05 Febrero 2004 Seguir en 
Washington.- Como broche de oro a su esfuerzo por estrechar las relaciones bilaterales con Washington, al que dedicó los ocho años de su gestión, el jefe del gobierno español, José María Aznar, recibió en Estados Unidos un reconocimiento reservado a pocos extranjeros: fue recibido por el Capitolio en pleno. Su discurso ante el Congreso fue una apropiada despedida de Aznar de La Moncloa. Aznar asumió el 5 de mayo de 1996 y, tras su reelección en marzo de 2000, gobernó un segundo período que culminará en abril próximo."Una de mis grandes satisfacciones personales y políticas de estos años ha sido la relación que he podido establecer y desarrollar con dos grandes presidentes", dijo, en referencia a Bill Clinton y a George W. Bush.
Ignorando las encuestas que señalan que la amplia mayoría del pueblo español está en contra de la guerra contra Irak (algunas indican una oposición de hasta 90%), Aznar defendió la legitimidad y la necesidad de esa guerra, y aseguró que España cumplirá con el compromiso asumido en la reconstrucción institucional y material de Irak.
Asientos vacíos
También defendió la validez de prevenir la proliferación de armas de destrucción masiva, aunque esta vez no hizo referencia a las nunca encontradas armas de exterminio masivo de Irak. A diferencia de Londres y de Washington, Aznar no ordenará ninguna investigación interna sobre el tema. Su canciller, Ana Palacio, dijo que Irak tenía armas de destrucción masiva y que ella no necesita probarlo. Desde el palco, Palacio sonrió durante todo el discurso de su jefe, y se unió efusivamente a los aplausos de legisladores y otros funcionarios presentes, como los secretarios de Estado, Colin Powell, y de Seguridad Interior, Tom Ridge. También estaba el vicepresidente, Dick Cheney, en su función de presidente del Senado, pero había asientos vacíos y las filas de atrás fueron llenadas con asistentes de los legisladores.
El último extranjero en dirigirse al Congreso estadounidense había sido el primer ministro británico, Tony Blair, en julio pasado. Blair recibió la medalla de oro del Congreso, que es la máxima distinción civil de Estados Unidos, por su apoyo a la guerra contra Irak. (DPA)
Ignorando las encuestas que señalan que la amplia mayoría del pueblo español está en contra de la guerra contra Irak (algunas indican una oposición de hasta 90%), Aznar defendió la legitimidad y la necesidad de esa guerra, y aseguró que España cumplirá con el compromiso asumido en la reconstrucción institucional y material de Irak.
Asientos vacíos
También defendió la validez de prevenir la proliferación de armas de destrucción masiva, aunque esta vez no hizo referencia a las nunca encontradas armas de exterminio masivo de Irak. A diferencia de Londres y de Washington, Aznar no ordenará ninguna investigación interna sobre el tema. Su canciller, Ana Palacio, dijo que Irak tenía armas de destrucción masiva y que ella no necesita probarlo. Desde el palco, Palacio sonrió durante todo el discurso de su jefe, y se unió efusivamente a los aplausos de legisladores y otros funcionarios presentes, como los secretarios de Estado, Colin Powell, y de Seguridad Interior, Tom Ridge. También estaba el vicepresidente, Dick Cheney, en su función de presidente del Senado, pero había asientos vacíos y las filas de atrás fueron llenadas con asistentes de los legisladores.
El último extranjero en dirigirse al Congreso estadounidense había sido el primer ministro británico, Tony Blair, en julio pasado. Blair recibió la medalla de oro del Congreso, que es la máxima distinción civil de Estados Unidos, por su apoyo a la guerra contra Irak. (DPA)







