El show que se frustró en El Cadillal

El show que se frustró en El Cadillal

El público fue a ver acción, pero se decidió que esa zona sería de enlace.

SE QUEDARON CON LAS GANAS. El público que acampó desde el lunes a la noche esperando al Dakar se fue sin poder observar a los vehículos acelerando. El cambio de planes fastidió a muchos fanáticos. FOTOS DE ANA DANERI SE QUEDARON CON LAS GANAS. El público que acampó desde el lunes a la noche esperando al Dakar se fue sin poder observar a los vehículos acelerando. El cambio de planes fastidió a muchos fanáticos. FOTOS DE ANA DANERI
06 Enero 2016
La mañana comenzó diferente en El Cadillal. Desde el amanecer el paisaje era totalmente distinto al de cualquier día. La multitud esperaba ansiosa el rugir de los motores del Dakar. Quería acción, velocidad, vértigo, adrenalina. Pero se quedó con las ganas.

Cuando las expectativas son grandes la desazón es aún mayor. Por eso, pasadas las 9, la alegría se transformó en tristeza.

Con el paso de las primeras motos, la ilusión de ver a los “gigantes” en acción se diluyó como arena entre los dedos. La velocidad no era la acostumbrada para tramos donde cada segundo vale oro. Y la gente comenzó a preguntarse qué pasaba. Luego de unos minutos, la mala noticia se escuchó de boca de uno de los policías encargados de la seguridad en la zona: “anoche se determinó que esta zona iba a ser de enlace y no de carrera como estaba previsto”. Las palabras del uniformado fueron una daga al corazón para los fanáticos, que hasta habían armado un campamento en la zona.

Javier Díaz, de Los Nogales, puede dar cuenta de ello. “Soy amante de los ‘fierros’ y convencí a mis amigos de que teníamos que venir. Hicimos dos viajes para traer todo, armamos carpas y estuvimos desde la medianoche esperando”, contó el joven, que tras enterarse de los cambios determinados por la organización de la carrera debió modificar sus planes iniciales. “Es un bajón que haya pasado esto. Más teniendo en cuenta que teníamos al alcance de nuestras manos a la competencia. Ahora vamos a seguir viaje hasta el siguiente tramo de carrera. Espero que podamos llegar para ver lo que buscamos”, explicó.



Uno a uno, los que habían llegado en busca de acción comenzaron la triste vuelta a casa. A la mayoría poco le importaba ver pasar a los competidores o tener una foto en primera plana de alguna moto, auto o camión. “Sin velocidad, no hay Dakar”, coincidió un grupo de amigos que estaba por prender el fuego para el asado, pero decidieron dejarlo para otra ocasión.

Pero claro, si bien el lugar quedó casi desértico, hubo a quienes no les importó el cambio de planes que había molestado a la mayoría. Carlos y su pequeño hijo Gerónimo, fanas de la competencia, no se hicieron mala sangre. “Vamos siempre a todas partes siguiendo el Dakar y, si bien buscamos zonas de competencia, en este caso no queda otra que disfrutar. Es cierto que no hay nada como ver estos ‘bichos’ en velocidad, pero también es lindo admirarlos mientras pasan más despacio”, remató Carlos.

No fue el día soñado en El Cadillal. La velocidad faltó a cita y con el lento andar de los vehículos se esfumaron los sueños de muchos.

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