnos de la vigorosa idea de que no sólo somos hijos del destino sino que además ese destino depende de la mirada, del arbitrio y de los designios de un ser superior.
Y es hacia allí donde Golombek desplaza los rigores de su lupa científica: ¿cuáles son las condiciones que hacen posible que Dios habite nuestros cerebros tal si fuera tan esencial como el cerebro mismo? ¿Cuáles son las autopistas neuronales por donde las creencias religiosas circulan más a gusto y cuáles son las que repelen esas creencias o directamente las ignoran?
© LA GACETA

Walter Vargas
FRAGMENTO DE LAS NEURONAS DE DIOS*
POR DIEGO GOLOMBEK
Hay quienes dicen desde hace rato que Dios, o las religiones, han muerto y que la ciencia y la tecnología se ocupan de echarles encima los últimos puñados de tierra. Sin embargo, la realidad dista mucho de confirmar esta profecía (que, más allá de Nietzsche, fue tapa de la revista Time en la década del cincuenta). Así, una pregunta interesante es por qué la religión y las creencias se resisten a desaparecer en pleno siglo XXI, un siglo dominado por la tecnología de celulares que hablan solos y aspiradoras inteligentes. ¿No es esa una pregunta fascinante?

¿Por qué no referirse entonces a una ciencia de la religión en lugar del consabido “versus”? Esto tampoco es nuevo: particularmente la antropología se ha preguntado desde sus inicios sobre el origen cultural de las religiones; sin embargo, esta no fue una pregunta propia de las ciencias naturales sino hasta hace muy poco tiempo. De eso trata este libro: de una ciencia “de” la religión, que relega el “contra” a otras guerras.
En realidad, para ser más específicos, hablamos de una neurociencia de la religión, bajo la premisa de que Dios tiene mucho que ver con el funcionamiento de nuestro cerebro. La pregunta entonces se transforma en por qué nosotros -nuestros cerebros- no podemos librarnos de las nociones de religión y de Dios.
Podríamos adelantar dos hipótesis posibles:
1. Porque Dios está en todos lados y así lo quiso;
2. Porque hay algo del cableado de nuestros cerebros que mantiene la idea de religión firme junto al pueblo. Además de estas dos ideas contrapuestas, también podríamos pensar que tantos millones de personas no pueden estar equivocadas, y que alguna ventaja deben tener la religión y la fe, en términos evolutivos, para ser un carácter seleccionado positivamente.
En definitiva, si no se comprenden las bases del empecinamiento de esas creencias por quedarse cómodamente instaladas en casa, cualquier cruzada planificada para erradicar a la religión y sus circunstancias de nuestro planeta está destinada a fracasar (como suele ocurrir con las cruzadas).
* Siglo XXI.







