Hooligans con billeteras llenas

Por Ezequiel Fernández Moores 27 Diciembre 2015
La Premier League, el único campeonato que sigue en estos días de fiesta, cierra 2015 avisándonos que, si ese es el modelo, será mejor que el fútbol pueda ir buscando algún otro camino. Porque la tele de cable siguió trasmitiéndonos partidos vibrantes en estadios perfectos. Estadios ya sin hooligans, claro. La Premier League los cambió por magnates asiáticos, estadounidenses, rusos o de dónde fuere. Son hooligans con billeteras.

Allí está Manchester City y el anuncio de su oferta récord de 25 millones de euros anuales a Pep Guardiola, para ver si el DT catalán arriba en junio por el chileno Manuel Pellegrini. Su misión será convertir en un equipo a esa multinacional cuyo objetivo central se sigue llamando Leo Messi. “La plata está, todo depende de Leo”. Lo afirmó Willy Caballero. El argentino arquero suplente de City avisa que su club no tiene exactamente problemas de dinero para fichar a Messi. Barcelona le paga a Leo como nadie, es cierto. Pero, igualmente, sigue siendo algo increíble que, mientras todos cambian, Messi desecha los contratos en blanco que le llegan desde Inglaterra y elige seguir su vínculo con Barcelona.

Es una decisión de vida y también deportiva, está claro, que va más allá del dinero, algo acaso difícil de comprender para un fútbol acostumbrado a comprarlo todo. Los clubes ingleses están disfrutando del contrato de TV más rico en la historia del fútbol mundial (6.900 millones de euros por tres años) y pagan a sus jugadores como nadie (2.400 millones de euros por año). Son clubes que, sin embargo, siguen resistiéndose a pagar el salario mínimo de 9,2 euros la hora a los acomodadores de sus estadios que limpian asientos que cuestan 67 euros promedio por partido. Un fútbol, lo definió dos meses atrás el sociólogo David Goldblatt, que es un reflejo casi perfecto de la “opulencia privada y la miseria pública”.

Otro ejemplo más paradójico lo ofrece el otro club grande de Manchester, los “Diablos Rojos” de Manchester United, que una temporada atrás gastaron una millonada en Angel Di María y Radamel Falcao para cederlos a la temporada siguiente como si nada. El pobre Louis Van Gaal, a quien casi toda la prensa inglesa había dado el miércoles oficialmente despedido, ofreció ese día una de las conferencias más grotescas que se recuerden. “¿Nadie en esta sala me va a pedir perdón?”, preguntó de entrada a los periodistas. Recordó que cuatro semanas atrás su equipo lideraba el torneo, deseó buen vino, feliz Navidad y se fue de la sala. Al día siguiente, el Sun, el diario acusado años atrás de grabar de modo clandestino conversaciones privadas de gente famosa, pidió disculpas a Van Gaal, pero para burlarse otra vez de él. “Perdón por no haber ganado en seis partidos, por no haber ganado a ningún rival entre el primero y el quinto, por dejar al equipo fuera de la Champions, por aburrir a los fans hasta las lágrimas y por dejarte 250 millones de libras”. Y añadió: “Nuestras más sinceras disculpas a los seguidores de Manchester United. Él sigue siendo el entrenador”.

Van Gaal, derrotado ayer 2-0 ante Stoke City, sufrió su cuarta derrota seguida en siete partidos sin triunfos. Su salida parece un hecho. Y su eventual sucesor, José Mourinho, lleva algunos días pavimentando el camino.

Rechazado

Dos años atrás, Manchester United había rechazado el fichaje de uno de los personajes más emblemáticos de la Premier League, tanto que fue allí donde se hizo llamar “The Special One”. Mourinho, de él hablamos, era tan “especial” que United lo rechazó pese a su enorme currículum. No le gustaba la arrogancia del DT portugués. Se iba Alex Ferguson, el técnico que había permanecido 28 años en el club y que lo había cubierto de títulos. Mourinho creía que había llegado su hora. No tuvo suerte.

“Ha llorado, ha llorado”. Así comienza “Prepárense para perder”, el libro maldito de Mourinho que el periodista Diego Torres escribió cuando el portugués dirigía a Real Madrid. Mou, cuenta Torres, lloraba porque acababa de enterarse que Manchester United no lo había elegido a él para la sucesión de Ferguson, sino al casi ignoto David Moyes. Jorge Mendes, agente de Mourinho, había hecho numerosos negocios con Ferguson, vendiéndole al club que él dirigía jugadores tan caros como mediocres. Negocios a los que se había prestado también el club, especialmente desde el arribo del magnate estadounidense Malcolm Glazer, nuevo dueño. Por eso, el 8 de mayo de 2013 allí estaba Mou, llorando porque Mendes le había hecho creer que él era el elegido. Fueron inútiles sus dos Champions, sus siete Ligas en cuatro países distintos y su reloj De la Cour de 20.000 euros, modelo “Mourinho City Ego”.

Al DT más arrogante del gran escenario del fútbol lo echó dos semanas atrás otro magnate, ruso en este caso, Roman Abramovich. Mourinho fue campeón la temporada pasada, pero Chelsea perdió fecha tras fecha y Abramovich se cansó de él. Contrató al holandés Guus Hiddink, pero, según cuentan, a modo temporario, porque, descartado Guardiola (que irá a Manchester City), su verdadero objetivo es Jorge Sampaoli, el argentino campeón de la Copa América con la selección de Chile.

El ego de Mourinho sigue igual o peor que hace dos años, cuando Manchester United quedó espantado especialmente por los cruces del portugués con Guardiola en los clásicos Barcelona-Real Madrid. Lo peor fue la tarde en la que le metió el dedo en el ojo a Tito Vilanoba, el asistente de Guardiola que falleció un año después. Cuentan en Inglaterra que Manchester United ya abandonó esos pruritos. Que ahora, cansado de Van Gaal, sí contrataría a Mourinho, al “Special One”.

Un escollo inesperado

Hay un pero. Y el pero puede resultar aún más paradójico. Lo ofrece Real Madrid, un club que ya contrató a Mou y que lo tuvo tres años de pura tensión y escasos títulos (tres, poco para su currículum). El mismo club que reencontró alivio y también recuperó corona europea sólo una vez que el portugués se fue y que, ahora, aunque acaso cueste creerlo, igualmente quiere contratarlo otra vez. “Me cuesta entenderlo”. Lo aseguró Jorge Valdano, una de las tantas víctimas de Mou.

Valdano era director deportivo de Real Madrid hasta que Mourinho se lo sacó de encima. El portugués no quería que nadie interfiriera en su poder. Y cuando Mourinho se fue, el que se quedó con todo el poder fue el presidente de Real Madrid, Florentino Pérez. No es árabe ni ruso, sino español. Y es otra chequera poderosa del fútbol mundial. Una encuesta supuestamente ordenada por Real Madrid en las últimas horas recogió un rechazo inevitable y lógico de los aficionados en contra de Rafa Benítez, DT actual, caído en desgracia desde el 0-4 de Barcelona en el Bernabéu.

Una radio muy cercana al presidente Pérez se encargó de difundir los resultados lapidarios de la encuesta y, casi al mismo tiempo, un cronista de esa misma radio lanzó el rumor acaso a modo de globo de ensayo: “vuelve Mourinho”.

Fuentes que conocen bien a Mourinho cuentan que es más que probable que los rumores acerca de su fichaje eventual en Manchester United por Van Gaal o su posible vuelta al Real Madrid por Rafa Benítez hayan partido de Mendes, el representante del DT portugués.

Mendes es el agente más poderoso del fútbol mundial. Los millones que paga la Premier League por trasferencias muchas veces escandalosas lo enriquecieron. Y el agente reparte alegrías a sus amigos periodistas, que luego devuelven favores. Así es el mundo de negocios que la tele no nos puede contar. Porque ella también es socia del espectáculo.

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