08 Febrero 2004 Seguir en 
Por: Teresa Checa de Brahim
Psicóloga - Consultora en Recursos Humanos
Las reglas del mercado laboral están cambiando. Ahora se conceptúa a las personas de acuerdo con nuevos parámetros. Además de los conocimientos académicos y de la experiencia, que son muy importantes, hoy se hace mucho hincapié en las denominadas competencias blandas, por ejemplo la social. La competencia social es la aptitud del individuo para trabajar en equipo y no querer imponer sus opiniones sin escuchar activamente y aceptar las ideas y necesidades del otro. Ello requiere ponerse en lugar del otro o tener empatía.
Se considera que la brillantez intelectual y la experiencia son competencias técnicas importantes y necesarias pero no suficientes. De acuerdo con estas nuevas normas es importante, además, el modo como nos manejamos con nosotros mismos y con los demás. Estas competencias referidas a las conductas no son capacidades que se aprenden en la universidad, pero sí es posible desarrollarlas de motu propio. Son criterios de evaluación que se aplican cada vez más cuando se quiere decidir quién será contratado, a quién se retendrá en la empresa, a quién se lo ascenderá, a quién se lo tendrá en cuenta para una promoción, y a quien se lo dejará ir. Igualmente, la persona que busca un empleo debe saber que quien lo examina puede hacerlo bajo esta óptica o perspectiva. No se trata de una moda pasajera, sino que es el resultado de una precisa investigación que demuestra que esas son las cualidades que conducen a las personas a la excelencia laboral y, muy especialmente, al liderazgo.
Herramienta imprescindible
Las competencias relacionadas con la conducta son aquellas cualidades que contribuyen a que una persona tenga mayores posibilidades de ser empleada. Se trata de aquellas capacidades y habilidades que un sujeto debe analizar y desarrollar por sí mismo para ser valorado en el nuevo mundo laboral. En definitiva, se trata de otra manera de ser inteligente. En otros tiempos se suponía que disponer de un alto coeficiente intelectual era signo de genialidad y, por ende, aseguraba el éxito profesional. Esto se vino abajo cuando el científico Daniel Goleman, luego de precisas investigaciones al respecto, concluyó que, pese a que en las escuelas y en la universidad aún se pone mucho énfasis en el coeficiente intelectual, este tiene poco peso por sí solo a la hora de dar frutos. Esto es posible comprobarlo a diario cuando no se comprende por qué un alumno sobresaliente no logra el éxito que obtiene otro de mediano promedio. En otras palabras, la experiencia y la formación se convierten en una variable necesaria pero no suficiente.
Los ejecutivos que fracasan son rígidos o les falta capacidad para adaptarse a los cambios. Además, son esquematizados o estructurados para trabajar, además de poco tolerantes. Establecen malas relaciones con los demás. Carecen de autodominio, de autocrítica y de confianza en ellos. En el trato con los demás carecen de tacto para presentar críticas; son exigentes. No saben escuchar, carecen de capacidad de negociación y no se preocupan por desarrollar ni apoyar a sus colaboradores. Su brillantez técnica o capacidad se ve opacada por el mal manejo con los demás.
Por el contrario, la inteligencia emocional se caracteriza por: A) Autodominio. Esto implica manejar efectivamente las emociones y los sentimientos perjudiciales o improductivos.B) Innovación y adaptabilidad para estar abierto a los cambios y ser flexible a ideas y enfoques novedosos.
C) Iniciativa y optimismo. Hay que ser persistentes para aprovechar las oportunidades y sobreponerse a los contratiempos.
D) Espíritu de cooperación para trabajar en pos de objetivos compartidos.
E) Capacidad de liderazgo para guiar, mediante el ejemplo, a otros.
F) Conocerse. Hay que tener una idea realista de las propias habilidades y limitaciones. Conviene valorarse en la medida justa.
G) Empatía. Urge percibir lo que sienten los demás para cultivar la afinidad con una amplia diversidad de personas.
H) Habilidad social para poder manejar bien las emociones en una relación e interpretar objetivamente las situaciones.
Psicóloga - Consultora en Recursos Humanos
Las reglas del mercado laboral están cambiando. Ahora se conceptúa a las personas de acuerdo con nuevos parámetros. Además de los conocimientos académicos y de la experiencia, que son muy importantes, hoy se hace mucho hincapié en las denominadas competencias blandas, por ejemplo la social. La competencia social es la aptitud del individuo para trabajar en equipo y no querer imponer sus opiniones sin escuchar activamente y aceptar las ideas y necesidades del otro. Ello requiere ponerse en lugar del otro o tener empatía.
Se considera que la brillantez intelectual y la experiencia son competencias técnicas importantes y necesarias pero no suficientes. De acuerdo con estas nuevas normas es importante, además, el modo como nos manejamos con nosotros mismos y con los demás. Estas competencias referidas a las conductas no son capacidades que se aprenden en la universidad, pero sí es posible desarrollarlas de motu propio. Son criterios de evaluación que se aplican cada vez más cuando se quiere decidir quién será contratado, a quién se retendrá en la empresa, a quién se lo ascenderá, a quién se lo tendrá en cuenta para una promoción, y a quien se lo dejará ir. Igualmente, la persona que busca un empleo debe saber que quien lo examina puede hacerlo bajo esta óptica o perspectiva. No se trata de una moda pasajera, sino que es el resultado de una precisa investigación que demuestra que esas son las cualidades que conducen a las personas a la excelencia laboral y, muy especialmente, al liderazgo.
Herramienta imprescindible
Las competencias relacionadas con la conducta son aquellas cualidades que contribuyen a que una persona tenga mayores posibilidades de ser empleada. Se trata de aquellas capacidades y habilidades que un sujeto debe analizar y desarrollar por sí mismo para ser valorado en el nuevo mundo laboral. En definitiva, se trata de otra manera de ser inteligente. En otros tiempos se suponía que disponer de un alto coeficiente intelectual era signo de genialidad y, por ende, aseguraba el éxito profesional. Esto se vino abajo cuando el científico Daniel Goleman, luego de precisas investigaciones al respecto, concluyó que, pese a que en las escuelas y en la universidad aún se pone mucho énfasis en el coeficiente intelectual, este tiene poco peso por sí solo a la hora de dar frutos. Esto es posible comprobarlo a diario cuando no se comprende por qué un alumno sobresaliente no logra el éxito que obtiene otro de mediano promedio. En otras palabras, la experiencia y la formación se convierten en una variable necesaria pero no suficiente.
Los ejecutivos que fracasan son rígidos o les falta capacidad para adaptarse a los cambios. Además, son esquematizados o estructurados para trabajar, además de poco tolerantes. Establecen malas relaciones con los demás. Carecen de autodominio, de autocrítica y de confianza en ellos. En el trato con los demás carecen de tacto para presentar críticas; son exigentes. No saben escuchar, carecen de capacidad de negociación y no se preocupan por desarrollar ni apoyar a sus colaboradores. Su brillantez técnica o capacidad se ve opacada por el mal manejo con los demás.
Por el contrario, la inteligencia emocional se caracteriza por: A) Autodominio. Esto implica manejar efectivamente las emociones y los sentimientos perjudiciales o improductivos.B) Innovación y adaptabilidad para estar abierto a los cambios y ser flexible a ideas y enfoques novedosos.
C) Iniciativa y optimismo. Hay que ser persistentes para aprovechar las oportunidades y sobreponerse a los contratiempos.
D) Espíritu de cooperación para trabajar en pos de objetivos compartidos.
E) Capacidad de liderazgo para guiar, mediante el ejemplo, a otros.
F) Conocerse. Hay que tener una idea realista de las propias habilidades y limitaciones. Conviene valorarse en la medida justa.
G) Empatía. Urge percibir lo que sienten los demás para cultivar la afinidad con una amplia diversidad de personas.
H) Habilidad social para poder manejar bien las emociones en una relación e interpretar objetivamente las situaciones.







