El bohemio que hizo del dibujo una noticia

ILUSTRACIONES. Sin televisión y con la fotografía como un bien escaso, la pluma del ilustrador fue la compañera inseparable de las crónicas. La tapa del 4 de agosto de 1935, con el canillita y el diario en su mano fue la síntensis elegida por Saravia para aquel aniversario. .
ILUSTRACIONES. Sin televisión y con la fotografía como un bien escaso, la pluma del ilustrador fue la compañera inseparable de las crónicas. La tapa del 4 de agosto de 1935, con el canillita y el diario en su mano fue la síntensis elegida por Saravia para aquel aniversario. .
26 Septiembre 2015

SEBASTIÁN ROSSO / ARCHIVO LA GACETA

El 9 de mayo de 1754 se publicó, en el periódico norteamericano Pennsylvania Gazette, la ilustración de una serpiente cortada en pedazos, con la frase “Juntas o muertas”. Era obra de uno de sus propietarios y redactores, Benjamin Franklin, quien, usando una vieja leyenda, reclamaba la reunión de las colonias americanas como única forma de supervivencia. Considerado el primer mensaje visual publicado en un periódico, sería la referencia más antigua de las exuberantes ilustraciones de los diarios contemporáneos. Nuestro diario, entre ellos, ha alcanzado un gran nivel en sus contenidos visuales y fue reconocido en diversas oportunidades por su alta calidad gráfica. Uno de esos momentos de gracia llegó de la mano de un artista del norte en la cuarta década del siglo pasado.

“Se ha incorporado a las filas periodísticas de LA GACETA, en calidad de dibujante, el artista salteño señor Ricardo Saravia cuyas cualidades relevantes en el arte que cultiva, significan una buena adquisición para nuestro diario”. Era 1934, y su labor en el diario se extendería durante veinte años. En poco tiempo, Saravia iba a organizar un equipo de dibujantes con el que convirtió a LA GACETA en una sorpresa para los ojos.

El diario

LA GACETA ya editaba dibujos desde su primer número, en 1912. Pero el esfuerzo por interpretar con imágenes las noticias y usar las páginas como un espacio de comunicación de “ideas que se pueden ver” se hizo admirable bajo la influencia de Saravia. En la década del 30 nuestro diario publicaba semanalmente el suplemento “La Gaceta Gráfica”. Un despliegue espectacular de imágenes y atractivas tipografías lleno de fotos recortadas y de fotomontajes. Como la mayoría de los dibujantes de su tiempo, sabía también dibujar letras, según el tema que necesitaba ilustrar.

Sus ilustraciones, que se publicaban casi a diario, sirvieron para tratar los temas más dramáticos de su tiempo. Tuvo también el talento de dar forma a los satíricos personajes de las “Cartas a mi Ñaña”, de Miguel Hynes O´Connor, una de las columnas humorísticas más entrañables en la historia del diario.

Era dúctil y variado en sus técnicas. Dominaba la línea clara y el trazo naturalista. Viendo unos originales conservados en el archivo, Ricardo Heredia, actual cabeza de la sección de dibujo del diario, reconoció una de sus técnicas: una especie de esgrafiado que se hacía sobre un cartón negro enyesado, explicaba. LA GACETA contó siempre con excelentes dibujantes y caricaturistas: Aurelio Salas y Juan Lanosa, Andrés Villá y Sirgo son nombres por demás reconocidos para representar a todos. Hoy se ha dividido su cuerpo de producciones visuales en un área de diseño y otra de dibujo. En esta última, tras el legado de Saravia, sobresalen el mismo Heredia, Héctor Palacios y “Russo” Nieto.

El artista

Antes de su llegada a nuestra ciudad, Saravia había trabajado como ilustrador en periódicos de Salta y de Córdoba. En su breve estadía en Buenos Aires había dibujado para la revista de Ramón Columba. Ilustró libros de su comprovinciano Juan Carlos Dávalos. También lo hizo para otros literatos norteños, como Federico Gauffin o Ricardo Chirre Danós. En nuestra ciudad ilustró “Sustancia”, la celebrada revista de cultura del Grupo Septentrion, que dirigía Alfredo Coviello.

Su pericia artística lo llevó, en varias ocasiones, a la creación de murales. En Salta realizó el mural “El Chasqui”, en homenaje a quienes difunden noticias. Fue en las paredes de la agencia de LA GACETA, ubicada en pleno centro de esa ciudad. En Tucumán ejecutó el proyecto de una pintura mural sobre la decapitación de Marco Avellaneda, que nunca se concretó.

Otro terreno donde demostró sus destrezas, fue el diseño de muebles. De su autoría y con un gran trabajo de carpintería, en el estilo neocolonial propio de los 30 y 40, se pueden ver las sillas, mesas y expositores del pequeño museo y las salas que posee LA GACETA en su segundo piso.

El final

Cuando en 2011 buscábamos referentes históricos para celebrar el primer siglo de este diario, nos dimos con la llamativa sorpresa de sus imágenes. En la portada del suplemento tabloide del 4 de agosto de 1935 se publicó un dibujo, a página completa, que representaba a un canillita voceando las noticias. A su lado, un grupo de niños avanzaba con firmeza enarbolando diarios como banderas. Al pie se advertía la firma: Ricardo Saravia. Nos pareció perfecto para la portada del grueso libro conmemorativo del centenario. Nadie se acordaba ya de Saravia.

En una evocación de 1972, firmada por Roberto Díaz, se lee: “Fue un bohemio en el más alto y luminoso sentido. Incansable lector, fue por ello dueño de una vasta cultura que hacía agradable su trato y que traslucía sutilmente en sus trazos artísticos”. En otra, escrita a un mes de su muerte, se dejaba constancia de su talento para poner imágenes a los difíciles momentos que vivió el mundo inmerso en la Segunda Guerra Mundial. Decía que “durante la época que el diario tuvo entre su material informativo, notas sobre aspectos de la política internacional y sobre costumbres o hechos salientes de la vida extranjera, Saravia demostró su poder de captación, su sensibilidad interpretativa, ilustrándolas de manera que cobraban legítima permanencia”.

Había muerto el 6 de setiembre de 1964. Tenía 65 años.

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