13 Diciembre 2015 Seguir en 
MIGUEL ANGEL ROUCO
AGENCIA DYN
BUENOS AIRES.- Alfonso Prat-Gay, flamante ministro de Hacienda y Finanzas intentó llevar tranquilidad a la población y poner paños fríos a una situación que, lejos de ser catastrófica como 2001, no deja de ser gravosa y con cuestiones por resolver urgentes y necesarias.
El ministro descartó un feriado bancario y cambiario y dijo que habrá medidas sólo cuando estén bien estudiadas. De esta manera, el funcionario dejó en claro que lejos de las promesas de campaña, la realidad imprime un ritmo menos frenético y más pausado, a la hora de tomar decisiones. Sin embargo, esto no debe llevar a las nuevas autoridades a creer que las mieles de las urnas generen un letargo tal que agoten la paciencia de los inversores y de los agentes económicos. El nuevo gobierno encuentra al país en situación de default técnico, sin reservas y sin acceso al crédito en condiciones razonables. El gasto público representa el 42% del PBI y si se suman, las erogaciones provinciales y municipales orilla la mitad del PBI. La presión impositiva alcanza al 34% del PBI y se encuentra en sus máximos históricos.
El desequilibrio fiscal, se financió con emisión monetaria y con retraso cambiario, lo que obligó a liquidar reservas y los ahorros del sistema previsional.
La suba de precios se desbordó, se proyecta a 30% para todo 2015 y de no ser por un efecto combinado entre el congelamiento tarifario, la recesión y el atraso del tipo de cambio, Mauricio Macri hubiera encontrado hoy un infierno hiper-inflacionario. Aquí está el capítulo urgente de la agenda y sobre la cual, Prat-Gay y el resto de los ministros del área económica deberán desplegar sus mayores habilidades.
La actualización tarifaria se haría en partes, comenzando con los sectores del alto y medio poder económico que tienen consumos subsidiados, para evitar profundizar la recesión.
La liberación del cepo cambiario también se haría en tramos y en la medida que lleguen dólares. Aquí juega un fenómeno de plazos sobre el cual, la necesidad de liberar el cepo es más rápida que la llegada de fondos frescos que respalden las reservas. Pero el interrogante que se plantea es si el tipo de cambio encontrará un punto de equilibrio antes de la llegada de capitales. Este es mayor riesgo que corre la flamante administración Macri. Si el mercado lee que el gobierno no consigue los dólares suficientes para atender la demanda de divisas, la apetencia de los ahorristas e inversores por los pocos dólares que hay en la plaza se puede transformar en voracidad. De allí que a pesar de la cautela que muestra Prat Gay, la procesión va por dentro y los temores van en aumento.
Todas las decisiones que tomó el kirchnerismo generaron un efecto devastador sobre la economía. Al control del comercio exterior le siguió una liquidación de stock. Al congelamiento de tarifas, sobrevino una contracción de las inversiones. El cepo cambiario no impidió la sangría de reservas y puso un freno a nuevas inversiones.
El resultado fue de una catástrofe total del modelo y una salida de capitales de varios miles de millones de dólares. Pero, el nuevo gobierno deberá contar rápidamente con estadísticas confiables para determinar el real estado de la economía, ya que de ellas dependen el cálculo del PIB, el déficit comercial, la presión fiscal, y el peso de la deuda. Se estima que una vez alcanzado un sinceramiento estadístico, el estado de situación económica mostrará números más gravosos y aumentará la profundidad de la crisis.
El flamante gobierno enfrenta una situación muy vulnerable y un reloj que marcha en contra de sus prioridades. Pero más allá de sus urgencias, la administración Macri deberá convencer a la gente de la necesidad de llevar adelante un ajuste fiscal, precisamente a una sociedad que se acostumbró a vivir muy por encima de sus posibilidades y que no parece dispuesta a otorgar mayores plazos.
AGENCIA DYN
BUENOS AIRES.- Alfonso Prat-Gay, flamante ministro de Hacienda y Finanzas intentó llevar tranquilidad a la población y poner paños fríos a una situación que, lejos de ser catastrófica como 2001, no deja de ser gravosa y con cuestiones por resolver urgentes y necesarias.
El ministro descartó un feriado bancario y cambiario y dijo que habrá medidas sólo cuando estén bien estudiadas. De esta manera, el funcionario dejó en claro que lejos de las promesas de campaña, la realidad imprime un ritmo menos frenético y más pausado, a la hora de tomar decisiones. Sin embargo, esto no debe llevar a las nuevas autoridades a creer que las mieles de las urnas generen un letargo tal que agoten la paciencia de los inversores y de los agentes económicos. El nuevo gobierno encuentra al país en situación de default técnico, sin reservas y sin acceso al crédito en condiciones razonables. El gasto público representa el 42% del PBI y si se suman, las erogaciones provinciales y municipales orilla la mitad del PBI. La presión impositiva alcanza al 34% del PBI y se encuentra en sus máximos históricos.
El desequilibrio fiscal, se financió con emisión monetaria y con retraso cambiario, lo que obligó a liquidar reservas y los ahorros del sistema previsional.
La suba de precios se desbordó, se proyecta a 30% para todo 2015 y de no ser por un efecto combinado entre el congelamiento tarifario, la recesión y el atraso del tipo de cambio, Mauricio Macri hubiera encontrado hoy un infierno hiper-inflacionario. Aquí está el capítulo urgente de la agenda y sobre la cual, Prat-Gay y el resto de los ministros del área económica deberán desplegar sus mayores habilidades.
La actualización tarifaria se haría en partes, comenzando con los sectores del alto y medio poder económico que tienen consumos subsidiados, para evitar profundizar la recesión.
La liberación del cepo cambiario también se haría en tramos y en la medida que lleguen dólares. Aquí juega un fenómeno de plazos sobre el cual, la necesidad de liberar el cepo es más rápida que la llegada de fondos frescos que respalden las reservas. Pero el interrogante que se plantea es si el tipo de cambio encontrará un punto de equilibrio antes de la llegada de capitales. Este es mayor riesgo que corre la flamante administración Macri. Si el mercado lee que el gobierno no consigue los dólares suficientes para atender la demanda de divisas, la apetencia de los ahorristas e inversores por los pocos dólares que hay en la plaza se puede transformar en voracidad. De allí que a pesar de la cautela que muestra Prat Gay, la procesión va por dentro y los temores van en aumento.
Todas las decisiones que tomó el kirchnerismo generaron un efecto devastador sobre la economía. Al control del comercio exterior le siguió una liquidación de stock. Al congelamiento de tarifas, sobrevino una contracción de las inversiones. El cepo cambiario no impidió la sangría de reservas y puso un freno a nuevas inversiones.
El resultado fue de una catástrofe total del modelo y una salida de capitales de varios miles de millones de dólares. Pero, el nuevo gobierno deberá contar rápidamente con estadísticas confiables para determinar el real estado de la economía, ya que de ellas dependen el cálculo del PIB, el déficit comercial, la presión fiscal, y el peso de la deuda. Se estima que una vez alcanzado un sinceramiento estadístico, el estado de situación económica mostrará números más gravosos y aumentará la profundidad de la crisis.
El flamante gobierno enfrenta una situación muy vulnerable y un reloj que marcha en contra de sus prioridades. Pero más allá de sus urgencias, la administración Macri deberá convencer a la gente de la necesidad de llevar adelante un ajuste fiscal, precisamente a una sociedad que se acostumbró a vivir muy por encima de sus posibilidades y que no parece dispuesta a otorgar mayores plazos.







