FUEGO Y VIOLENCIA. Manifestantes iraníes incendiaron parte de la embajada de Arabia Saudí en Teherán tras la ejecución del clérigo chiita. reuters
04 Enero 2016 Seguir en 
TEHERÁN / EL CAIRO.- Las tensiones siguen en aumento entre Irán y Arabia Saudita tras la ejecución que ordenaron las autoridades saudíes el sábado de un popular clérigo chiita. Esto desató protestas, algunas violentas, en varios lugares del mundo.
El líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, advirtió ayer a los líderes saudíes que sufrirán una venganza divina por ejecutar al clérigo chiita Nimr al Nimr, quien murió junto a otras 46 personas.
“Sin duda este derramamiento de sangre injusto de ese mártir tendrá consecuencias y los líderes saudíes sentirán la venganza divina”, dijo Jamenei. “Al Nimr nunca llamó a un levantamiento armado, solamente cumplió con sus obligaciones religiosas”, afirmó el ayatolá.
La ejecución desencadenó protestas de musulmanes chiitas en varios países vecinos. En Teherán, la embajada saudí fue atacada y parcialmente incendiada en la noche del sábado. Por esta razón, Arabia Saudita rompió relaciones con Irán.
El presidente iraní, Hassan Rohani, condenó lo ocurrido en la delegación diplomática. “El ataque de extremistas contra la embajada saudí en Teherán es injustificable y tuvo consecuencias negativas para la imagen de Irán”, dijo Rohani en un comunicado. “Este tipo de actos tienen que terminar de una vez por todas”, pidió el mandatario.
Acusaciones
Las autoridades saudíes, por su parte, les restaron importancia a las protestas iraníes y las acusaron de apoyar el terrorismo. “Al defender los actos terroristas, el régimen iraní es considerado un socio de sus crímenes”, dijo el Ministerio de Exteriores saudí en un comunicado. El texto acusa también a Irán de seguir un “sectarismo ciego”.
Las autoridades saudíes, además, se negaron a entregar el cuerpo de los ejecutados, entre ellos el de Al Nimr, a sus familiares, dijo su hermano Mohammed al Nimr.
“Llamada de las autoridades diciéndonos que los cadáveres de los mártires serán enterrados en cementerios musulmanes lejos de sus familiares”, escribió.
También la máxima autoridad chiita en Irak, el clérigo Ali al Sistani, denunció la ejecución como “injusta” y describió al clérigo como un “mártir”.
“Hemos recibido con tristeza y dolor extremos la noticia del martirio de nuestros hermanos de fe, incluyendo la última del jeque Nimr al Nimr”, dijo en un comunicado.
En la provincia de Wasit, en el centro de Irak, cientos de chiitas tomaron ayer las calles pidiendo al gobierno iraquí el cierre de la embajada saudí, reabierta el mes pasado tras 25 años.
En la parte india de Cachemira, miles de chiitas se manifestaron contra la ejecución, blandiendo carteles con la imagen del clérigo o llevando banderas negras. “Con el asesinato del ayatolá Al Nimr se han cometido graves errores y cosecharán lo que han sembrado”, dijo el jeque Hussain Lufti, uno de los líderes de la protesta. Según testigos, algunos manifestantes resultaron heridos cuando la Policía les intentó frenar utilizando bastones.
Las ejecuciones desataron una ola de condena internacional pero también preocupación por la escalda de las tensiones. (Reuters-Télam
El líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, advirtió ayer a los líderes saudíes que sufrirán una venganza divina por ejecutar al clérigo chiita Nimr al Nimr, quien murió junto a otras 46 personas.
“Sin duda este derramamiento de sangre injusto de ese mártir tendrá consecuencias y los líderes saudíes sentirán la venganza divina”, dijo Jamenei. “Al Nimr nunca llamó a un levantamiento armado, solamente cumplió con sus obligaciones religiosas”, afirmó el ayatolá.
La ejecución desencadenó protestas de musulmanes chiitas en varios países vecinos. En Teherán, la embajada saudí fue atacada y parcialmente incendiada en la noche del sábado. Por esta razón, Arabia Saudita rompió relaciones con Irán.
El presidente iraní, Hassan Rohani, condenó lo ocurrido en la delegación diplomática. “El ataque de extremistas contra la embajada saudí en Teherán es injustificable y tuvo consecuencias negativas para la imagen de Irán”, dijo Rohani en un comunicado. “Este tipo de actos tienen que terminar de una vez por todas”, pidió el mandatario.
Acusaciones
Las autoridades saudíes, por su parte, les restaron importancia a las protestas iraníes y las acusaron de apoyar el terrorismo. “Al defender los actos terroristas, el régimen iraní es considerado un socio de sus crímenes”, dijo el Ministerio de Exteriores saudí en un comunicado. El texto acusa también a Irán de seguir un “sectarismo ciego”.
Las autoridades saudíes, además, se negaron a entregar el cuerpo de los ejecutados, entre ellos el de Al Nimr, a sus familiares, dijo su hermano Mohammed al Nimr.
“Llamada de las autoridades diciéndonos que los cadáveres de los mártires serán enterrados en cementerios musulmanes lejos de sus familiares”, escribió.
También la máxima autoridad chiita en Irak, el clérigo Ali al Sistani, denunció la ejecución como “injusta” y describió al clérigo como un “mártir”.
“Hemos recibido con tristeza y dolor extremos la noticia del martirio de nuestros hermanos de fe, incluyendo la última del jeque Nimr al Nimr”, dijo en un comunicado.
En la provincia de Wasit, en el centro de Irak, cientos de chiitas tomaron ayer las calles pidiendo al gobierno iraquí el cierre de la embajada saudí, reabierta el mes pasado tras 25 años.
En la parte india de Cachemira, miles de chiitas se manifestaron contra la ejecución, blandiendo carteles con la imagen del clérigo o llevando banderas negras. “Con el asesinato del ayatolá Al Nimr se han cometido graves errores y cosecharán lo que han sembrado”, dijo el jeque Hussain Lufti, uno de los líderes de la protesta. Según testigos, algunos manifestantes resultaron heridos cuando la Policía les intentó frenar utilizando bastones.
Las ejecuciones desataron una ola de condena internacional pero también preocupación por la escalda de las tensiones. (Reuters-Télam







